Convivencia Vita et Pax en Rwanda

Convivencia Vita et Pax en Rwanda

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad de Vita et Pax.

Las participantes

Las participantes

Del 26 al 31 de diciembre 2014 en el Centro del Espíritu Santo de Mbare, diócesis de Kabgayi (Rwanda), celebramos nuestra segunda convivencia del año. Estábamos 12, casi al completo, sólo faltaron las que se tuvieron que quedar en sus lugares para dar continuidad al trabajo. Hubo de todo un poco: cantos, bailes, veladas, chocolates… buen ambiente y alegría. También trabajamos y mucho.

VIVEN

VIVEN

Mbare

Mbare

Juegos

Juegos

Empezamos haciendo memoria de nuestras convivencias en Rwanda, ya dilatadas en el tiempo, e hicimos presentes a las que nos arrebataron y que ya VIVEN.

Aprovechando el año dedicado a la Vida Consagrada reflexionamos sobre nuestro ser y quehacer. Recibimos como dichas a cada una las palabras del Papa Francisco: “Quería deciros una palabra, y la palabra era alegría. Siempre, donde están los consagrados, siempre hay alegría”. Desde esta alegría profundizamos en cuatro aspectos:

  • Nuestro encuentro con Jesucristo, punto de partida que desencadenó todo. Y el Papa nos hace esta invitación: “Invito a cada cristiano … a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso”.

  • Una vida fraterna más acogedora y cercana. “Una fraternidad sin alegría es una fraternidad que se apaga… Una fraternidad cuyo signo distintivo es una ternura eucarística porque la ternura nos hace bien…” (P. Francisco).

  • Impulsar a la propia Iglesia a un desplazamiento hacia la vida, hacia el mundo.Estáis en el corazón del mundo con el corazón de Dios… Sois como antenas listas para acoger las semillas de novedad suscitadas por el Espíritu Santo y podéis ayudar a la comunidad eclesial a hacer suya esta mirada de bien y encontrar nuevos y valientes caminos para llegar a todos.” (P. Francisco).

  • La VC enviada a los pobres.“Estamos llamados a salir para dirigirnos hacia las periferias geográficas, urbanas y existenciales -las del misterio del pecado, del dolor, de las injusticias, de la miseria-, hacia los lugares escondidos del alma donde la persona experimenta la alegría y el sufrimiento de la vida” (P. Francisco).

Y unimos este último punto con el objetivo de curso que estamos trabajando: Vivir más profundamente la pobreza evangélica, superando los miedos, la tendencia a la instalación y la búsqueda de seguridades, contemplando a Jesús en los empobrecidos.

La pobreza no es un ideal, ni es parte del sueño de Dios que había pensado otro estilo de dignidad y de vida. Muchos seres humanos viven agobiados: qué voy a comer mañana, dónde voy a dormir… por qué es tan grande el sufrimiento… Vivimos en un mundo cada vez más excluyente. Profesar un voto de pobreza nos solidariza con los marginados, nos pone del lado de los que no tienen y nos impulsa al testimonio y al compromiso de construir un mundo y una sociedad a la medida del proyecto de Dios. Vivir pobre significa, reflejar en la propia vida la gratuidad de Dios, a ejemplo de Cristo que, “siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza…” (2 Cor 8,9).

Trabajo por grupos

Trabajo por grupos

La celebración de la Eucaristía, la oración comunitaria, la oración personal, la belleza del lugar… caldeaban e iluminaban la reflexión, por eso, muchos deberes nos llevamos para hacer en casa. Pero también nos llevamos esperanza, energía, deseos de más y mejor, ilusión… por continuar el camino con más coherencia, más desde Dios y desde este pueblo rwandés crucificado.

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