Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

MANIFIESTO del GRUPO “MUJERES Y TEOLOGÍA” de CIUDAD REAL

25 de noviembre de 2013

Cada año, el 25 de noviembre, se celebra el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres. Este día se instituyó en el año 1999 para recordar que el 25 de noviembre de 1960 fueron asesinadas tres hermanas, por encargo del dictador dominicano Leónidas Trujillo.

En este siglo, y en todas las culturas, sigue existiendo violencia contra las mujeres. De esta realidad habla el número de víctimas, que no decrece. Hablan las secuelas en niños y adolescentes que presencian la violencia, que viven en la violencia. Hablan las heridas físicas y psíquicas que persisten en las mujeres víctimas, aunque hayan pasado muchos años. Hablan las cárceles en las que, los también heridos varones agresores, pasan sus días.

La realidad en el Estado Español es que 700 mujeres han muerto por esta causa en la última década. Algunas estadísticas hablan de que 400.000 varones pueden estar maltratando a mujeres actualmente en España y que está aumentando el maltrato entre jóvenes. En este año,se han producido ya 41 víctimas mortales.

En el mundo, recordamos algunos ejemplos: centenares de mujeres son secuestradas, violadas y asesinadas en Ciudad Juárez en México; se cuentan por cientos de miles las mujeres violadas en los conflictos armados (Ruanda, Somalia, Uganda, Liberia, Yugoslavia, Camboya); son 120.000 niñas y mujeres las que han sufrido mutilación genital en el mundo.

En el último informe de la OMS se ha afirmado que la violencia física o sexual es un problema de salud que afecta a más de un tercio de las mujeres del mundo. Los gobiernos tienen que hacer más. La sociedad toda debemos hacer más para evitar esta lacra que nos avergüenza, que provoca tanto sufrimiento, que daña para siempre, que hiere y mata.

Desde este marco, el Grupo de Mujeres y Teología de Ciudad Real, MANIFIESTA:

  • Que la violencia contra las mujeres es una violación de los derechos humanos, y la expresión más terrible de abuso de poder, de manera que mientras siga existiendo no podemos afirmar que hemos hecho progresos hacia la igualdad y el desarrollo.

  • Que la existencia de violencia contra las mujeres es un hecho real que tiene lugar en una sociedad donde el rol históricamente dominante de los varones sigue pasando altas facturas, de la que la violencia es solo la trágica punta del iceberg.

  • Que la violencia contra las mujeres ocurre en todos los rincones del planeta, y a todas las mujeres, pero la pobreza y la falta de educación son factores de riesgo adicionales, siendo las mujeres que las sufren doblemente laceradas.

  • Que aún existe en la sociedad desconfianza hacia las mujeres que hablan de haber sufrido violencia, porque aún hay quien piensa que no es verdad, o que algo habrán hecho para merecérselo.

  • Que algunas mujeres, como mal menor, siguen conviviendo con situaciones de violencia, ya sea física o psíquica, con menosprecios y vejaciones, o dependiendo emocionalmente de sus verdugos, idealizando a sus parejas, sintiendo pena por ellos, y por desgracia, forjando futuras generaciones que aprenden un modelo de relación enferma.

  • Que los agresores, varones en este caso, son también personas que requieren un tratamiento digno. Una persona que utiliza la fuerza física o la violencia verbal, para obtener el control o el dominio, no es un sujeto sano. Y cuando son muchos, esto habla de un mal más profundo nacido de un modelo social y cultural que hay que abordar de manera integral.

Nuestra denuncia se acompaña por tanto de la propuesta de que la reflexión sobre la violencia contra las mujeres no sea solo lamento, ley y odio contra el agresor. Las dos primeras son absolutamente necesarias. La tercera (el odio), provoca aún más dolor, un círculo de violencia infinita que no nos hace mejores personas.

Por otra parte, el modelo de sociedad no está resultando ser el idóneo para eliminar este mal. Hemos de ir más dentro, más a fondo. Es el modelo de persona y de relaciones el que está en juego. Es una sociedad con valores la que hemos de hacer resurgir de las cenizas.

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