Donando corazones – Sta. Lucía la Reforma – Totonicapán

Donando corazones – Sta. Lucía la Reforma – Totonicapán

Por: Maite Menor. Vita et Pax. Guatemala

Donando corazones

Donando corazones

Un año más, los estudiantes de la Universidad Rafael Landívar, han transformado el día 14 de febrero en el día de la solidaridad, recogiendo cuadernos, lápices, reglas y gomas de borrar para ocho escuelitas de Fe y Alegría. Durante una semana estuvieron motivando a toda la Universidad para que colaboraran con su aporte. Se habían propuesto conseguir 800 cuadernos y al final lograron reunir más de 1000. Para ello implicaron a las agrupaciones de estudiantes de diferentes Facultades. Su forma de pedir el aporte solidario ha sido muy lindo: una paleta de chocolate, hecha por ellos mismos, a cambio de un cuaderno y lapicero, con su regla, sacapuntas y goma de borrar. En verdad, se cumplió la consigna: donando corazones. Gracias a este aporte los niños de estas escuelas de Sta. Lucía la Reforma, tendrán este año cuadernos, lápices y gomas de borrar.

Pero la cosa no termina ahí, lo interesante de la experiencia es que 34 de ellos, acompañados por el equipo de la Pastoral Universitaria de la Universidad y por otras personas involucradas con el proyecto educativo de las escuelas de Totonicapán, como Chus Laveda que llegó desde Xela y Manuela Sánchez, nos desplazamos hasta ese lugar para entregarlo y compartir con los niños por unas horas. El día elegido fue el domingo 22 de febrero. Eso significó, madrugar pues salimos a las 5:30 de la madrugada hacia el lugar y llegamos hacia las 14.00, por problemas mecánicos con el Bus que nos transportaba. Por fin llegamos, los niños ya nos estaban esperando y nada más bajar del autobús, se acercaron a saludarnos y darnos la bienvenida. Otro gesto importante: nos acogieron con una hermosa tarjeta donde nos daban su primer saludo. Cada uno aporta lo que tiene, ellos su acogida y su dibujo, nosotros, los materiales. Estamos a la par.

Como era tan tarde y estaban sin desayunar, comenzamos por repartir los alimentos pues habían pasado muchas horas sin tomar nada y sus pequeños estómagos ya cantaban.  Todos querían recibir su ración preparada con cariño por los universitarios y algunos tuvieron la suerte de recibir doble ración…que guardaron delicadamente dentro de sus camisas para compartirla con los hermanitos que se quedaron en casa.

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También se repartió refacción a las mamás. Ellas felices ya que la prioridad eran sus hijas e hijos, pero que les vino superbién dadas las condiciones alimenticias que tienen que sufrir cada día…

Al terminar la degustación, nos brindaron un baile típico: el son.

Bailando el son

Bailando el son

Después llegó el momento lúdico de compartir los estudiantes con los niños, algo que les gusta tanto a unos como a otros. Las piñatas fueron lo más esperado, todos los días no se comen dulces…

Había que ordenarse por edades, los más pequeños, los más grandes y, por supuesto, los adultos.

Se quería conseguir el premio de los dulces y todos al suelo sin ninguna pena.

Además hubo juegos para los más pequeños y futbol con los más grandes. Con la sorpresa de que ganaron los locales, es decir los niños de la escuela, nada menos que 3-1. Felicitaciones a los ganadores.

Concluidos los juegos, se hizo la entrega de los 1000 cuadernos, lápices, reglas y gomas de borrar, además de unos balones de futbol para fomentar y estimular el deporte. No faltaron las palabras de agradecimiento de los coordinadores de la escuela. Al finalizar quisieron compartir con nosotros unas naranjas que los papás y mamás habían traído de sus pequeñas cosechas para que nos las lleváramos. Como el pasaje de la viuda, nos dieron lo que tenían… Fue un momento emocionante y ejemplar para los estudiantes que fueron de la Universidad. Regresaron satisfechos por lo realizado pero conmovidos por la situación en que viven estas familias y estos niños. De vuelta a casa nos trajimos en el corazón sus rostros felices por unas horas, sonrientes con todo lo recibido, pero sin poder desdibujar, a pesar de todo, ese rasgo de tristeza que acompaña su vida diaria, dadas las condiciones en que tienen que vivir, estudiar, empujar la vida.  Esperamos que estas experiencias y otras que podamos propiciar, sirvan para tomar conciencia de la realidad de este país y se involucren en el cambio que Guatemala necesita para que todos y todas, tengan una vida más digna y humana.

Muchos fueron los que trabajaron para hacer posible que estos niños disfrutaran, sonrieran y se olvidaran de la dureza de la vida. Gracias a todos ellos y ellas, a tantos que con su colaboración hicieron posible esta experiencia de donar corazones. Esperemos que no se quede en solo un gesto, sino que ayude a un cambio de vida

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