Ejercicios Espirituales

miércoles, septiembre 5th, 2012

Por: Secretariado Espiritualidad. Vita et Pax.

Del 19 al 26 de octubre, el Instituto Vita et Pax organiza la última tanda de Ejercicios de este año 2012, se inician el día 19, viernes, a la noche y se concluyen el día 26, viernes, en la mañana. Se celebrarán en la casa de Espiritualidad “Marianistas”. Huarte (Navarra) y el Director será Juanjo Martínez Domingo SJ.

La experiencia de Ejercicios pretende renovar nuestra profundidad y estado de alerta para seguir percibiendo la venida de Dios a cada una y a la humanidad. Preparemos, pues, el corazón. Para la Biblia el corazón designa la interioridad humana, su intimidad, su lugar oculto, su profundidad y su libertad. No es sólo la sede de los sentimientos, sino de toda la persona consciente, inteligente y libre: “En el corazón inteligente mora la sabiduría” (Prov 14,33). Existe una relación estrecha entre el corazón y la escucha de la Palabra: “Hijo de hombre”, escucha Ezequiel, “acoge en tu interior y escucha en tu corazón todas las palabras que yo te diga” (Ez 3,10) y Oseas indica el lugar de comunicación preferente de Dios: “Mira, la voy a llevar al desierto y le hablaré al corazón(Os 2,16).

Por eso Salomón pide a Dios: “Concede a tu siervo un corazón que escuche” (1Re 3,9) y los sabios aconsejan: “Hijo mío, por encima de todo, cuida tu corazón porque de él brotan las fuentes de la vida” (Prov 4,23). Para el auténtico israelita la Palabra mora en su interior: “Grabad en vuestro corazón y vuestra alma estas palabras” (Dt 11,18); “la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón para que la cumplas” (Dt 30,14).

Pero esa Palabra no es siempre fácil de comprender y los acontecimientos que vive Israel se presentan con frecuencia envueltos en misterio e incomprensión; de ahí la necesidad de un esfuerzo por penetrar en el contenido de la Palabra para tratar de asimilarla. Daniel confiesa: “Quedé turbado con estos pensamientos y se me cambió el semblante. Pero todo lo guardé en el corazón (Dn 7,28). Y el sabio aconseja: “Hijo mío, no olvides mi enseñanza, guarda mis preceptos en tu corazón (Prov 3,1).

Es en esa tradición donde se inserta María y Lucas la presenta heredando ese estilo de sabiduría al acoger los aspectos oscuros y no inmediatamente comprensibles de su Hijo. María no es sólo su madre, sino su primera y mejor discípula, en estrecha relación con el futuro de Jesús y unida a su destino.

Lucas insiste varias veces en que ella “no comprendió” (2,50), “se quedó desconcertada” (2,48) y, precisamente por eso, su actitud es la de meditar en su corazón el sentido de los acontecimientos (2,51). El evangelista utiliza el participio symballousa que expresa la acción de “reunir lo disperso”. Insinúa una actividad de dentro a fuera y de fuera a dentro, una confrontación entre interioridad y acontecimiento, de tejer juntas la Palabra y la vida.

Por eso María necesitó “guardar y meditar” ese misterio en su corazón, enseñándonos a realizar el mismo trabajo de profundización de la fe y a vivir en alerta permanente como gente “desafiada por la novedad”: lo más probable es que Dios se nos presente de incógnito y nunca sabremos de antemano cómo aparecerá en nuestras vidas. María nos mostró que Dios aparece en lugares, tiempos y personas inesperadas, por eso tenemos que ser mujeres abiertas a la novedad. Ojalá que este tiempo de Ejercicios sea propicio para ello.

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