El mandato de Jesús y la ofrenda de su vida, dos momentos de una misma experiencia

El mandato de Jesús y la ofrenda de su vida, dos momentos de una misma experiencia

Jueves y Viernes Santo

Por: Chus Laveda. Vita et Pax. Guatemala

Los relatos del evangelista Juan, nos llevan a recorrer  la experiencia de los últimos días de Jesús  vividos con sus amigos y amigas.

Son dos tiempos distintos, dos momentos, pero que expresan una misma realidad y forman parte de una misma experiencia de donación y amor de parte de Jesús.

Cuando releemos los textos evangélicos de estos dos días en que se nos invita a repensar y acoger lo que Jesús hizo y las razones por las que dio su vida, nos adentramos en ese misterio de amor que hasta hoy nos es difícil de comprender en toda su magnitud.

 Y necesitamos releerlos a la luz de lo que aconteció más tarde, cuando el Padre Bueno confirma, en la Resurrección de su Hijo Jesús, cada uno de los gestos y palabras que nos regaló a través de su vida entre los que conformamos su pueblo, por fe.

No se puede entender el Paso de Jesús en el encuentro del Cenáculo, cuando celebra la pascua judía con sus discípulos y discípulas, ni su muerte como un malhechor en una cruz, sin la luz y fuerza que nos da el reconocerlo resucitado por su Padre. Después de esta experiencia nueva, al igual que los discípulos y discípulas, comenzamos a entrever y comprender el significado de su vida, su paso entre nosotros y su muerte, donde se nos regala la VIDA.

¿Qué rescatamos de aquella memorable cena pascual? El servicio por amor. Aún sin entender del todo, los amigos de Jesús, ante el gesto que les propone de lavarles los pies, aceptan, porque quieren “tener parte con Él”. Ya han caminado a su lado, ya han podido descubrir el significado del servicio a los demás, lo hay testificado cada vez que Jesús ha sanado, ha abrazado a alguien que vive el dolor, la soledad, el rechazo, cada vez que Jesús dignifica la vida de cada persona excluida o marginada. Y quieren ser parte de ese modo de entender la vida.  Con Jesús, miran de otra manera al ser humano y el sentido de sus vidas cambia. Pero lo comprenden después, cuando lo reconocen vivo, resucitado, repitiendo los mismos gestos que él hacía cuando estaba entre ellos.

No convirtamos el gesto de “lavar los pies” al hermano, a la hermana,

en solo eso, un gesto repetido cada año, que solo emociona, pero no cambia el corazón.

¿Y qué es hoy lavar los pies a la persona que lo necesita?

Hay tantas oportunidades hoy de servicio… Nuestro mundo no mira hacia abajo, hacia las personas más desposeídas, las rechazadas por su ignorancia, las que viven en la soledad, o metidas en el mundo de la violencia, la droga, las víctimas del poder y la corrupción. Hoy repetimos la historia y, maltratamos injustamente a los sencillos y desprotegidos.

Atrevámonos a repetir, también, la historia de la donación, la denuncia de lo injusto y el servicio a quien es maltratado e ignorado. Los niños y niñas, las mujeres, los que viven en la pobreza más severa, y no son  reconocidos por causa de su etnia, sexo, religión.

Así nos lo enseñó Jesús con su vida, su palabra y su acción mientras estuvo entre nosotros.

Y eso es lo que en este nuevo año, como una nueva oportunidad, nos presenta la liturgia del jueves grande, producto del amor incondicional de Jesús a sus amigas y amigos. Y con ese gesto, hizo presente su Buena Noticia de lo que El expresaba como Reinado de Dios.

Aprendamos la lección…

Pero cuando vivimos con coherencia nuestra fe en Jesús y nuestra opción por Él como seguidoras y seguidores suyos, no podemos olvidar que hay que acoger y asumir, como Él, el precio de la cruz. No hay resurrección verdadera, sin muerte ni sufrimiento.

En este viernes, santo, porque a quien hacemos presente es el Santo de Dios, recorremos con Jesús su camino de dolor, humillación, sufrimiento e incomprensión, no solo de su pueblo, sino también de sus amigos. Y contemplamos que lo recorre en silencio, con humildad, sabiendo en su interior que esa sentencia de muerte es fruto de su coherencia de vida. “No me quitan la vida, la doy yo…” puesta su confianza en  Abba, su Padre.

Una nueva propuesta para entender cómo tiene que ser nuestra andadura y adónde nos va a llevar, si nos comprometemos a seguirle con su mismo estilo de vida. 

Una nueva invitación a mantener nuestro compromiso  de bajar a los crucificados de nuestro mundo de hoy, para que puedan gozar de una vida plena y resucitada, como Jesús lo sueña.

Sabemos que si levantamos la voz por los que no tienen voz; si defendemos la vida de los más pobres; si optamos por dignificar la vida de las mujeres y las niñas; si señalamos la violencia y la corrupción de los que sustentan el  poder y solo buscan su propio beneficio… nuestro camino no será un camino de rosas ni de alabanzas. Quien dice la verdad molesta y  acaban por condenarlo. Como a Jesús.

Mandato de servicio. Amor incondicional. Muerte y sufrimiento. Es verdad. Momentos de una misma experiencia. Pero sin perder la perspectiva de que caminamos hacia la Vida plena, resucitadas y resucitados en Jesús, Señor de la Historia. Y esa certeza nos tiene que dar la fuerza y la energía, emanados de la Ruah, su mismo Espíritu, para caminar decidas y decididos hacia la PASCUA de hoy. El Paso del Señor por nuestras vidas.

 

 

 

 

 

Menú
Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies
Translate »