En la fiesta de Pentecostés….¿Dónde está el Espírítu?

En la fiesta de Pentecostés….¿Dónde está el Espírítu?

Pentecostés. Ciclo A

Por: José Luis TerolProfesor de Ciclos Formativos (Intervención Comunitaria) Zaragoza

Cuando las puertas están cerradas y el miedo gobierna nuestras vidas, el Espíritu no tiene cabida y tampoco es posible la Paz.

¡Qué oportuna es la Palabra, cuando en un presente gobernando por gurús y “maestros” del MIEDO, nos interpela y sale a nuestro encuentro!

¿A quienes tenemos hoy miedo y les estamos cerrando las puertas?

 La lista puede ser larga y cada una de nosotras puede añadirle sus “vetos” personales: a los refugiados, a los inmigrantes, a los musulmanes, a los que no piensan como nosotras, a los diferentes….¿A LOS POBRES? (Vease, el  último ensayo de Adela Cortina “Aporofobia. El rechazo del pobre”).

En el Libro de los Hechos se visibiliza la presencia del Espíritu Santo “como un viento fuerte”. ¿Cuáles serían hoy las señales o representaciones del Espíritu?

La Palabra nos aporta algunas claves para el discernimiento.

“Y comenzaron a hablar en otras lenguas”, para ENCONTRARSE, para romper todos los muros, barreras y diferencias que impiden el encuentro. ¿Cómo es posible, invocar el nombre de Jesús, al Espíritu, para separar, para defenderse, para humillar?

“Todos nosotros, judíos y no judíos, esclavos o libres, estamos llamados a formar un solo cuerpo”, porque “Dios da a cada uno para provecho de todos”. La presencia y los dones del Espíritu parecen inseparables de la defensa de la COMUNIDAD y de la DIVERSIDAD. ¿Acaso sólo la comunidad eclesial o la comunidad de Occidente, o más bien, la única comunidad y familia humanas?

“Y todos los hemos oído contar en nuestra lengua las maravillas de Dios”, pero ¿cuáles son hoy, por dónde se otean, las maravillas de Dios en este presente oscurecido por el miedo y la muerte? ¿Dónde están –y afortunadamente abundan en las comunidades cristianas y en la sociedad- esas presencias que hacen posible encontrarse, que defienden la comunidad, la diversidad y la igualdad incondicional de todos y cada uno de los seres humanos?

Personalmente –y no obviando ninguna de mis innumerables contradicciones- atisbo  aroma del Espíritu en la presencia  silenciosa e incondicional de tantos cristianos, ateos y agnósticos, acompañando a los más vulnerables. Y no la atisbo en la “defensa corporativa” de la enseñanza de la religión, protegiendo un estatus y unos privilegios que escandalizan.

También la atisbo, en las Marchas de la Dignidad -¡tan satanizadas por “los medios de la Iglesia”-que el pasado fin de semana reivindicaban en Madrid Pan, Techo y Trabajo para todos. Y no la atisbo en la pelea de tantos obispados por la propiedad privada de unos inmuebles, a través de las polémicas inmatriculaciones que son posibles por la “generosidad” de un Gobierno que protegía a la Iglesia y a la Religión.

También la atisbo en procesos tan humildes y precarios como el del colectivo de Trabajadoras del Hogar y de los Cuidados que vienen organizándose en muchas ciudades para generar un espacio de apoyo y para reivindicar sus derechos ante tantas condiciones cercanas a la esclavitud. Y no la atisbo en la impunidad de algunos obispados protegidos ante la revelación continua de diferentes escándalos de carácter sexual y económico.

Aprovechemos la fiesta de Pentecostés  para cultivar nuestro instinto espiritual y dejarnos seducir por las presencias del Espíritu que abundan en nuestro presente y en nuestras vidas y que nunca se dejan controlar ni manejar por nadie.

 

                                                                             

 

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