Esperando… ¡Con esperanza!

Esperando… ¡Con esperanza!

Domingo 32, T.O. Ciclo A

Por Sagrario Olza. Vita et Pax. Pamplona

“No queremos que ignoréis la suerte de los que ya han muerto. Así no estaréis tristes, como los que no tienen esperanza”. Así habla San Pablo a los fieles de Tesalónica en la segunda Lectura de este Domingo 32.

Nos encontramos al final del Año Litúrgico.  Hace pocos días hemos celebrado la Solemnidad de Todos los Santos y también hemos recordado a todos los difuntos. Parece que estos acontecimientos quieren hacernos conscientes de nuestra condición de peregrinos/as en la vida. Somos un “pedacito” de historia que enlaza con los que nos precedieron y con los que vendrán. Pero ese “pedacito” de historia, ese paso mío por el mundo, está lleno de sentido: tengo una tarea importante que realizar, una misión que cumplir, en mi ser y en mi quehacer. Puedo preguntarme: ¿procuro crecer en humanidad? ¿procuro mejorar, siquiera un poco, la pequeña etapa de la historia que me ha tocado vivir?

Y también me surge otro interrogante: cuando termine mi peregrinación, ¿quésuerte” me espera?  Continúa San Pablo en la misma Lectura: “Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, también a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él”.  San Pablo no quiere que los de Tesalónica vivan tristes, los cristianos tenemos una razón para no vivir así, razón en la que apoyamos nuestra fe y nuestra esperanza: si el Padre-Dios resucitó a Jesús, su Hijo,  igualmente quiere resucitarnos a nosotros, que también somos sus hijos/as.  Hoy, como otras veces, podemos  reafirmar nuestra fe rezando así: “Señor, yo creo, pero aumenta mi fe”.

El Evangelio de San Mateo nos presenta a Jesús hablando a sus discípulos sobre  el Reino de los Cielos; con una Parábola les explica que el Reino se  parece a  “Diez vírgenes que esperan la llegada del esposo” con unas lámparas que se alimentan de aceite. Unas fueron prudentes porque llevaron bastante aceite; otras descuidadas,  porque no fueron previsoras. Las primeras entraron a la fiesta con el esposo, las descuidadas quedaron fuera.  Jesús termina la Parábola diciendo: “Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora”.

El que peregrina sabe que su camino le lleva a una meta, que la peregrinación tendrá un punto final.  El que espera necesita paciencia pero no se duerme, está atento “por si le llaman”.  Nosotros/as “velaremos”, esperando  con esperanza.

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