¡Feliz Navidad! ¡Fraterna, solidaria y subversiva Navidad!

Natividad del Señor. Misa del día. Ciclo A

Por: Auxi  Fernández Fernández. Mujeres y Teología. Ciudad Real

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz!
(Isaías 52,7-10)
“Ahora, Dios nos ha hablado por el Hijo”
(Hebreos 1,1-6)
“La Palabra vino a su casa, y los suyos no la recibieron”
(Juan 1,1-18)

Nuestro Dios se ha expresado, se ha manifestado en una personilla frágil y pequeña. Desde los ojos chispeantes de un Niño, nuestro Dios nos ha hablado, se ha dejado ver, se ha hecho cercano: “Dios-con-nosotros”.  Hasta ahora, nos iba enviando  mensajes por medio de los Profetas. A partir de hoy mismo nos ha hablado directamente. ¡Gozoso e interpelante lenguaje!

Nuestro Dios no se da por vencido, no se cansa, no se rinde, insiste e insiste año tras año aunque venga a su casa y no sea recibido….. Él nos habla con palabras muy claras –fáciles de comprender- y con su propia vida hecha donación gratuita, Buena Noticia. Es la locura de un Dios que decide encarnarse en nuestra debilidad, para señalarnos el único camino que nos puede llevar a la felicidad más plena, esa que no cotiza en la Bolsa, ni se compra por “las navidades” en las grandes superficies comerciales….

Es una felicidad que plenifica, que nos hace rebosar de esperanza, que nos lanza a las periferias, a los nuevos pesebres que este sistema económico que nos envuelve, que con demasiada frecuencia nos aliena y que, según nos ha recordado el Papa Francisco “es injusto en su raíz”, sigue fabricando sin cesar. Y allí, sólo allí, podremos encontrarnos con un Dios-Niño hecho carne en la carne de sus hijas e hijos que Él más quiere.

Una felicidad que nos lleva a convertirnos en personas anunciadoras de VIDA y de PAZ en el corazón de una historia sufriente, en las entrañas de unos rostros rotos, desfigurados. Tal vez nuestros pies no lleguen a ser “hermosos” como cantó Isaías, pero sin duda, son pies que intentan día tras día, sembrar alguna semilla pequeñita de DIGNIDAD. Una semilla que fue implantada en la entrañas de una Mujer cuyo “SÍ” cambió el rumbo de la historia humana.

Nuestro “sí” no alcanzará a ser del todo sin condiciones y sin retrocesos.

Tú bien sabes, Niño-Dios, que nos gusta ver rapidito los frutos de nuestros empeños, porque se nos olvida lo que Tú nos enseñaste “del grano de mostaza”  cuando nos hablabas de tu Reino, pero en ello estamos. ¡Lo lograremos!

Lo vamos a conseguir porque este año, al celebrar por todo lo alto la fiesta de tu Nacimiento, te vamos a abrir de par en par las puertas de nuestra casa, y vas a ser muy bien recibido. Tú seguirás siendo el Dios que nos habita, el que ha tocado lo más profundo de nuestro ser, el que nos ha enamorado; el Niño que nos sigue sonriendo y que, en complicidad con nuestra propia vulnerabilidad, -como vulnerables son unos pañales y un pesebre, como vulnerable es una Mujer sencilla-, se empeña en que hagamos posible eso de que “Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios” 

Todo esto y más, es lo que tiene de subversivo el acontecimiento de Navidad.

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