Grupo Vida y Paz de Ciudad Real

Grupo Vida y Paz de Ciudad Real

El día 18 de Octubre inauguramos el curso el grupo Vida y Paz de Ciudad Real; es nuestro tercer curso y eso nos llena de alegría. No fue una reunión normal, para empezar con energía programamos un retiro, el tema fue: “La profecía de lo cotidiano”.
Iniciamos el retiro con la comida, las anfitrionas de la casa nos hicieron una acogida y una comida excelente. Comer juntas también es un momento de encuentro que aprovechamos para compartir cómo nos había ido el verano. Y al igual que en la vida cotidiana, nos ha pasado de todo: hijas que se independizan, maridos que se jubilan y se necesita reformular la pareja, hijos que se casan, recortes en el mundo laboral, muerte de un familiar querido, vacaciones en familia, algún susto con la salud… nos faltaba tiempo para decir… se nota que es el tercer año y las palabras salen con fluidez y confianza. Hubo algunas compañeras que no pudieron venir pero que se hicieron presente con su recuerdo y mensaje.

                         

Y pasamos a la mesa de la Palabra donde escuchamos la voz de Jesús “Venid a mí todas las que estáis cansadas y yo os aliviaré” (Mt 11,28). Tomamos conciencia de la importancia de parar, de quitarle prisa a las prisas para mirarnos por dentro. No entrar en la cultura de la velocidad. Las prisas se oponen a la ternura que tanto necesitamos. No hay ternura apresurada.

Cuando ya estábamos en sintonía reflexionamos y rezamos sobre dos cosas necesarias e inseparables para la profecía de lo cotidiano: la mística y la profecía. Recuperamos la palabra mística que se ha ido devaluando. La persona mística habita en Dios y experimenta que Dios habita en ella. Mística tiene la misma raíz que misterio. El misterio nos acompaña en la espesura de la realidad. La experiencia mística nace de una intensa intimidad y complicidad con Dios.
Por su parte, el profeta recoge el susurro místico y se hace cantor. Se hace voz de los que no tienen voz. Exige trato con Dios, mirada atenta a la situación doliente de las hermanas y hermanos. Es una persona que le interesan las cosas públicas, las cosas de todos los días. Tiene pasión íntima y profunda por lo cotidiano.
Desde la mística y la profecía la persona se asimila a Dios en el pensar y también en el sentir. Como Dios, se emociona, se apasiona y siente. Desde ahí ofrece alternativas a partir de una percepción de la realidad diferente. Ofrece utopía y esperanza. Nuestro mundo y nuestra Iglesia necesitan personas así: místicas y proféticas. El sufrimiento, la crisis, la pobreza, la marginación… seguirán existiendo pero mientras haya mística y profecía no faltarán seres con pasión y compasión que ayudarán a transformar la tristeza en gozo y la esperanza seguirá animando nuestro caminar.
Terminamos esta parte eligiendo un profeta que nos acompañará durante este curso: Amós, Oseas, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Jonás… también nos comprometimos a leer el libro del profeta elegido y saber más cosas para estimularnos en nuestra propia profecía.

Por último desgranamos algunos pasos para ejercitarnos en esta “profecía de lo cotidiano”:

Paso de la protesta a la propuesta                                                                         
Paso de la exclusión a la inclusión
Paso de la continuidad a la novedad y a la alternativa
Paso del hacer al ser
Paso de la justicia al amor
Paso de la idolatría a la adoración.

Volvimos a tomar conciencia de la necesidad de “crear oasis”, “zonas verdes” como este retiro o los encuentros mensuales, para ampliar la visión, recuperar el horizonte, tomar conciencia de dónde estamos y reafirmar nuestro deseo de ser mujer profetas en lo cotidiano, profetas de Vida y Paz.

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