Jesús nos invita a dar un paso más

Jesús nos invita a dar un paso más

Domingo 18º del T.O. Ciclo B

Por: Dina Martínez. Vita et Pax. Madrid

Hoy, como casi todos los domingos, la primera lectura (Ex 16, 2-4.12-15) y el evangelio (Jn 6, 24-35) tocan el mismo tema, es como si nos asomáramos a diferentes momentos históricos para ver cómo se vive el mismo mensaje.

La lectura del Éxodo nos describe lo que vivieron los israelitas, en el desierto, camino de la tierra prometida. Dios los ha liberado de la esclavitud de Egipto, pero esta liberación pide al pueblo una serie de sacrificios que llegan a pesarle demasiado y se revela contra Moisés y Aarón diciéndoles: ¡Ojala hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! El pueblo de Israel hubiera preferido morir en la esclavitud, a pagar el precio de la libertad. Dios escucha su lamento y les da una respuesta. Sí, Él siempre nos escucha y nos ofrece lo necesario para seguir avanzando hacia la meta que nos propone.

El Evangelio es la continuación de lo que leímos el domingo pasado. Nos narra la reacción de los que se saciaron de comer del fruto de la multiplicación de los panes y los peces. Dios, a través de Jesús, reacciona una vez más ante la necesidad vital de aquellos que lo seguían y que tenían hambre de pan y, con la colaboración de los discípulos, sacia su hambre. Ellos le siguen buscando atraídos por el milagro, pero Jesús los invita a dar un paso más en su búsqueda: Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre Dios.

Nuestro Dios, nos va revelando, a través de la historia, que somos mucho más que un cuerpo material que necesita comer y beber. Jesús, en el diálogo que mantiene con los que le buscan, va despertando en ellos su verdadero deseo. Entonces le dijeron: Señor danos siempre de ese pan y Jesús se les manifiesta como el único que puede colmar su hambre y su sed profunda: Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre y el que cree en no pasará sed.

¿Qué nos dice este mensaje en el hoy de nuestra vida personal, familiar, eclesial, comunitaria…? Cada uno tendremos que hacer nuestra propia lectura, si queremos descubrir lo que el Espíritu nos va pidiendo para dar un paso más en el conocimiento y el seguimiento de Jesús, lo que nos conduce a la plenitud. Yo tengo la impresión de que no hemos avanzado mucho y que, como los israelitas en el desierto, pasamos mucho tiempo lamentándonos por la pérdida de derechos y por defender esa “sociedad del bienestar”, que tanto añoramos y que nos encierra en nuestro egoísmo y nos separa de millones de seres humanos que no llegan a cubrir sus necesidades primarias.

Pablo, en la carta a los efesios (Ef 4, 17. 20-24) nos invita, entre otras cosas, a: no andar en la vaciedad de criterios… y a revestirnos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas. Estos dos consejos de Pablo me parecen muy importantes, para seguir avanzando hacia la meta que nos propone Jesús.

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