“Los Talentos de la Responsabilidad”
Domingo XXXIII TO.
Por: Luis López Hernández. Presbítero. Alicante

“Los Talentos de la Responsabilidad”
Domingo XXXIII TO.
Por: Luis López Hernández. Presbítero. Alicante

 

Textos Litúrgicos:
Prov 31,10-13.19-20.30-31
Sal 127
1Tes 5,1-6
Mt 25,14-30

Jesús, para enseñar el comportamiento de la responsabilidad, les dice esta parábola, que nosotros conocemos como “la parábola de los talentos”.

Un señor, que se iba de viaje, llamó a sus criados y les confió su hacienda. La parábola nos hace pensar en Dios que nos ha dado la vida, y la tierra que habitamos, para que la vivamos produciendo frutos; frutos que humanicen la vida del mundo, que produzcan obras buenas, en favor de todos. Hemos de mejorar lo que hemos recibido.

El amor, y los dones recibidos, hay que trabajarlos, hay que negociarlos, para que den más fruto. Lo que hemos recibido gratis, hay que darlo gratis. Porque el amor, como los dones, se multiplican cuando se dan. Si los retenemos, si los amagamos, se pierden. No se puede tener miedo a los problemas o al fracaso. El que tuvo miedo, y escondió su talento, fracasó en su responsabilidad y se perdió.

Empezamos a descubrir la enseñanza: la vida que no se vive en un “amor compartido”, se corrompe, se queda vacía, en la tumba del silencio y de la soledad. Por eso todo el Evangelio de Jesús contiene un mensaje claro: si nos situamos fuera de la dinámica del amor que se comparte, arruinamos nuestra vida. La dejamos vacía y estéril.

Construir en el amor responsable es como hacerlo usando piedras preciosas: oro y plata. Pero si no construimos en el amor es como si construyéramos con paja, heno o madera. El fuego las puede destruir.

San Pablo nos dirá: “Pues nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo” (1Cor. 3,11). Este fundamento es el que permanece para siempre. La obra de Jesús sobre el Reino de Dios es la que nosotros ahora hemos de edificar, por medio de los frutos de nuestra responsabilidad.

La responsabilidad en el trabajo de la fe, para producir frutos de “buenas obras”, se manifiesta en lo que hacemos para construir el Reino de Dios en la tierra. La práctica de la fe se ha de ver en las obras, en una conducta llena de vida, alimentada por el amor y por el Evangelio, que nutre y alimenta nuestra espiritualidad. Se manifestará en los frutos que humanizan nuestra vida y construyen el Reino de Dios.

Esto es lo que Jesús ha hecho con la Buena Noticia del Evangelio: ponerlo en nuestras manos para que, nuestra fe en Él, y el seguimiento que queremos vivir, de su vida y de sus obras, dé los frutos esperados.

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