“Mama Tunza”

“Mama Tunza”

Publicado en:Boletín Sphera  – nº 14 –  Gobierno de Navarra – Diciembre 2012

Una mujer refugio

En 1997, la keniata Dimina Khasiala, encontró un bebé abandonado en un contenedor de Kibela, uno de los barrios más marginales y míseros de Nairobin (Kenia). Lo llevó a su casa, le atendió y, ante la negativa de la policía de hacerse cargo de él, le acogió como si fuera suyo. A los pocos días, un anciano le entregó otro bebé huérfano y, más tarde, una mujer le dio a su hijo infectado de VIH. Estos tres casos fueron el detonante para que esta mujer, sin estudios ni recursos económicos, decidiera emprender su gran obra: la acogida de niños y niñas desamparados de la capital keniata. Desde entonces, le conocen como“Mama Tunza”, “ama Tunza”, que en suahili significa “La madre que te cuida”, ha sido la ganadora del Premio Internacional ‘Navarra’ a la Solidaridad 2012, que concede Caja Laboral y el Gobierno de Navarra a personas o instituciones que tienen una trayectoria o un papel destacado en cualquier de los ámbitos de la cooperación ternacional al desarrollo y que, en especial, contribuyen al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Dimina Khasiala se subió por primera vez a un avión para recoger en persona el galardón, entregado en un acto celebrado el pasado 10 de diciembre en el Palacio de Navarra. Vino acompañada de Mary Ngugi, trabajadora de la agencia Kobo Safari, una de las entidades que propusieron la candidatura de ‘Mama Tunza’ y que colabora activamente con ella a través de la Fundación Kobo Trust, y contó con la ayuda y el apoyo constante de Mary Katinda, una enfermera keniata que reside en Pamplona desde hace quince años y que realizó la traducción del suahili al castellano en todas las intervenciones de Khasiala.

La presencia de Dimina y su paso por Pamplona no dejó indiferente a ninguna de las personas que tuvieron la suerte de conocerla. Es una mujer sencilla, sonriente y alegre; pero el semblante se le oscurece cuando denuncia que en su país los niños y niñas pasan hambre y viven desamparados. A ratos cohibida ante la expectación que levantaba, enfundada de un colorido traje típico de su tierra, Dimina lo miraba todo ensimismada: los escaparates, los puestos del mercado, los edificios… despertaban su curiosidad. “Está todo terminado de construir—decía en alusión a las viviendas—. En Nairobi, las calles están sin asfaltar, algunas casas medio caídas y no disponemos de agua corriente”.

Precisamente, la dotación económica del Premio, que asciende a 25.000 euros, será invertida en un sistema con el que se eviten tener que comprar barriles de agua potable semanales, como hasta el momento. También quieren terminar de levantar una valla o un muro que rodee el Tunza Children’s Center, el centro donde ‘Mama Tunza’ acoge en este momento a 113 niños y niñas y por el que ya han pasado más de 300 huérfanos. En el barrio de Kibera, la primera ubicación del centro, tuvieron graves problemas de inseguridad, robos… Gracias a donaciones particulares lograron levantar un centro en las colinas del Ngong, un lugar menos mísero y con un ambiente más apropiado para la estancia de los niños y niñas. Pero prima vallar el nuevo espacio. Se intentó en otra ocasión, pero durante la construcción del muro robaron los materiales de la obra y el proyecto se abandonó. Hasta ahora.

En el Tunza Children’s Center, no cuentan con demasiados recursos. Apenas hace un año que disponen de camas para todos los niños y niñas; algunas veces se acaba la comida… Pero cada uno de los menores a los que ‘Mama Tunza’ acoge con amor, recibe educación. Los de Primaria, caminan cinco kilómetros para asistir a la escuela, y, para los más mayores, Dimina Khasiala, con ayuda de turistas, agencias de viaje y otras entidades que a lo largo de estos quince años han conocido su enorme labor, consigue becas para que puedan quedarse internados durante la semana en el colegio y se eviten largas caminatas diarias.

‘Mama Tunza’, que no tuvo la oportunidad de asistir al colegio, que no sabe leer ni escribir, entiende y sabe que la salvación de estos niños y niñas abandonados es la Educación. Por eso apuesta por ella y en sus discursos no deja de repetir lo importante que es estudiar.

Después de hacer realidad el sueño de muchos niños y niñas, ofreciéndoles un hogar y el cariño de una madre, Dimina quiere ahora cumplir otra gran ilusión: ver cómo cuatro de sus ‘hijos adoptivos’— porque ella tiene también tres hijas biológicas a las que cuida— acuden a la Universidad: “Así podrán ser autónomos y libres para hacer lo que ellos decidan en su vida”.

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