Mi historia hasta hoy

Mi historia hasta hoy

Por: Sagrario Olza. Vita et Pax. Pamplona

Soy nacida en Pamplona en 1934. 80 años de historia en este mundo. Pero creo que antes ya me pensó Dios. Y los nueve meses que estuve en el seno de mi madre.  Y antes, el tiempo que me soñaron ella y mi padre.  A todos les agradezco que me trajeran a este mundo. Doy gracias por el Don de la vida.

Soy la mayor de cuatro hermanos. Fui a un colegio de monjas y aprendí lo más básico. Mi padre tenía un pequeño comercio y pronto tuve que ayudar a vender. ¡Me gustó mucho el oficio y sabía hacerlo! El trato con las clientes –casi todas eran mujeres- me ayudó a aprender cosas de la vida. Amplié  mi formación en una Academia de Contabilidad y en un Taller de Costura.

Mi infancia y juventud estuvieron envueltas en un ambiente religioso, propio de aquellos años en Pamplona y, fundamentalmente, en mi familia. Sobre los 18 años conocí la HOAC y a los 20 la JOC. A esa edad comencé a trabajar como asalariada, también como vendedora. Continuaba gustándome mi oficio y valoraba el trabajo pero la JOC me ayudó a ampliar esa valoración y a vivir y proyectar mi fe cristiana en el trabajo de cada día.  Fue una formación muy importante para mi vida y lo he agradecido siempre.

Durante esos años me fui planteando el futuro: ¿Qué quería hacer con mi vida?  Mejor dicho: ¿Qué quería Dios de mí?  Rezaba y pedía orientación, pero sin prisa. A los 24 años concreté mi orientación: consagraría mi vida a Dios para servir a los demás, de manera parecida a como lo que venía haciendo: en el trabajo, en los compromisos sociales, familiares, de amistad… desde la JOC.

Así conocí el Instituto Secular “Vita et Pax in Christo Jesu” y a los 25 años, con mi bagaje de vida y trabajo, en él inicié la formación  para la Secularidad Consagrada y el Carisma propio de “Vita et Pax”: Vivir de la Vida de Jesucristo para ser en el mundo su Vida y su Paz. Casi al mismo tiempo cursé los estudios que me prepararon para ser Trabajadora Social. Mi vida se iba enriqueciendo, mi conocimiento del mundo se hacía más grande y el campo de actuación se me iba ampliando, los límites de mi Pamplona natal se iban abriendo hasta poder sentir y decir: ¡Mi casa es el mundo!  ¡Mi corazón se hacía más grande!

Profesionalmente he trabajado en el mundo de la Empresa, con familias de Discapacitados, con Emigrantes españoles en un país europeo.  Por responsabilidades propias en “Vita et Pax” he  trabajado en y he conocido otros países, otras culturas.  Mi fe cristiana se ha enriquecido al contacto con  otros credos y religiones. Rezo el Padre Nuestro sabiendo y sintiendo que la entera familia humana tiene un solo Padre: el Nuestro, el de TODOS.  Desde ahí sé que esos TODOS somos hermanos y sé que eso comporta una responsabilidad: la solidaridad, más todavía, la FRATERNIDAD.  Intento vivirla aunque también sé que “ando” muy lejos cuando pienso en el 80% de los que no pertenecen al mundo que llamamos desarrollado, el nuestro, el mío.  Claro que hoy, también tenemos tan cerca a los parados, a los que ya no cobran el paro ni otras pensiones, a los niños mal alimentados, etc., etc.

Vivo ahora en un grupo de “Vita et Pax”, con varias compañeras jubiladas. Poco a poco, vamos despidiendo a las que se marchan a la Casa Definitiva, la del Padre. Cuestan estas despedidas pero nos ayudan a preparar la propia. Hay que avivar el fuego de la fe para que se afiancen la esperanza y la confianza. Y es el momento, más que nunca, de echar una mirada hacia atrás y comprobar todo lo recibido. Es momento de ensanchar el corazón para decir, con pleno convencimiento:

¡GRACIAS POR HABER TENIDO LA OPORTUNIDAD DE VIVIR TAN “RICAMENTE”!

¡Y POR CREER Y ESPERAR QUE LLEGARÉ A VIVIR PLENAMENTE!

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