Mi vocación a la Vida

Mi vocación a la Vida

Mi vocación a la Vida

Por: P. Cornelio Urtasun. Fundador Vita et Pax. († 1.999)

Entre los propósitos que hiciera en los inolvidables Ejercicios para el subdiaconado figuró el de leer el Nuevo testamento, primeramente, los evangelios después todo lo demás. En los evangelios tantas veces leídos y comentados yo no hacía más que encontrar perfiles y más perfiles del Señor, a cual más encantadores, en los que jamás había reparado. A los evangelistas los miraba yo como amigos del alma que me hablaban con más cariño de Jesucristo.

Sobre todo, el encuentro con S. Juan, a quien tenía mi miaja de manía porque su evangelio era muy raro, fue algo encantador. De una de aquellas lecturas data mi vocación a la VIDA.

Aquella frase del pan vivo que baja del cielo, del alimento que da la inmortalidad… me sonaban con fuerza y armonía arrebatadoras:

El que come mi carne y bebe mi sangre
ese se mete dentro de Mí y Yo dentro de él.
Pues así como Yo vivo de la vida de mi Padre
-Fuente de vida- que me envió,
de igual manera el que me come
vivirá de mi misma VIDA”

La impresión fue enorme. Yo le como todos los días en mi comunión, esa es la gran verdad. Más claro no lo pudo decir el Señor: el que me come vivirá, ¡VIVIRA DE MI VIDA! No recordaba nunca hablar de vivir la vida de Jesucristo. Sin embargo, ni por un momento vacilé en tirarme de cabeza hacia aquel océano de Vida que acababa de descubrir.

Loco como andaba con todo lo que oliera a Eucaristía me fue sencillísimo encontrar mi petición. La encontré en el Adorote Devote: “DE TE VIVERE”.

Mi enamoramiento con Jesucristo me llevará instintivamente a vivir unido a él. ¿Unido hasta qué punto? Hasta la fusión plena con Él. Hasta llegar los dos a ser una sola y misma cosa, un único Amado, un solo Jesús, viviendo de una misma vida, la de Jesucristo, pensando con un idéntico pensar, queriendo y amando con un mismo sentir

¿Posible? Nos vamos al evangelio de Juan: “El que come la carne de Jesucristo y bebe su sangre permanece, está , se incrusta, en Jesucristo y Jesucristo en él”. ¿Cómo? Viviendo una misma vida, la de Jesucristo.

Como ejemplo de la fusión que entre comulgante y Comulgado, amante y Amado existe, sube nada menos el Señor al seno del Padre, a la fusión que entre Él y su Padre existe. Así como él vive de su Padre y son una misma cosa, porque viven de una misma vida. ¿Qué vida es esa? La VIDA de Jesucristo. Qué unión tan perfecta la que entre el Padre y el Hijo vemos que existe en todo momento. Qué concordia la de su querer, qué identidad la de su pensar.

Qué dicha la del Señor, vivir en el Padre y el Padre en él, verle a él es ver al Padre.

Qué dicha la mía, la vuestra, la de nosotros que comulgamos; vivimos en Él y Él en nosotros; viviremos en Él y Él en nosotros, ver a nosotros, ver a Jesucristo.

Así como los sarmientos viven de la vida de la vid y son una misma y sola cosa porque viven del mismo flujo vital, así nosotros sarmientos, vivimos de la Vid: Jesucristo, y formamos una sola y misma cosa, un único Amado un solo Jesús, pues vivimos de una misma vida, la suya , la del Padre.

El que me come vivirá de mi vida”. ¡Vaya programa! Discurrir con idéntica mentalidad, tener una misma mentalidad! ¡Pensar como Él!¡Querer como Él!

Esa es la gran verdad, le comemos, viviremos de su Vida: se irá grabando en nosotros toda su manera de ser, todas sus ideas, sus afectos, todo. Iremos reaccionando poco a poco a lo Jesucristo.

¡VIVIR DE SU VIDA!

Impregnándome de Él, respirando con su mismo aliento, siendo un mismo pensar, un idéntico sentir, una misma mentalidad, un mismo afán. Que Él fuera apoderándose de mí como la gangrena se va cebando en el cuerpo herido. Que Él, divina semilla, fuera creciendo en la tierra de mi alma hasta apoderarse de ella por completo. Que Él me fuera impregnando nada más que a Él por todos los poros. Que me fuera coloreando de Él, para que se perdiera todo mi “yo”. Que mi vida entera nacida de la Vida, fuera una perenne Epifanía de ella, de su oración, de su sacrificio, de su amor

¿Cómo? POR LA EUCARÍSTIA

Así miro yo al alma que comulga: como una buena cantidad de agua insípida, incolora. Cada mañana va cayendo sobre ella esa gota de Jesucristo que viene en la comunión de su Cuerpo y de su Sangre. Día a día, año tras año, van cayendo sobre mi alma esas gotas de Jesucristo, esas gotas van coloreando a mi alma de Él. ¿Qué pasa? Que mi alma se va impregnando de Jesucristo. Los que se asomen a mi alma ya no le verán más que a Él.

Vivir de la Vida de Jesucristo y vivir zambullidos en Él. ¿Cómo es vivir de Jesucristo y en Jesucristo “in Chisto Jesu”? Caemos en Jesucristo como las gotas de agua caen sobre el vino que cada mañana pongo en el cáliz. Y así como ellas desaparecen y no queda a la vista más que el vino vertido, de igual manera desaparecemos nosotros y no se ve otra cosa que a Jesucristo que vive en nosotros. Nosotros vivimos de El y en El, perdidos, escondidos por completo.

Eso debe de ser zambullirse In Christo. Ahora sí que comprendo bien aquella frase de Pablo: “Revestíos, empapaos de entrañas de misericordia”. Al zambullirnos en ese océano de Vida que es Jesucristo, se comprende que se empapen las entrañas de la misericordia de Aquel que fue todo misericordia. Somos dos que terminamos siendo uno, pues vivimos de una sola Vida, con un solo pensar y un idéntico sentir. La transformación en Jesucristo es lenta, suave, de cada día, de cada año, hasta el final de mis días…

Si quieres ir descubriendo lo que Dios espera de ti, te ofrecemos acompañamiento vocacional a través de nuestro Secretariado de Espiritualidad. Puedes ponerte en contacto con:

M. Carmen Martín Gavillero. Teléfono 678 89 88 38.  

M. Jesús Antón Latorre. Teléfono 660 76 91 28.

Dirección de correo: vidapaz@vitaetpax.org

Menú
Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies
Translate »