Otra vez, llega el Adviento

Otra vez, llega el Adviento

Domingo 1º de Adviento. Ciclo B

Por: Rosa María Belda Moreno. Grupo Mujeres y Teología. Ciudad Real

Otra vez, llega el Adviento. ¿Sabremos acogerlo con novedad? ¿Es un tiempo de espera ilusionante? Ojalá que sí. Ese Dios que es personal y es misterio se abaja hasta ti y hasta mí, se mete en la cocina, en la clase, en la oficina, en la sala del hospital. Ha apostado por el “hacerse de carne”, y se cuela en los entresijos de la historia humana, para abrazarnos con ternura e incondicionalidad, abarcándonos enteros, tal y como somos.

Bajaste y los montes se derritieron con tu presencia(Is 63, 16b-17.19b; 64, 2b-7)

Así dice la lectura de Isaías. Es una preciosa expresión, que casi hace sonreír de gusto. Y sigue: “Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él”. Es para quedarse boquiabierto. Ansiamos a Dios. Y Dios, es “demasiado”. Desbordante de amor por su criatura, se vuelve a nosotros desmedidamente. Un Dios así, ¿quién puede siquiera imaginarlo? Es la clave de nuestra fe. Creer en un Dios que es persona, que se hace uno de tantos, que sufre y padece como el ser humano.  Tal vez, lo más particular de nuestro creer sea este Misterio de la Encarnación que se anuncia al empezar el Adviento.

Al ejemplo de nuestro Dios, derrochador de misericordia, ¿seremos nosotros capaces de bajar a aquellos lugares en los que habita la más profunda debilidad, de agacharnos para llevar allí la bondad y la paz?

Tal vez eso quiere decir Pablo cuando en la segunda lectura (1 Corintios 1, 3-9) nos invita a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo. No fue una vida fácil. Y ya que lo tenemos todo, y todo lo hemos recibido, llega el momento de darlo todo, sin mesura, sin límites.

“Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento” (Mc 13, 33-37)

La iniciativa de Dios es lo primero. Él nos convoca porque nos amó primero. Ahora, nosotros respondemos, allá donde estemos, haciendo verdad la fe en el Evangelio. En ese darnos sin límites podemos caer en algunas trampas. Jesús dice a sus discípulos: “Estad atentos”. También nos lo dice a nosotros hoy. Cuidado con que andemos despistados en la vorágine, perdidos en la actividad, enredados en todos los afanes de la vida, en dar las respuestas a todo, en llegar a todo y llegar bien. Cuidado que podemos perdernos lo más importante. Solo una vez en la vida pasamos por este momento, y a veces no lo preside el amor sino el éxito, el prestigio, u otros valores ambigüos. Estad atentos, podría decir hoy Jesús, que con forma de bien, el mal tiene muchas trampas.

Este Adviento es una buena oportunidad para detenerse en cada rincón de nuestra vida, en cada persona que pasa a nuestro lado, y dedicarle toda la atención, al modo del Dios desbordante y encarnado, que se abaja hasta cada ser. ¿Son así de profundos nuestros encuentros? Bajemos el ritmo, que Dios es más, siempre más. Si nuestro paso por el mundo ha de anunciarlo, que el encuentro con él y con los hermanos sea expresión, en este tiempo, de su misericordia infinita.

 

 

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