¿Qué hacéis encerrados y encerradas? Salid.

¿Qué hacéis encerrados y encerradas? Salid.

2º Domingo de Pascua. Ciclo A

Por:Concepción Ruiz Rodríguez.Mujeres y Teología de Ciudad Real

Estando cerradas las puertas por miedo…”. ¡Qué humana es la actitud de los discípulos! Tras la experiencia de la muerte del maestro se encierran por miedo a correr la misma suerte que Él. El miedo es la resistencia del corazón para la relación, para el encuentro, para el compartir, para el reconocimiento de los demás, para arriesgar. Genera desesperanza, individualismo y tristeza. Nos cierra, nos impide salir al abrazo fraterno con los hermanos y hermanas.

Nos fijamos en el detalle que Jesús tiene con Tomás. Los amigos le cuentan que han visto al Señor. Tomás responde con la naturalidad de quien no ha vivido la experiencia del encuentro con el resucitado. Es rotundo: “Si no veo … no creeré”. No se conforma con lo que le dicen, él no ha estado allí, no lo ha visto. Vive aún en lo viejo, se ha quedado con el fracaso, con la muerte del maestro. Ahora experimenta el sinsentido. Todo esto ¿para qué?, si Jesús ya no está con nosotros.

Jesús paciente y comprensivo no quiere que uno de los suyos se pierda, viva con esa duda, y vuelve de nuevo, cuando están reunidos. Tomás ahora está con el grupo, sigue buscando, inquieto, … Jesús se dirige a Tomás para mostrarle sus heridas. Quiere que también él tenga la experiencia del encuentro con el resucitado. “No seas incrédulo sino creyente”. Es como decir: ¡Tomás, confía, déjate llevar por la RUAH, déjate habitar por ella. Deja atrás las resistencias, abre tu ser al espíritu de la vida, aparta los reparos, las dudas, los obstáculos que pones a mi presencia, yo soy una realidad estoy en ti, mis cicatrices son las heridas del mundo!

Él necesita, también, ese encuentro personal con el resucitado. Sin este encuentro personal con la VIDA es difícil ir más allá de la muerte, vivir con esperanza, con el talante de la transformación diaria.

Jesús respeta nuestros procesos, las dudas, nuestras búsquedas, … Él vuelve una y otra vez a brindarnos su presencia, a proponernos cómo seguir caminando. Nos ofrece su nuevo ser resucitado, que no es otra cosa que apostar por la vida desde el sufrimiento.

En este encuentro Jesús ofrece a los discípulos, nos ofrece también a nosotros, las herramientas para la misión: La paz, y con ella el envío, el Espíritu Santo y el encuentro personal con el resucitado.

Jesús se presenta ante los discípulos con el saludo de la paz, “la paz con vosotros”. En el corazón confiado habita la paz. El corazón confiado transmite y siembra paz. “Como el Padre me envío, así yo también os envío” ¿Qué hacéis aquí encerrados?, salid. El envío es opuesto a vivir encerrados. Es la encomienda de una misión. La misión de hacer posible el Reino aquí, en nuestro tiempo. Nos envía para que palpemos, acompañemos y cuidemos las heridas de los hombres y mujeres de hoy. Para bajar a los sepulcros, a los lugares donde huele mal.

Con la fuerza del espíritu no tenéis que temer. Os doy mi fuerza, mi espíritu. Salid a comunicar la alegría de mi resurrección, decid que mi existencia no termina con la muerte. Abandonarse al Espíritu. Él nos empuja, sostiene, llena de entendimiento y compasión. La fe es abandono. Es reconocerse habitados por la RUAH. Fuerza que mueve nuestros actos, voluntad, compromisos. Luz que ilumina los días oscuros.

El encuentro personal con Jesús resucitado. Ese encuentro que nos toca el corazón, que nos va transformando poco a poco, nos provoca. Encuentro que llena de VIDA nuestras pobres y limitadas vidas. Encuentro que da sentido al quehacer de cada día. Encuentro que es abrazo, acogida, calidez, confianza. Encuentro que reconforta, ilumina y va transformando el corazón de piedra en un corazón que rebosa misericordia.

Sólo desde aquí es posible vivir como las primeras comunidades. El texto de los Hechos de los Apóstoles en pocas palabras nos muestra el estilo de vida de una verdadera comunidad. “Vendían sus posesiones, todo lo tenían en común, repartían según las necesidades de cada uno”. Es un estilo de vida a seguir, en la Iglesia, en las familias, en las comunidades, …¡Que el encuentro con el resucitado suponga un paso adelante para romper tantas seguridades que nos atan y nos impiden SALIR!

 

 

 

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