Reconocernos como seres humanos

Reconocernos como seres humanos

Por: Javier Pagola. Laico. Pamplona.

Domingo 31 del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Escribo este comentario desde Navarra. Aquí, siempre he sentido al mes de noviembre como el más gris del año. Disminuyen sensiblemente las horas de luz, se desnudan los árboles, llegan las lluvias y se mueve un viento que enfría mucho el ambiente.

Pero noviembre es en nuestra lengua vasca Azaroa, literalmente “la época de la siembra”, promesa de florecimiento primaveral. Traduzco del vascuence unos versos del poeta guipuzcoano Xabier Lete:

“No me entristece recoger
las últimas flores del jardín,
ni humillar todos los sentidos
a la luz del atardecer.
No me asusta el cercano invierno,
pues sé que este ahora permanece
en una cadena quieta,
hasta que todo se transforme en presente,
en la raíz del ser”

Tengo 66 años y dos amigos íntimos están seriamente enfermos. Hace unos días acaba de nacer mi segunda nieta, Nahia, la deseada, y con ella se ha cumplido para mí la promesa bíblica de alegría y gozo: “A los hijos de tus hijos, los verás”

Leo la primera lectura de este domingo (Deut. 6) “Teme al Señor, tu Dios, guarda los preceptos que Él te manda: tú, tus hijos y tus nietos mientras viváis: así prolongarás tu vida”. Y el evangelio (Mc. 12, 34) me da el resumen cabal de esos preceptos, igualando el amor a Dios y a los hermanos y hermanas. “Quien está por el bien de la humanidad no está lejos del Reino de Dios”

Vivimos días aciagos de rodillo político e imposible debate parlamentario de los presupuestos. No se tocan las partidas de ejércitos y armamento. Es muy fuerte el recorte en servicios públicos básicos y programas sociales. Pero el más grueso –un 70%- se da en la Cooperación Internacional para el Desarrollo. Adiós a los Objetivos del Milenio y a la esperanza de personas y comunidades que están mejorando sus condiciones de vida, defendiendo los sistemas de salud y educación y los prometedores logros de desarrollo humano que han construido con su esfuerzo y con acompañamiento solidario.

Hay ahora un discurso que ha calado en la gente: “En tiempos difíciles, primero son los pobres de aquí”. Ese discurso, mentiroso (pues tampoco atienden a los de aquí), además de egoísta y miope, lo producen y se encargan de difundirlo núcleos de poder que no son pobres precisamente.

El desastre social que padecemos solo tiene un abordaje en la perspectiva del Reino de Dios: Corregir las desigualdades, poner la economía al servicio de las personas, y reconocernos todos como seres humanos, iguales en dignidad y derechos, carne de una misma carne, y sangre de una misma sangre.

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