Retiro de Adviento 2020 “Buena Noticia”
Por: M.Carmen Martín Gavillero. Vita et Pax.Rwanda

Retiro de Adviento 2020 “Buena Noticia”
Por: M.Carmen Martín Gavillero. Vita et Pax.Rwanda

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Rwanda

 

 

  1. Adviento: anuncio de una Buena Noticia

Aunque parezca increíble, también en este ‘año de mierda’ -como lo han calificado mis sobrinos- recibimos buenas noticias. Una muy personal y familiar fue el anuncio de la boda de mi sobrina. Esa pareja de tercos que, contra viento, marea y coronavirus, se empeñaron en correr el riesgo de hacer público su amor y celebrarlo con la gente más querida. Gracias porque nos alegrasteis la vida en un momento en el que la alegría era un bien bastante escaso.

Vivimos en un mundo de noticias. Vemos los telediarios, leemos la prensa, escuchamos la radio y algunas personas siguen la información prácticamente en tiempo real a través de Internet. Los datos se suceden a borbotones, sobre todo, este último tiempo centrado en la pandemia: número de contagios, muertos, enfermos ingresados en planta, enfermos en UCI, enfermos recuperados, enfermos asintomáticos, respiradores, mascarillas, reactivos, vacunas, confinamiento, cuarentena, PCR, rastreadores, cribados masivos, distancia social …

Hay quien dice que los medios de comunicación se recrean únicamente en las malas noticias, las polémicas o las catástrofes, quizá por la capacidad de las tragedias para captar la atención; pero lo cierto es que estamos sedientas de buenas noticias, ávidas de la confirmación de alguna cosa que sacie nuestra sed. Porque una característica propia de los seres humanos es la enorme capacidad de desear, de soñar, de aspirar a lo bueno.

Las buenas noticias confirman un acontecimiento que ya ha ocurrido o anticipan algo que está por llegar. Son buenas porque lo que prometen es atractivo para una misma o para otros. Gracias a lo que cuentan, se abre un horizonte mejor. Estás deseando recibirlas y, cuando llegan, te iluminan el día.

Buena noticia puede ser un diagnóstico médico que descarta una amenaza, una bajada de los tipos de interés que alivia la presión de tu hipoteca, la erradicación de la polio en África, la aprobación de leyes que prohíben las armas en EE UU, el anuncio de la visita de alguien querido, un acuerdo de paz entre países en conflicto, un parte meteorológico que viene bien a las cosechas… Conocemos personas para quienes la buena noticia es, sencillamente, que han podido comer.

Pues bien, el Adviento nos anuncia una Buena Noticia para este tiempo de pandemia. Una Buena Noticia que puede cambiarnos la vida. Nos habla directamente al corazón, es pequeña, sencilla, casi no se percibe, pero su fuerza revolucionaria de propagación es más potente que la del coronavirus. Por eso, se le llama Evangelio, es decir, Buena Noticia, así, con mayúsculas.

PARA LA REFLEXIÓN: A pesar de este año duro y convulso, pongo nombre a todas las buenas noticias que he recibido tanto personalmente como para el mundo. Y agradezco a Dios.

 

  1. Jesús, Buena Noticia para el mundo hoy

Os anuncio una gran alegría, ‘os ha nacido un salvador’, dice el ángel a los pastores en una colina a las afueras de Belén, refiriéndose al nacimiento de un niño en un establo; esta alegría, añade, no será para unos pocos sino para todo el pueblo (Lc 2,8-12).

El tiempo de Adviento nos acerca a “nuestro Belén” personal para, como los pastores, escuchar ese “Evangelio” que se nos anuncia también a cada una y cada uno; esa gran noticia que cada ser humano puede repetir con asombro: “Me ha nacido un salvador…”. En la noche, en el silencio, el mismo Dios se hizo carne superando toda expectativa, toda razón. “Carne” en el lenguaje bíblico significa el ser humano en su condición débil y mortal. No vino como luchador sino como niño; no vino armado sino desarmado. El que tiene todo el poder y el honor se muestra despojado de poderes y de honores. Es increíble que la pequeñez y la vulnerabilidad sean las tarjetas de visita de Dios.

El tiempo de Adviento nos acera a “nuestro Belén” particular para, desde él, no desde otro lugar soñado o añorado, recibir esa gran alegría que es para todo el pueblo. Y podemos imaginar nuestras vidas como comunicación y contagio de ese gozo destinado a llegar a todos. Sobre cada una de nosotras se desparrama la fuerza del Espíritu que nos envía “a dar la Buena Noticia a los pobres…” (Is 61,1).

Siempre, pero tal vez ahora más que nunca, en tiempo de pandemia, el mundo y la vida necesita una Buena Noticia auténtica y esa Buena Noticia la barruntamos en Jesús. Jesús nos trae la mejor noticia. En Jesús recibimos la visita de Dios (Lc 7,16). La llegada de Dios es algo bueno. Así piensa Jesús: Dios se acerca porque es bueno, y es bueno para nosotras que Dios se acerque. No viene a defender sus derechos ni a tomar cuentas de quienes no cumplen sus mandatos. Lo que le preocupa a Dios es que la gente tenga vida, vida de la buena y vida en abundancia.

La Buena Noticia es que tu vida importa. Le importa a Dios, que nos ama incondicionalmente, y le importa lo que nos acontece. Tu vida es valiosa. No porque sea perfecta o porque sea un dechado de virtudes. Es valiosa en la fortaleza y en la debilidad porque somos imagen de un Dios que nos ha manifestado, en Jesús, la hondura de su amor. Amor hasta el extremo. También a nosotras, igual que a los pastores, como banda sonora de nuestra vida, se nos canta ese himno de ángeles, que pone letra al amor desbordante y gratuito de Dios.

A la persona que se encuentra con Jesucristo le sucede algo extraordinariamente bueno. Todo aquel que se tropieza con Jesús queda transformado. Su vida cambia. El encuentro con Jesucristo es el encuentro con el Amigo honesto y fiel, que se dejará la piel por ti. Que nadie se quede sin experimentar la alegría que provoca. Alegría producida porque Jesús nos muestra el rostro misericordioso y acogedor de Dios que, generación tras generación, transforma nuestra existencia y nos libera de aquello que no nos deja vivir. A partir de ese encuentro, percibimos que siempre estamos en las manos buenas de Dios, aunque pasemos por cañadas oscuras de pandemias.

PARA LA REFLEXIÓN: Cómo ha sido mi relación con Jesús durante este año, cómo ha influido en ella la situación de pandemia.

 

  1. El conflicto ante la Buena Noticia

No resulta fácil caer en la cuenta y acoger la Buena Noticia de Jesús cuando la situación generalizada de la sociedad es de sufrimiento, incertidumbre y miedo, pero también resulta difícil porque acoger esa Buena Noticia es fuente de tensiones. Nadie dijo que fuera sencillo y, la verdad, la historia va mostrando cómo el Evangelio genera incomprensión en algunos casos, rechazo en otros e indiferencia y menosprecio en no pocos.

Al propio Jesús esto le llevó a la cruz, y los problemas comenzaron entre los suyos, que muchas veces no comprendieron o no aceptaron con autenticidad su propuesta. Al menos caben tres grandes respuestas ante la Buena Noticia de Jesús:

Hay quien se impermeabiliza y no quiere saber nada de anuncios que vayan contra sus propias seguridades. Negarse a escuchar la Buena Noticia del Evangelio es algo bastante frecuente en nuestros días. Para ello basta con tildarlo de patraña, identificarlo con todos los males que en su nombre se han hecho; basta con darle la espalda o hacer oídos sordos. Decir que es cosa de curas o de viejas… Optas por otras buenas noticias que quizá exijan un poco menos y de esas nuestro mundo anda sobrado. Estamos hoy en la sociedad de las buenas noticias de saldo: el bienestar en que se sustenta la seguridad; la oferta de productos que te aseguran la felicidad; el acceso a una sanidad que te prolonga la vida; las nuevas tecnologías que te aportan el poder del conocimiento… Sí. Esas buenas noticias a menudo seducen y silencian el Evangelio.

Otra opción más sutil es tratar de domesticar para nuestro provecho la Buena Noticia de Jesús. Limar sus aristas. Quedarte con su lado amable. Abrazar lo que tiene de envolvente y suave, pero desechando lo que implica de reto o desafío. Convertirlo en una noticia que reafirma mis propias convicciones, pero sin prestar atención a aquella parte del anuncio que puede suponer para mí cambio o provocación. O transformarlo en algo que únicamente sirva para legitimar mi visión del mundo y de la fe, acallando cualquier voz que pueda llevar a cuestionar las propias ideas. El Evangelio manipulado aparee entonces como palabra cordial, benévola, pero sin contenido. Y las formas de adulterar la Buena Noticia no terminan, este peligro es constante y, cuanto más estamos en el camino de Jesús, más nos amenaza.

Cabe tratar de acoger esa Buena Noticia. Esa acogida es al tiempo fascinante y difícil. Por una parte, te apasiona con su promesa de humanidad. Te cambia la forma de ver a las personas, sus historias, tu propia vida. Te seduce, porque el Evangelio tiene esa capacidad de emocionarte, de abrirte los ojos para descubrir la realidad de otra manera. Por otra parte, te desinstala y te lleva a cuestionarte muchas de tus certidumbres; y te desafía porque te propone caminos inesperados para avanzar hacia esas metas. Donde el mundo te invita a preocuparte solo de ti misma, el Evangelio te abre a las otras y otros. Donde se te insiste en que busques seguridades, el Evangelio es una Buena Noticia que comienza por abrazar el riesgo. Donde se te invita a acumular, el Evangelio te pide que te desnudes de lo superfluo. Donde tendemos a buscar la familiaridad de los que son como nosotras, el Evangelio te invita a amar a quienes no te son amables. Donde se te promete que cuanto más alto estés y más poder concentres, mejor para ti, el Evangelio te enseña a bajar de los pedestales para encontrarte y servir al mundo de los sencillos, los heridos y los pequeños. Donde…

PARA LA REFLEXIÓN: Distingo los conflictos que provoco en las demás por mi forma de ser o mi carácter y los conflictos por anunciar la Buena Noticia.

 

  1. Salir para acoger

En este Adviento de la Covid-19, en este año horrible del siglo XXI, por desgracia, hay motivos sobrados para el desánimo y la ceguera ante las Buenas Noticias; pero no lo tuvieron más fácil quienes vivieron y acogieron la Buena Noticia en el siglo I. Los pastores podrían quedarse enzarzados en su propia miseria. Protestando, con amargura, contra el virus contagioso de los señores que les pagan poco, contra la sociedad que los margina, contra los habitantes de la ciudad que les ningunean, contra el frío de la noche y la soledad de sus vidas. Sin embargo, reconocen el anuncio que se les hace, lo toman en serio y se sienten bendecidos por una noticia que despierta la esperanza.

Es posible que María y José tuvieran motivos más que suficientes para presentar una reclamación a los habitantes de la ciudad que no les han dado cobijo, pese al parto ya inminente; o al emperador, por incordiar con un censo en tan mala hora; y hasta al mismo Dios, que ha hecho una promesa cuyo cumplimiento parece tan fuera de contexto en un establo. Sin embargo, podemos imaginarlos mirando con ternura al niño, poniendo su confianza en manos de Dios, agradeciendo la pobre posada a quien, al fin, se ha compadecido de ellos.

Ese es el equilibrio necesario, y ahí está la clave, para saber descubrir y acoger la Buena Noticia también en ‘años de mierda’. No cargar las tintas sobre lo negativo, sobre lo que va mal, sobre lo que podríamos convertir en ofensa o en argumento para la decepción, por más que a menudo los motivos sean reales y no faltan. Por el contrario, buscar la proporción de dichos motivos con esas otras vivencias cotidianas que hablan de oportunidad y bien: los nombres de quienes pueblan nuestra vida, gestos de generosidad de personas anónimas, profesionales entregados al extremo, familiares o compañeras que te cuidan con amor, el pan que no falta en la mesa -cuando tantas están desprovistas-, lo mucho bueno que una da por sentado y acaso aprendemos a valorar solo cuando lo perdemos: fe, sentido de la vida, techo, salud, amigos, trabajo… Por ahí empezamos a descubrir el camino que nos llevará a la Buena Noticia y con ella a las buenas noticias cotidianas.

Y junto a ese equilibrio, si algo aprendemos con el paso de los años, es que solo descentrase permite poner las cosas en perspectiva y esa perspectiva ayuda a relativizar los propios dramas y a no absolutizar tampoco las alegrías. Si la alegría o la tristeza solo dependen de una misma, pobre tabla de medir es esa. Hay mucho bueno sucediendo alrededor, milagros cotidianos que abren la puerta a la esperanza en algunas vidas. Y saber mirarlo es necesario.

El Adviento nos invita a descentrarnos para poder acoger la Buena Noticia. Es lo que vemos en el Evangelio, cada personaje es capaz de abrirse a otras realidades. José se abre a María. María, al ángel. Ambos hacen que su vida pivote en torno al niño. Los pastores salen de sus noches al raso para asomarse a la Buena Noticia de un recién nacido en un pesebre. Los magos abandonan sus costumbres y seguridades para buscar, en el camino, respuesta a su inquietud.

A menudo necesitaremos salir, ponernos en el lugar del prójimo, abrirnos a una realidad más amplia, más inclusiva, para ser capaces de seguir acogiendo, hoy, la Buena Noticia que se nos anuncia para nuestra vida y para el mundo, y de la cual somos portadoras y anunciadoras.

PARA LA REFLEXIÓN: La pandemia ha causado a nivel mundial y en nuestro país una profunda crisis social y humanitaria. Se negocian soluciones que priorizan el dinero y los privilegios de unos pocos, y necesitamos la audacia y la libertad del Evangelio para empujar y sostener alternativas que no excluyan a nadie y que pongan en el centro el bien común y la fraternidad universal. Cómo ser Buena Noticia para los pueblos y personas, de cerca y de lejos, más golpeados por este drama.

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