Reunión de Directoras

Reunión de Directoras

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad

En Madrid, del 7 al 9 de marzo 2014, tuvo lugar la primera reunión de Directoras de Vita et Pax de este curso, también era la primera reunión de este nuevo sexenio. Los saludos, reencuentros de “nuevas” directoras con las más veteranas, la acogida y, especialmente, la oración comunitaria nos metieron de lleno en el trabajo. La tarde del día 7 estuvo dedicada a comunicar diferentes informaciones de la vida institucional que se extendieron hasta después de cenar.

Reencuentro

Reencuentro

El día 8 trabajamos el documento titulado: Caminando humildemente con nuestro Dios… y compañeras (Mi 6,8). En él se nos decía: Acompañar es otra forma de compartir la vida, es un ministerio de ayuda. Desde el sexenio pasado, hemos ido reflexionando en esta dimensión de nuestra tarea de Directoras. La dimensión de acompañar, de acompañar caminantes que formamos parte de un todo (Est. Art. 91) y, en este momento, caminantes muy frágiles pero empeñadas en que esa fragilidad no sea un freno para la entrega. No es la única dimensión, pero sí que nos parece importante con el fin de seguir profundizando y darle sentido, desde Dios, a este servicio, a veces poco grato que supone ser Directora de Centro. No corren buenos tiempos para aceptar cargos. Los cargos se convierten en cargas, a veces, pesadas, y huimos de cargar con las otras.

Repartiendo el material

Repartiendo el material

Ecos sobre el trabajo

Ecos sobre el trabajo

A lo largo del día fuimos desgranando cada palabra que componía el título: caminar, humildad, Dios y compañeras. Y se nos recordaba con seriedad que: Acompañar a nuestras compañeras supone asumir sanamente el dolor del desaliento, la experiencia de inutilidad; somos siervos inútiles. Tanto las Directoras como el Equipo de Consejo, tendremos que hacer el gran esfuerzo de tomar conciencia de nuestro acompañamiento desarmado de eficacia inmediata, muy pobre en este sentido. Tenemos poco margen para grandes cambios, para decisiones significativas. Somos, más bien, una presencia humilde que, la mayoría de las veces, sólo tiene que “ser”. Y le encontraremos sentido desde Jesús, que se hizo pobre, que se desarmó de sí mismo por amor. Esta cierta inutilidad de nuestra tarea remite al “amor improductivo” de la cruz.

Desde la iluminación de la Palabra de Dios se nos decía: Como Directoras somos, al igual que los profetas, una especie de vigías, de centinelas. Hemos sido llamadas a alertar de los peligros que se pueden cernir sobre nuestras compañeras. Permanecemos como profetas menores entre los profetas pero sin abandonar el puesto, vigías atentas que saben percibir el peligro cuando se aproxima y avisar a las demás para que se defiendan y protejan. Vigías en las murallas en oscuridad, que responden una y otra vez a la llamada: Qué ves en la noche, dinos, centinela.

Y el documento concluía: La pasión por Dios y la pertenencia a nuestro Instituto nos hacen sensibles al grito de tantos hermanos y hermanas que sufren, ayudándonos, a su vez, a superar nuestros propios sufrimientos. Somos mujeres del dolor humano compartido. Estos dos pilares nos sostienen para seguir diciendo hoy: Mi Buen Jesús: yo quiero hacer algo por Ti … Recibe, Señor, mi humilde don (Est. Art 67). Incluso si ese hacer es también ser Directora y esa entrega es también a mis compañeras.

A la tarde tuvimos una puesta en común rica y, a la vez, realista que nos estimuló a continuar esta tarea de Reino. Y como no podía ser menos el final del día fue una oración en torno a la Palabra de Dios y donde también el Papa Francisco nos animó: La Iglesia tendrá que iniciar a sus hermanos en este “arte del acompañamiento”, para que todos aprendan siempre a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro… Tenemos que darle a nuestro caminar el ritmo sanador de projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana (E.G. 169).

El día 9 a la mañana compartimos la marcha del objetivo de curso, ese objetivo que este año centra nuestras energías e interés: Apostar por el crecimiento de la vida institucional -priorizando Rwanda y Guatemala- y fortalecer nuestra “misión escondida” para continuar siendo, en el HOY de la historia, mujeres irradiadoras de Vida y artífices de Paz. En esta marcha pudimos comprobar que hay de todo, avances, paradas, despistes, perezas, retrocesos… Entre todas nos animamos a caminar, a ayudarnos a seguir siendo eso que somos y gustamos: en el hoy de la historia, mujeres irradiadoras de Vida y artífices de Paz. Pero esto no se consigue sólo con el deseo, se consigue con el empeño esforzado y terco de cada día, con el aliento de las compañeras y con el impulso del Espíritu.

Concluimos nuestro encuentro encomendándonos al Espíritu del Resucitado para que nos siga alentando en esta búsqueda de lo bueno… de lo mejor.

 

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