¿Señor, dónde vives? Venid y lo veréis ( Jn 1,38)

miércoles, febrero 3rd, 2016

Por: Pilar Riera. Vita et Pax. Valencia

Está claro que Dios llama a quien quiere, cuando quiere y como quiere. La respuesta está en nosotras/os.

Tenía 20 años, la vida me sonreía, una buena familia, religiosa, normal en esos años. Tenía relación con un chico que era la ilusión de mis padres y la “envidia” de mis amigas y con el que quería formar una familia.

Estudié en el Colegio de las Dominicas de la Anunciata y con frecuencia nos visitaba un dominico joven, muy dinámico, que nos hablaba de Jesucristo con mucha familiaridad y a mí me entusiasmaba. Empecé a leer el evangelio y fui descubriendo facetas de Jesús: cómo trataba a la gente, cómo hablaba, cómo vivía, cómo rezaba, etc. etc.

Mi juventud fue la de una chica normal, me gustaban las fiestas, los bailes, divertirme…pero todo eso en el fondo me dejaba insatisfecha.

Decidí hacer Ejercicios Espirituales para aclarar mis ideas y allí sentí la llamada del Señor, con tal claridad, que no me quedó la menor duda de que me pedía consagrarme a El en el mundo. Al tomar esa decisión recuerdo que me inundó una gran paz. Lo difícil y doloroso fue el tener que comunicar mi decisión a mis padres y al chico que tanto quería…

No conocía los Institutos Seculares y todo era rezarle al Señor: “¿dónde moras?”. Después de un año de búsqueda, conocí Vita et Pax y entendí la respuesta del Señor: “ven y lo verás”… Fui, vi y me quedé.

Mi primer contacto fue con el Fundador D. Cornelio Urtasun que, desde el principio, supo encaminarme y lanzarme a la gran aventura de ir descubriendo la humanidad de Jesucristo, hasta enamorarme cada vez más de El.

Yo no sabía de apostolado, solo quería hacer la voluntad de Dios.

Estuve en Japón colaborando con los PP. Jesuitas. En Brasil viviendo con “niños de la calle” y compartiendo la vida con la buena gente de las “favelas”. Allí aprendí cómo se puede vivir con tan poco, ser feliz y tan agradecidos a Dios!!! Esto para mí fue una bendición. Luego estuve en Roma y en España trabajando en nuestras “Librerías Manantial”.

En ese empeño de seguir a Jesús, no todo ha sido claro y fácil. He pasado años de oscuridad, baches, luchas… Buscaba ayuda y al final la encontré en un padre jesuita. El me ayudó a darme cuenta de que “estaba buscando fuera, al que tenía dentro” y me sale decir de corazón: ¡Dios compasivo y misericordioso!.

Ahora comparto mi vida con compañeras un poco más mayores que yo, algunas dependientes. Soy feliz y agradezco a Dios lo pasado y lo presente, sobre todo esta etapa en la que puedo afirmar con toda sencillez que: “EL MEJOR VINO SE SIRVE AL FINAL”.

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