Somos importantes… lo más importante para Dios

Somos importantes… lo más importante para Dios

11º Domingo T.O. Ciclo B

Por: M. Carmen Nieto León. Mujeres y Teología de Ciudad Real

Dice el profeta Ezequiel que el Señor hace florecer a los árboles secos… ¡Qué increíble resulta esto! ¡Qué milagro! ¡El Señor ensalza a los árboles humildes! ¡Qué lección para el mundo en el que vivimos!

En el Salmo aclamamos que el Señor es justo, que en Él no existe maldad, que es misericordioso y fiel, que hay que darle gracias por todo esto. ¡Qué valores para la vida!

Por su parte San Pablo nos habla de confianza, caminar guiados por la fe.

Y en el evangelio se nos habla de sembrar, de no preocuparnos por la cosecha, que ya llegará, pero si no se siembra la semilla no germina ni crece.

Todos estos mensajes, todos estos valores que nos vienen del evangelio nos recuerdan cómo hemos de ser las personas, qué debemos hacer, cuál ha de ser nuestra guía, nuestro norte, nuestro camino, nuestra meta. Lo importante somos las personas, y las más importantes las que menos cuentan, las que están peor, las que más sufren, las que no tienen nada. Dios es ese Padre-Madre misericordioso que no tiene maldad, que nos dice que creamos en Él, que tengamos confianza en lo que nos ofrece, que seamos fieles a su Reino de Amor, porque ahí es donde está la auténtica felicidad.

El ser humano es bueno por naturaleza, porque es hijo de Dios, pero la codicia, el propio interés, el tener, el destacar, el imponer, el no importarnos el otro, hace que esa naturaleza se vea truncada. Estar centrados en nosotros mismos nos lleva a que no sembremos los valores de Dios en nuestra sociedad, a que arranquemos los árboles secos porque no tenemos tiempo, ni paciencia, ni ganas para esperar a ver si detrás de esa sequedad hay brotes verdes. El Señor nos dice que esperemos, que los brotes verdes aparecerán, aunque los tiempos de siembra y de cosecha no se correspondan con nuestros tiempos. Nuestros tiempos no son los de Dios.

Hemos de confiar, dar gracias, comprometeros, apostar por el Amor, por lo inservible, lo machacado, por la denuncia de tantas situaciones de injusticia, de indignidad, de maldad. Lo importante no es lo individual, sino lo colectivo. Dios así lo quiere. Dios quiere que tengamos fe, que respetemos los procesos de las personas, que no juzguemos a nadie, Él no los juzga, que anunciemos su Reino. Y eso no está pasando en este mundo que cada vez excluye más, que antepone las políticas capitalistas y neoliberales, en definitiva el individualismo, a las personas. No, Dios no quiere eso.

Las personas necesitamos Amor, necesitamos sentir que somos importantes, que el Mundo es un lugar bonito, que nuestro Padre-Madre creó para nosotros, para mí. Eso es el mensaje del Evangelio, esa es la fuerza que nos tiene que impulsar a estar en la vida.

 

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