Un solo Señor… un solo Dios y Padre

Un solo Señor… un solo Dios y Padre

Domingo 31 T.O. Ciclo A

Por: Sagrario Olza. Vita et Pax. Pamplona

Estamos llegando al final del Año Litúrgico.  A lo largo de un año hemos ido contemplando y celebrando diversas etapas de la vida de Jesús. Es un buen momento para agradecer la oportunidad que se nos ha ofrecido de aprender, interiorizar y asumir la Buena Noticia que Jesús anunció y su manera de pensar, sentir y actuar en el lugar y momento de la historia que le tocó vivir.

El Evangelio de hoy, de San Mateo en el capítulo 23, nos sitúa a Jesús en Jerusalén, estando ya muy cercano su final, acosado principalmente por las autoridades religiosas: sacerdotes, fariseos, letrados, saduceos… Pero Jesús sigue hablando también al pueblo, como queriendo dejar claro su Mensaje.  En los versículos correspondientes a este domingo Jesús se dirige a la muchedumbre y a sus discípulos y denuncia el comportamiento de los escribas y fariseos: “Haced lo que os enseñan pero no hagáis lo que hacen: lían fardos pesados y se los cargan a la gente pero ellos no mueven un dedo para empujar”. “Les gustan los primeros puestos… y que la gente los llame ‘Rabbí’…  Pero vosotros (especialmente dirigiéndose a los discípulos) no os dejéis llamar ‘Rabbí’ porque uno solo es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis a nadie padre en la tierra porque uno solo es vuestro Padre, el del Cielo”. “El primero entre vosotros será vuestro servidor…”

Estas palabras nos señalan una manera de vivir: en libertad y fraternidad; partiendo de la centralidad de un Dios que es Padre-Madre y que nos hace a todos hermanos. Nadie puede imponer cargas pesadas sobre mis hombros ni sobre mi conciencia, solo debo ‘servir’ fraternalmente a mis hermanos en lo que necesiten. Y no solo hay que pensar  en necesidades de tipo económico, de salud, de sufrimiento, etc. sino también en lo que facilita una buena convivencia: amistad, cariño, humor, fiesta…

La vida de Jesús y el Mensaje que anunció son Buena Noticia para todos, tienen dimensión universal. Nadie queda excluido del anuncio ni de la posibilidad de poner en práctica su contenido: es un programa para hacer un mundo más humano, más habitable, más fraterno…  Muchas gentes, ayer y hoy, han hecho y siguen haciendo vida este programa. Muchos seguidores de Jesús y muchos que caminan, aún sin saberlo, movidos por el Espíritu, que actúa donde quiere y como quiere, van y vamos –al menos estamos en el intento- aportando nuestros “granos de arena” para la construcción de ese mundo que todos queremos y necesitamos.

Fin del Año Litúrgico: ocasión para hacer evaluación del año que termina y para programar el que pronto vamos a empezar: viviendo en libertad y fraternidad porque tenemos un solo Dios, Padre y Madre. Así lo dijo Jesús.  Así lo vivió él.

 

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