Una buena lección para ser aprendida

lunes, octubre 14th, 2019

Domingo 29 del TO. Ciclo C

Por: Chus Laveda. Vita et Pax. Guatemala

Parece que los textos de la liturgia de este domingo nos insistan en la importancia y necesidad de la oración.

Dos ejércitos enfrentados en el desierto y Moisés en lo alto del monte, con la vara de Dios en su mano, en oración en favor de su pueblo. El cansancio de Moisés hacía que los israelitas fueran dominados por el ejército amalecita, mientras que, cuando Moisés elevaba sus brazos en oración, dominaba el pueblo de Israel. Éste, gracias a la oración de Moisés, venció al pueblo invasor.

Otro ejemplo de insistencia en la oración nos lo presenta el relato del evangelio. Un juez que no temía a Dios y una viuda en busca de justicia contra su adversario.

En el primer relato hay un intercesor, Moisés; en el segundo relato el juez atiende a la viuda para que no le siga molestando con su insistencia.

Y dice Jesús: “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen ustedes que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche y que los hará esperar?

¿Cuál es nuestra actitud cuando hacemos oración de petición? ¿En qué Dios creemos cuando nos dirigimos a él, solicitando su ayuda?  ¿En un Dios que resuelve todos nuestros problemas, o que mueve hilos para que las cosas discurran por donde nos interesa a cada uno de nosotras/os?; ¿Un Dios todopoderoso que todo lo puede, pero que a veces no responde a nuestras súplicas porque “algo habremos hecho mal? ¿Nos acercamos a Dios para sanar una enfermedad, para que nuestros hijos aprueben las oposiciones de su carrera, pensando y dejándolo todo en sus manos, “aceptando su voluntad”?

¿Y si no resulta? Es que Dios no nos quiere, nos pone a prueba, no es su voluntad que se nos conceda la petición…

Según el relato evangélico, la mujer está poniendo de su parte lo que le corresponde: va a buscar al juez de manera insistente, sabe sus derechos, los reclama y exige al juez que cumpla con su obligación de hacerle justicia. Y se atreve a hacerlo porque sabe que Dios está de su parte y le da la fuerza necesaria para llevar adelante su reclamo. Y el juez, comprende que ella está en su derecho y no va a ceder en su petición. Por eso cambia su actitud y la atiende.

Una buena lección para ser aprendida. Si nuestra sociedad que está en manos de unos pocos privilegiados que buscan solo su beneficio y su propio interés se encontrara frente a una población firme, segura de sus derechos y obligaciones, insistiendo y denunciando, reclamando justicia, tal vez se lograría un cambio de posición y de actitud frente a los problemas que hoy sufrimos, especialmente los grupos más vulnerables.

Tal vez el mensaje que nos puede dejar estos relatos es que confiemos más en nosotras/os mismas/os, en nuestra fuerza y recursos, en nuestra certeza y búsqueda de que otro mundo es posible y ahí poner nuestro empeño y nuestra insistencia, sin desanimarnos, sabiendo que Dios, también está de nuestra parte.

Y seguir elevando los brazos a Dios, manifestándole nuestra necesidad de Él y de su fuerza y cercanía para que no caigamos en el desánimo, ni nos roben la esperanza, porque lo que pedimos es justo y encaminado al bien común. Y cuando llegue el cansancio y los brazos decaigan, buscar el apoyo de la comunidad, la energía compartida de los que seguimos a Jesús, con la seguridad de que, tarde o temprano, Dios nos hará justicia.

Pero, ¿creen ustedes que Dios encontrará esta fe en nosotras/os?

No se trata de eludir responsabilidades, sino de fiarnos de Dios, que ha puesto en nuestras manos la tarea de la construcción de un mundo fraterno, justo y solidario.

Señor, auméntanos la fe en ti, reconociendo y aceptando que eres tú quien ha puesto en nuestras manos el fruto de la justicia.

 

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