Una tarea preferida de Dios: llamar para enviar

jueves, julio 30th, 2015

Por: Josefina Oller. Vita et Pax. Guatemala

JoseBUSCAR COLABORADORES PARA LLEVAR A CABO SUS PROYECTOS, es una de las tareas que tiene Dios. No ha querido hacer su obra solo. Ha querido y quiere incorporar a los hombres y mujeres, creados a su imagen, a sus proyectos: el de la Creación para que la desarrollen y el de lograr que todo contribuya a la consecución de sus bondadosos planes.

Esto es un gran regalo que hay que agradecer y que está envuelto en el misterio de la elección. Al recorrer la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo testamento, nos encontramos con distintas llamadas a cuál más original. En todas ellas, las personas se sienten abrumadas, incapaces de responder, buscan excusas para no ir adelante. Pero luego…¡qué maravillosas respuestas y qué variedad de vocaciones y misiones! Será una gozada contemplar algún día las inmensas constelaciones conformadas por los caminos que el Señor ha recorrido para buscar a sus colaboradores y el trabajo que la Ruah ha hecho al interior de cada uno. Todos y todas pueden cantar, como María, un “MAGNIFICAT”.

Bueno pues, también yo fui llamada y claro está “para” pero, aunque el para asomaba tímidamente en mis inquietudes, se fue manifestando y se ha ido manifestando poco a poco a lo largo de mi vida.

Mis principios vocacionales fueron muy sencillos sin ningún sobresalto espectacular. Fueron fruto del ambiente que vivía y de la siembra que hacían mis padres, las religiosas, educadores, los sacerdotes que nos acompañaban y dirigían. Pero también es verdad que no en todos y todas los que escuchábamos, tenía la misma caja de resonancia el mensaje. Fue siempre un misterio para mí. Nací en el seno de una familia muy profundamente iniciada en la vida espiritual, que iba cultivando los valores evangélicos no sólo en la parte religiosa sino también. y muy cuidadosamente, en la parte social. Podría contar bellos ejemplos.

Teníamos en el pueblo un buen párroco preocupado por el bien de las personas y con criterios claros y avanzados. Llegaron hacia los años cincuenta jóvenes coadjutores, entregados a la juventud, formados ellos exigentemente en el Seminario. Impulsaron los movimientos de Acción Católica y nos sembraron la inquietud de “ser apóstoles”, -no se estilaba entonces la palabra “evangelizar”-. En todo caso, se nos invitaba y urgía a transmitir lo que teníamos. Nos iniciaron también en la vida espiritual, a la amistad con Jesucristo. Íbamos diariamente a hacer “la visita a Jesús”. Poco a poco fue naciendo en mí el deseo de la entrega al proyecto del Reino impulsado también por el Papa Pío XII. Valía la pena consagrarle la vida.

En los años de mi adolescencia fue creciendo serenamente este deseo. Pero llegó un momento en el que hizo crisis. Debido a varias circunstancias, viví una fuerte crisis existencial, de falta de sentido de la vida y de falta de fe. Busqué ayuda y la encontré. Llegó el momento en que sentí el convencimiento interior de lo que significaba para mí CREER. Recuerdo que así se lo expresé a mi papá en un momento confidencial. De ahí el paso siguiente fue relativamente rápido. La opción de vida se iba clarificando: la entrega al Señor y desde él, al Reino dónde y cómo quisiera.

Pero, ¿cuál iba a ser el cauce por donde canalizar mis inquietudes? Tenía delante muchas ofertas. Rezaba y más rezaba para que el Señor me diera luz para acertar con su voluntad sobre mí. Me daba miedo equivocarme. En mis años de internado conocí algunos miembros de “VITA ET PAX” pero no fui adelante porque en aquel momento no me interesaba tomar decisiones. Ya cuando me decidí, pasados los veinte años, de nuevo aparecieron en mi camino y entré en contacto con toda seriedad. Después de correspondencias, conversaciones y visitas, me pareció que el Instituto respondía a lo que yo quería y bullía en mi interior.

Aparecieron de nuevo algunas dificultades fuertes, esta vez de salud, tuve una seria intervención quirúrgica que, gracias a Dios y a la ciencia -así lo digo siempre porque mi historia de salud es también larga- superé. Finalmente el día DOS DE FEBRERO DE 1964, FIESTA DE LA PRESENTACION DEL SEÑOR, entré a formar parte de la familia de “VITA ET PAX IN CHRISTO JESU”. Con su carisma siempre me sentí plenamente identificada. “Vivir de la vida de Jesucristo, pensar como él y llegar a sentir y amar como él” es apasionante y una estrella, punto de referencia porque alcanzarla es casi imposible.

Hasta aquí la historia vocacional: “TE LLAMÉ PARA….”. Las misiones que me ha tocado realizar han sido variadas y todas ellas, muy enriquecedoras. Por ser “Vida y Paz” un Instituto Secular, su misión primordial es estar en medio de las estructuras del mundo siendo sal y fermento, es decir sin que se note pero dándoles sabor y haciéndolas fermentar según el plan de Dios. Entonces, en un principio colaboré en la librería de Pamplona y luego fui enviada a Chile. Allí estuve trabajando en un barrio periférico dando clases y en la pastoral. Tuve experiencias importantes como conocer de cerca la naciente Teología de la Liberación, a continuación, el “golpe de estado” en el que asesinaron a Allende y asumió el poder el general Pinochet. ¡Vivimos infinidad de situaciones difíciles y comprometidas!

Pasados siete años, regresé a España por haber sido llamada al servicio directo del Instituto. También ahí tuve buenas y sorprendentes experiencias. Es estar en el corazón del la institución y conocer a las personas por dentro: un regalo de Dios y una bonita tarea ayudarles a ser lo que El quiere que sean.

Finalmente, hace casi veinte años que estoy de nuevo en América Latina, en Guatemala, un país multiétnico, plurilingüístico y con variedad de culturas. A pesar de poderse entender una con la mayor parte de la gente porque, o bien hablan el español o bien los indígenas, especialmente los hombres, lo tienen como segunda lengua, te encuentras con una cosmovisión distinta y manifestaciones culturales dignas de admiración por su contenido y por su colorido. Y aquí estoy, hasta que el Señor, por medio de las circunstancias normales de la vida, disponga otra cosa.

Acabo de celebrar en estos últimos meses mis BODAS DE ORO: Cincuenta años que han sido una bendición de nuestro BUEN DIOS, UNO Y TRINO, PADRE Y MADRE. No me cansaré de cantar siempre sus misericordias, de manera especial, en este año dedicado a la vida consagrada y en el siguiente, en el que las contemplaremos en el ROSTRO DE JESUS.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

celebración

Si quieres ir descubriendo lo que Dios espera de ti, te ofrecemos acompañamiento vocacional a través de nuestro Secretariado de Espiritualidad. Puedes ponerte en contacto con:

M. Carmen Martín Gavillero. Teléfono 678 89 88 38.

M. Jesús Antón Latorre. Teléfono 660 76 91 28.

Dirección de correo: vidapaz@vitaetpax.org

Comments are closed.

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies