Vio Jesús un gran gentío y sintió compasión de ellos

Vio Jesús un gran gentío y sintió compasión de ellos

Por: Rosa María González. Vita et Pax. Tafalla (Navarra).

Domingo 16º del Tiempo Ordinario, Ciclo B

La semana anterior contemplábamos a Jesús iniciando a los doce y enviándoles a la misión de dos en dos. Hoy son los apóstoles los que vuelven a reunirse con Jesús para contarle “todo lo que habían hecho y enseñado”. Impresiona la pedagogía de Jesús: Su experiencia de comunicación con el Padre, de sentirse enviado por Él: “como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”, de ser una misma cosa con Él, le lleva a establecer con sus discípulos la misma metodología: transmitir, enviar, escuchar, dialogar, proyectar.

De poco sirve sentirte enviado/a por alguien, si no hay un encuentro posterior, una búsqueda permanente para verificar cómo estamos cumpliendo la misión, dónde y al lado de quién estamos, cómo enseñamos, cómo vivimos esa experiencia. Por eso los apóstoles vuelven a reunirse con Jesús.

En este encuentro no estaban ellos solos: la gente iba y venía, no había tranquilidad para escucharse, para comer, para descansar. Quien vive en fidelidad al mensaje de Jesús, a su evangelio, poco tiempo encuentra para vivir como quiere, para estar solo con quien quiere, para que no le molesten, en definitiva, para planificarse la vida a su aire. Todo lo contrario, ir por la vida con los ojos y el corazón abierto, nos hace descubrir muchas necesidades a nuestro alrededor y nos lleva a preguntarnos cómo actuaría Jesús en estas situaciones, qué puedo hacer yo y ponernos a la faena.

Pero la Liturgia de este domingo nos trae también una invitación al descanso. Primero a través del salmo 22: “El Señor es mi Pastor, nada me falta: En verdes praderas me hace recostar. Me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas”. Y desde el evangelio escuchamos: “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco”. 

Necesidad legítima y necesaria; hace falta sosiego y serenidad para poder escuchar. Buscar un sitio tranquilo y apartado para reponer fuerzas y seguir caminando en el quehacer de cada día. Jesús quiere lo mejor para sus amigos y les hace caer en la cuenta de su vulnerabilidad, de su necesidad de descanso y encuentro profundo, y se van en la barca a un lugar apartado. Hoy sigue invitándonos a descansar, a reflexionar y a dejarnos interpelar por el evangelio sin agobios, con la misma claridad y seguridad del salmista: “Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término”. 

El deseo y la necesidad de descanso dura muy poco; la gente que se ha sentido acogida por Jesús y sus discípulos van en su búsqueda, tienen necesidad de ellos, han experimentado que sus enseñanzas les abre a otra dimensión hasta ahora desconocida, quieren seguir aprendiendo, necesitan sentirse queridos y sanados y por eso van corriendo de todas las aldeas a la otra orilla para continuar a su lado.

Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor”. El profeta Jeremías en la primera lectura, el salmo y el evangelio nos vuelven a presentar la figura del Buen Pastor: Se preocupa de cada una de sus ovejas, las reúne, atiende de manera especial a las más débiles y enfermas, no las abandona jamás y da su vida por ellas. Por eso el relato evangélico termina diciendo: “Y se puso a enseñarles con calma”. El cansancio se queda de lado, hay otras prioridades que necesitan ser atendidas, pero no de cualquier manera, sino con calma. 

Si  queremos ser fieles al mensaje de Jesús, la enseñanza  que nos trae la liturgia de esta eucaristía está clara. En los caminos de la vida de cada día, en las orillas donde están los marginados, los enfermos, los ancianos, los inmigrantes, los que no cuentan en la sociedad, los rostros que con su mirada reclaman nuestra atención… son los preferidos de Jesús y esos tienen que ser los nuestros. Y estar con ellos no de cualquier manera, sino con calma: escuchando y dejándonos interpelar por lo que sienten, por lo que viven, por lo que esperan…… y seguro que de esta relación saldremos más humanos/as y más cristianos/as.

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