Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; quien me sigue tendrá la luz de la vida

martes, marzo 21st, 2017

Domingo IV de Cuaresma. Ciclo A

Por: Carmen García. Vita et Pax. Pamplona

La Cuaresma en su itinerario hacia la Muerte y Resurrección de Jesús, nos ofrece una gran riqueza  litúrgica a través de las Oraciones y   lecturas propias de este tiempo de Cuaresma, Semana Santa y Tiempo Pascual.

La primera Lectura  nos ofrece un relato muy interesante del primer  libro  de Samuel. Samuel recibe un mensaje de parte de Dios, le encarga una misión concreta: elegir entre los hijos de Jesé un Rey para el Señor. A primera vista, se fija en la buena apariencia de Eliab y dice: “Seguro que está su ungido ante el Señor” y así van pasando los  otros hijos.

El Señor hace caer en la cuenta a Samuel  de que sus criterios de elección no concuerdan con los  criterios de Dios: “El Señor dijo a Samuel”: “Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es éste”. Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos”. Vemos la importancia que tiene  el sentido de familia, de comunidad que busca en cada ocasión hacer la voluntad de Dios.

Termina la lectura diciendo: “El Espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante”.  

San Pablo en su carta a los Efesios, nos hace caer en la cuenta de que somos hijos de la luz porque hemos dejado de vivir en las tinieblas. Vivir como hijos de la luz nos exige practicar la bondad, la justicia,  la verdad, la honestidad, en definitiva, entregarnos  a los más necesitados.

Cada día, cuando leemos o vemos la televisión, podemos comprobar que existen  situaciones que necesitan  ser iluminadas por la luz de los criterios evangélicos. Nos corresponde a los cristianos vivir  en esa  luz de la que nos habla San Pablo al invitarnos a: “Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz”. Nos toca a los que nos llamamos cristianos ser testigos de esa Luz y, trabajar por la justicia, por la paz, para hacer un mundo más justo, más humano. Y, sobre todo, más sensible al sufrimiento de las personas.  

El Evangelio de este domingo nos llena de gozo porque pone de manifiesto la misericordia de Jesús hacia el ciego de nacimiento: Pero a la vez, vemos que a lo largo del texto se percibe la tensión entre los fariseos y Jesús. Inmediatamente se crea la polémica: “Maestro, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?”. Jesús aprovecha  esta pregunta para hacer una catequesis, para explicar a los discípulos en qué consiste la Misericordia de Dios.

Parece que existía una  falsa tradición  de que todo mal físico era efecto de un mal moral, que radicaba en el enfermo o en sus antepasados. De ahí la polémica que se crea entre Jesús y los fariseos.

Jesús se salta todas  esas normas y tradiciones y va a lo fundamental: Busca en el ciego su propia verdad a  través del diálogo que se entabla entre los dos.  De paso, Jesús arranca del ciego su mejor acto de fe: “Creo Señor”. Y se postró ante Él.    

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