Vía Crucis de la paz

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

 Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Madrid

  • PRIMERA ESTACIÓN: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

Lc 21,16: Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros

El mundo está iniciando su etapa más peligrosa desde hace décadas. El marcado incremento de las guerras en los últimos años está desbordando nuestra capacidad de afrontar las consecuencias. Desde la crisis mundial de los refugiados hasta la extensión del terrorismo, nuestro fracaso colectivo a la hora de resolver conflictos está engendrando nuevas amenazas y emergencias. Incluso en sociedades pacíficas, la política del miedo está provocando más violencia y exclusión. Entre otros conflictos aún siguen abiertos: guerra en Siria, conflicto entre la India y Pakistán, disputa en el mar de China Oriental, tensión en Asia Oriental, guerra civil en Ucrania…

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • SEGUNDA ESTACIÓN: JESÚS CARGA CON LA CRUZ

1 Cor 1,11: Porque, hermanos míos, estoy informado por los de Cloe, que existen discordias entre vosotros

En la actual situación nuestra vida es una vida amenazada. Vivimos angustiados. Nos sentimos frágiles. Tenemos miedo. Hoy los países padecen guerras que desencadenan las organizaciones terroristas y otras las provocan los países para prevenir la misma guerra. Las multinacionales de las armas florecen. Aparece el choque de las civilizaciones. Sufrimos violencia en nuestra vida ordinaria de relaciones, en la calle, en el trabajo. Es fácil recurrir a la violencia para hacer valer el propio interés o para hacer notar la presencia…

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • TERCERA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

St 3,14: Pero si tenéis en vuestro corazón amarga envidia y espíritu de contienda, no os jactéis ni mintáis contra la verdad

La violencia física es una de las principales causas de muerte. Poner fin a esta violencia física es sin duda importante, pero no es suficiente. El concepto moderno de violencia estructural pone de manifiesto que podemos matar sin necesidad de recurrir a la violencia directa. No hace falta, por ejemplo, emplear armas contra los etíopes o contra los mozambiqueños para que mueran antes de tiempo. Basta negarles los recursos alimentarios y la atención sanitaria que necesitarían para llegar a viejos.

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • CUARTA ESTACIÓN: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

Lc 6,27: Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien

Según las cifras oficiales de la OTAN, en el año 2016, los Estados Unidos gastó 604.000 millones de dólares en defensa, China invirtió 145.000 millones de dólares, Rusia gastó 58.900 millones, 56.900 gastó Arabia Saudí, Gran Bretaña 52.000 millones, España 11.064 millones … Responder con violencia a la violencia lleva, en el mejor de los casos, a un enorme sufrimiento, ya que las grandes cantidades de recursos que se destinan a fines militares son sustraídas de las necesidades cotidianas de los jóvenes, de las familias en dificultad, de los ancianos, de los enfermos, de la gran mayoría de los habitantes del mundo.

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  • QUINTA ESTACIÓN: SIMÓN DE CIRENE AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ

St 3,18: Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz

Son muchas las causas que destruyen la paz e impiden su construcción. Una de las más importantes es: la profunda desigualdad social mundial. Desigualdad que se expresa en el simple hecho de que alrededor del 1% de multibillonarios controlen gran parte de los ingresos, es decir, ingresos altísimos para unos pocos y pobreza infame para las grandes mayorías. Según las estadísticas, España es el país más desigual de la Unión Europea, seguido por Letonia. Y el agravamiento de la desigualdad va en aumento.

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  • SEXTA ESTACIÓN: LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO A JESÚS

Mt 10,16: Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos

La violencia doméstica es una muerte segura para muchas mujeres hoy, también en nuestro mundo rico. Según las estadísticas, el lugar más peligroso para las mujeres es su propia casa. En un informe de Unicef, que recoge datos de 23 países, se afirma que entre el 20% y el 50% de las mujeres, según el país, sufren algún tipo de maltrato en el seno de la familia. En bastantes ocasiones, el hogar se convierte en hoguera donde se consumen los sueños o languidece la salud física, psíquica y espiritual de muchas mujeres. En nuestro país, 866 mujeres fueron asesinadas en 13 años, récord de llamadas al 016, 40 muertas en un año, más de 53.000 mujeres maltratadas… y lo que no se sabe.

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • SÉPTIMA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

Col 3,15: Y que la paz de Cristo presida vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados…

La guerra no nace en los campos de batalla, entre soldados con armas, sino en la misma casa, en la intimidad de la familia o de la propia institución. Mucho antes de empezar a guerrear, matar personas o destruir naciones, ya hemos matado a las personas mentalmente. Cuánta violencia fue mental antes de convertirse en violencia física. Se comienza a decir “sí” a la muerte mucho antes de decir “sí” a la violencia física. La construcción de la paz se inicia por el corazón de la persona. Porque en el corazón se genera la violencia, de él proceden el orgullo y la prepotencia que la engendran.

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  • OCTAVA ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS PIADOSAS MUJERES

Mt 5,38-39: Habéis oído que se dijo: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo que no hagáis frente al que os hace mal…

Necesitamos parar la espiral de violencia que se origina desde el fondo de nuestro interior y desarmar nuestras conciencias. Pero la construcción de la paz no se agota en el interior, pasa por la familia, la comunidad cristiana, por la Iglesia, la sociedad… La construcción de la paz pasa también por el difícil terreno de las relaciones sociales. Y va precedida por la justicia. Para garantizar la paz es necesario luchar por el derecho al trabajo, a un salario digno, a unos ingresos mínimos de subsistencia para quienes no puedan trabajar, a la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación, la salud…

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  • NOVENA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA

Mt 10,13: Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros

En el año 2000 se concluyó lo que se llamó “La Carta de la Tierra”, que fue el producto de un diálogo intercultural que se llevó a cabo durante una década a nivel mundial en torno a diversos objetivos en común y valores compartidos. Esta carta aportó una definición rica de la paz: «la paz es la plenitud que resulta de las relaciones correctas con uno mismo, con otras personas, otras culturas, otras formas de vida, con la Tierra y con el Todo del cual formamos parte» (n.16, f). Sin estas relaciones correctas, esto es la justicia, nunca disfrutaremos de la paz.

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  • DÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDOS

Jn 14,27: Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo

Para conseguir la paz se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra. Se precisa valor para decir sí al encuentro y no al enfrentamiento; sí al diálogo y no a la violencia; sí a la negociación y no a la hostilidad; sí al respeto de los pactos y no a las provocaciones; sí a la sinceridad y no a la doblez. Para todo esto se requiere valor, mucho valor y una gran fuerza de ánimo. La paz de Dios es un don suyo, pero es tarea nuestra difundirla. Somos gentes de la no violencia. La no violencia exige, ante todo, la no cooperación con el mal y la denuncia pública de las injusticias. Nuestras “armas” se reducen a la fuerza de la verdad.

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  • UNDÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ 

Col 1,20: Y reconciliar por Él y para Él todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos

Nadie olvida una ofensa recibida, especialmente, cuando ésta ha tenido un relieve importante en nuestra vida. Es necesario que los recuerdos envenenados se conviertan en recuerdos pacificados. Esto no es fácil, desgraciadamente, nuestro tiempo ha descuidado la educación en el perdón y la reconciliación. Perdonar es una gracia y un proceso. Hemos de poner nombre al dolor, reconocer nuestra parte de responsabilidad y, si es posible, dialogar con la otra persona. No buscamos el castigo, llegados a este punto, sólo el perdón y la reconciliación abren la puerta a una relación nueva. El perdón es la posibilidad de cambiar las reglas del juego; dejar de culpabilizar. Carece de importancia saber quién ha comenzado; lo importante es ver quién quiere terminar.

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  • DUOCÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Ef 2,14: Porque Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separa, la enemistad

También con nuestra “casa común” tenemos que reconciliarnos para alcanzar la paz. La contaminación, el cambio climático, la escasez de agua potable, la pérdida de la biodiversidad… son algunos de los problemas que sufre la naturaleza por la violencia que le infringimos. Es indispensable abandonar la actitud de dominio y de explotación con que nos relacionamos con ella y aprender de nuevo a mirarla con ojos contemplativos que sepan descubrir su belleza, comulgar con sus energías y desarrollar sus posibilidades. Somos cuidadores de la creación con nuestras pequeñas acciones cotidianas.

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • DECIMOTERCERA ESTACIÓN: JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ

Jn 16,33: Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación pero ¡ánimo! Yo he vencido al mundo

Ser constructor de paz no se puede hacer en solitario. Es importante que la paz de Dios se haga visible en una fraternidad humana. Sólo desde la fraternidad tenemos la posibilidad de que nuestro esfuerzo por la paz sirva más al bien común que a nosotras mismas. Si la Iglesia quiere ser esta fraternidad debe ofrecer algo más que un simple espacio donde se está bien; debe ser la primera realización de “los nuevos cielos y la nueva tierra” (2 P 3,13).  La comunidad cristiana no es sólo medio para realizar la paz, sino que es el lugar donde la paz que andamos buscando recibe su primera forma.

Dichosas las personas que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

  • DECIMOCUARTA ESTACIÓN: JESÚS ES COLOCADO EN EL SEPULCRO

Ap 1,4: … Gracia y paz a vosotros de parte de ‘Aquel que es, que era y que va a venir’

Ser artífice de paz exige que el contacto personal con Jesucristo se haga visible en nuestras acciones concretas. Para los cristianos ser constructores de paz no es una opción. Es una “obligación sagrada” sea cual sea nuestra situación. Es una vocación a tiempo completo y, en este momento de la historia, tal vez, la más urgente de todas nuestras tareas. Es una forma de vida que compromete continuamente todo nuestro ser. Que la no violencia se trasforme, desde el nivel local y cotidiano hasta el orden mundial, en el estilo característico de nuestras decisiones, de nuestras relaciones, de nuestras acciones y de la política en todas sus formas.

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  • DECIMOQUINTA ESTACIÓN: JESÚS RESUCITA DE ENTRE LOS MUERTOS

Jn 20, 19-21: Se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘la paz con vosotros’. Dicho esto, les mostró las manos y el costado…

La comunidad cristiana es constructora de paz siendo testigo de esperanza. La esperanza se asienta en la experiencia de la fe en el Dios vivo, una fe más fuerte que la violencia, la división, el juicio o la guerra. No somos un grupo de personas que se han agrupado para unir sus fuerzas y hacer que la victoria sea más probable. No. La comunidad cristiana es la expresión de una victoria ya conseguida: “la muerte ha sido vencida” (1Cor 15,54), por eso, somos gentes de paz, de esperanza y agradecidas.

Dichosas las  personas  que construyen la paz porque serán llamadas hijas de Dios (Mt 5,9)

 

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