II Domingo de Navidad
Por: Paky Lillo. IS. Vita et Pax in CJ. Madrid
Textos Litúrgicos:
Eclo 24, 1-2.8-12
Sal 147
Ef 1, 3-6.15-18
Jn 1, 1-18
“Di*s No Se Quedó Lejos”
Señor Jesús,
Palabra hecha carne,
gracias por no quedarte lejos.
Gracias por entrar en nuestra historia,
en lo sencillo, en lo frágil, en lo humano.
Esa Palabra hecha carne que habitó entre nosotr*s. Es la Palabra de Dios, su sabiduría, su sentido y no sólo aparentó ser humano, sino que asumió la fragilidad, el cansancio, las emociones y el dolor. La Palabra “puso su tienda” entre nosotr*s, Dios no se quedó lejos; se metió en la vida real.
Dios no ama desde lejos, ama desde dentro de la historia humana. No se manifiesta solo en lo extraordinario, sino que lo hace en lo simple, lo cotidiano, lo humano,…
Amar como Jesús es hacerse cercano, no inaccesible o “car* de encontrar”. Jesús habló del amor, pero también lo tocó, lo escuchó y caminó con él entre la gente, porque el amor no es solo intención, es presencia real.
Dios al hacerse carne nos dice que: “ser humano vale la pena”, porque somos portadores de emociones que son importantes y que nos ayudan a descubrir al otro y compartirlas, de luchas que dignifican la humanidad y crean fraternidad y de historias de vida a través de cuerpos en movimiento, creando un proceso que inspira y nutre las experiencias de otr*s.
Jesús no pasó de largo, se quedó con los pobres, con los que tenían dudas, con los que en su historia de vida sufrían muchas caídas; ¿Por qué? Porque Amar es permanecer, y no desaparecer cuando la cosa se pone difícil o complicada.
Dios se hizo humano para enseñarnos que el amor verdadero no se dice: Se Vive. Se vive cuando eliges comprender antes de juzgar; cuando te haces presente para alguien que sufre, cuando vives la fe con coherencia, no solo con palabras; cuando encarnas valores como el respeto, la verdad, la compasión,…
Realmente cuando el Amor se hace gesto.


