“El Regreso del Maestro”
Por: Paky Lillo. IS Vita et Pax in Cj. Madrid
Textos Litúrgicos:
Hch 10, 34.37-43
Sal 117
Col 3, 1-4
Jn 20, 1-9
El Evangelio nos sitúa en una escena aparentemente sencilla, pero profundamente reveladora y humana: una mujer que camina en la oscuridad, un sepulcro vació y unos discípulos que corren a pesar de que no entienden lo que está pasando.
María Magdalena camina al sepulcro cuando aún está oscuro y lo encuentra vacío. Tras su asombro piensa que todo ha terminado peor de lo que imaginaba: “Se han llevado al Señor”. Ha perdido a Jesús, a su Amigo, que era su esperanza y todo se derrumba, la vida pierde su sentido.
Muchas veces, confundimos el vacío con la ausencia. Pensamos que D*s no está, que todo se ha acabado, que ya no hay nada que hacer y nos derrumbamos.
Siendo sincer*s, todos hemos pasado por momentos de pérdida, algo se rompe en nuestra vida y no sabemos cómo seguir. Pero el Evangelio de hoy nos invita a mirar más allá, a profundizar, a llegar más hondo.
Pedro y el otro discípulo corren al sepulcro. Pedro entra, observa, intenta entender. Después entra el otro, ve… y cree.
Los dos corren, se aceleran, como nuestro corazón humano en búsqueda cuando nos arrecian las dudas, porque necesitamos respuestas y a ser posible rápidas, a ser posible para “ayer”.
Pero, lo más importante de la fe es saber reconocer los signos, no únicamente encontrar todas las respuestas; incluso cuando, esos signos, no son evidentes y/o nos parecen garabatos.
Hay una frase en la Escritura que me parece muy actual “Todavía no habían entendido la Escritura”. La importancia que le damos a “entenderlo todo”, ellos no lo entendieron todo. A veces pensamos que creer significa no tener dudas, tenerlo todo claro; pero hoy el Evangelio nos muestra lo contrario: La fe es un camino, no un punto de información, no un punto de llegada.
El sepulcro vacío no es una ausencia; es una llamada, una invitación a empezar de nuevo, a mirar la vida con otros ojos, a descubrir que D*s actúa incluso cuando no lo vemos.
Reconozcamos y aceptemos que nuestra mirada se queda corta y que la Pascua nos intenta, un año tras otro, invitar a arriesgarnos a mirar de otra manera, Porque resulta que D*s va por delante y:
- Donde nosotros vemos oscuridad, ya ha empezado a amanecer.
- Donde nosotros vemos el vacío, D*s está preparando vida.
- Donde nosotros vemos un final, D*s está comenzando algo nuevo.
Hoy no solo celebramos que Jesús, el Maestro, ha regresado, ha resucitado, celebramos que la Vida tiene la última palabra; que el Amor no muere en la cruz, que la Esperanza no es una ilusión.
Y quizá hoy no lo entendamos todo. Quizá sigamos con las mismas preguntas, pero No Pasa Nada. Hagamos como el discípulo que entra detrás: entremos, miremos… y demos un pequeño paso hacia la fe.
Porque la Pascua no es entenderlo todo, es descubrir, poco a poco, que D*s ya está actuando en tu vida.

