Agenda segundo trimestre año 2017

Agenda segundo trimestre año 2017

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad. Vita et Pax.

  • 22 y 23 abril: Retiro de primavera en Daimiel (Ciudad Real). Organiza Instituto Vita et Pax.


 

  • 10 y 11 junio: Jornada de Formación-Convivencia y Asamblea de Cedis. Madrid.

 

  • Del 13 al 20 de junio: Reuniones Equipo de Consejo. Pamplona

 

 

  • 23, 24 y 25 de junio: Preparación Bodas de Oro. Huarte (Pamplona)

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Retiro de Adviento 2016

Esperar o no esperar

Por: M.Carmen Martín. Vita et Pax. Madrid

 De vez en cuando necesitamos frenar, detenernos, tomar aire, mirar alrededor y recobrar el aliento. La vida nos lleva de forma acelerada. Es bueno aprender a esperar. Parece una contradicción pero, quizás, conforme nos vamos haciendo mayores, nos cuesta más esperar. Puede ser porque constatamos de manera más clara que solo tenemos una vida, que nuestro tiempo es limitado y pasa, que no podemos aspirar a vivirlo todo, experimentarlo todo, hacerlo todo… Somos finitas y nuestras posibilidades y capacidades también lo son.

Adviento es un tiempo para aprender a esperar. Esperar nos ayuda a ser mujeres confiadas, a no saber exactamente qué ocurrirá mañana, pero creer desde la hondura que, sea lo que sea, será bueno si lo vivimos desde Dios. Esperar nos hace libres interiormente. La espera aguza nuestras ideas. Nos concede el tiempo y el espacio, la perspectiva y la paciencia que nos permiten distinguir entre lo bueno, lo mejor y lo óptimo. La función del Adviento es recordarnos a quién estamos esperando, por si acaso vamos tan ocupadas en nuestras tareas o tan ensimismadas en nosotras que nos olvidamos.

  1. Tiempo de espera 

Pero, qué se espera en este tiempo. El tiempo que llamamos “Adviento” es precisamente eso, tiempo de espera y de preparación. Pero en nuestro primer mundo rico y en crisis, en las primeras semanas de diciembre aparecen muchos tipos de espera, de intereses, expectativas…

Los estudiantes y las personas con trabajo esperan unas vacaciones; viene bien cortar con el ritmo habitual, con la rutina, y dedicar unos días a descansar.

Las vacaciones navideñas implican, en la mayoría de los casos, encuentros familiares. Los niños esperan los regalos porque la Navidad es tiempo de regalos. Las personas que les gusta la buena comida esperan los menús que se tienen asociados a estas fechas; en cada hogar tenemos la costumbre de repetir platos que se transmiten de generación en generación…

Los comerciantes esperan que las Navidades impliquen muchas compras; a ver si, en tiempos de crisis, por lo menos, se da bien el fin de temporada. Los consumidores, por su parte, prefieren esperar a que lleguen las rebajas que, total, es cuestión de posponer las compras un par de semanas.

La gran maquinaria del turismo espera la temporada de Navidad para concluir el año con ganancias; todos los medios de transporte y servicios se unen a esa espera. Quienes pueden, esperan este tiempo para ir a esquiar o a lugares más cálidos y tomar el sol. El bronceado de invierno luce más.

Quien más quien menos espera la lotería, a ver si cae un pellizquito.

No pocas personas esperan que las Navidades pasen pronto, por diferentes y variados motivos no les gustan estas fiestas…

Hay otras esperas que se viven sin ánimo ni esperanza. El tiempo, la rutina, el aburrimiento, el cansancio, la vejez, la soledad, el dolor del mundo… hay muchos motivos para bajar la guardia en la espera. Qué difícil resulta mantenerse firmes. “Quien espera desespera” dice el refrán. Quisieran no tener que escuchar las conversaciones de siempre, las mismas quejas, comentarios o dolores todos los días, las noticias idénticas en el telediario; no abrir el periódico para no ver el rosario cada vez más alarmante de atrocidades, los políticos a lo “suyo”, la corrupción que no cesa… Esperar se hace duro.

Y, hay un ingente número de personas para las cuales hablar de espera y esperanza es una especie de burla y humillación: las que están sumidas en el dolor de la enfermedad; quienes arrastran su falta de trabajo como un deshonor; los refugiados que no encuentran sitio “en ninguna posada” del mundo; los niños y niñas que huyen solos hacia países donde no se les quiere; las personas que, rendidas por el cansancio, se duermen con el sonido de las bombas sobre sus cabezas; aquellas que hoy no tendrán nada para comer; las que pasarán frío en las calles…

Entonces, quién espera a Dios. Y, en medio de este panorama, quién espera a Dios. Porque esto es lo que hacemos en Adviento ¿no? ¿Lo espera mi familia, mis hermanos, los sobrinos? ¿Lo espera mi Centro, mi grupo? ¿Lo esperan mis vecinas, las gentes de mi bloque, de mi barrio? ¿Lo esperan los políticos, los gobernantes, la ONG que conozco? ¿Lo espera mi ciudad, mi pueblo, mi país?… ¿De verdad lo espero yo?…

Quién espera a Dios, quién se entera de lo que acontece. Encima, esperar a Dios no es algo fácil, porque, de qué se trata. ¿Es esperar los momentos de celebración familiar? ¿Es esperar la rica liturgia de estos días, la misa del gallo, el belén, los villancicos, los relatos sobre el nacimiento…? ¿O acaso debemos esperar algo más personal, único, espiritual…? ¿O va a ocurrir algo nuevo en el mundo? ¿Va a venir Dios otra vez?… ¿Qué es esperar a Dios?

Qué es esperar a Dios. Esperar a Dios es ser consciente de que el mundo, y la vida, necesita una Buena Noticia auténtica y tratar de encontrarla en la cercanía de Dios y su Evangelio.

Esperar a Dios es vincular, desde la raíz, mi vida y mi destino con todas las personas que ya no esperan o esperan otras cosas, como lo hizo Jesús, nuestro Dios.

Esperar a Dios es hacer el bien allí donde una se encuentre. Es justo ahí y no en otra parte, es justo en ese momento y no mañana, es a esa persona y no a otra que yo deseo.

Esperar a Dios es “tener cuidado” de los otros y de las otras mientras espero. Desarrollar en mí una sensibilidad que me ayude a percibir su situación y asumir, con sencillez, sus necesidades.

Esperar a Dios es hacernos testigos de tantas historias de sufrimiento olvidadas. Es unirnos a la lucha de los empobrecidos por conseguir un futuro más digno y humano.

Esperar a Dios es reconocer que la propia vida personal aspira a una plenitud que no tenemos. Porque crecemos, y siempre podemos ir más allá y más adentro. Y podemos vivir con más profundidad. Así que esperar a Dios es preguntarnos por eso que falta, que me falta, y buscar en el entorno de Dios la respuesta. Dejar de crecer es empezar a apagarse.

Esperar a Dios es creer que Dios no es un Dios distante, ajeno a la creación, desvinculado de la historia humana y de mi historia. Es creer que Dios sigue presente en nuestro mundo, entre los desesperanzados, entre los empobrecidos, entre nosotras… Dios, que nos ha bendecido con el “amor primero” y que a él nos remite cuando nos desalentamos.

Esperar a Dios es ir comprendiendo que nuestro corazón no nos engaña cuando nos asegura que podemos aguardar el futuro, porque lo que nos espera por parte de Dios no va a frustrar nuestra esperanza (2 Pe 3,13)…

  1. Nosotras sí esperamos a Dios 

Adviento. Adviento es un tiempo para la espera humilde, vivida como alternativa real a las esperas neoliberales del sistema y como propuesta a la desesperanza dolorosa de muchas gentes; es un tiempo para que los creyentes hagamos prácticas cotidianas de espera; una espera en la sencillez, el compromiso y la firmeza. Tal vez, sólo somos “un resto” las personas que hoy esperamos a Dios. No importa,  nosotras sí esperamos a Dios, sí vivimos el Adviento.

Queremos vivir nuestro “hoy” como una oportunidad para ir más allá de la rutina y la seguridad y creer que es posible el milagro de lo nuevo que brota. Esperar al Niño Dios nos recuerda que las bases para la felicidad verdadera se encuentran en lo pequeño, en lo frágil; es ahí donde echa raíz una dicha más profunda, en los márgenes transformados en centro. Anhelamos convertir nuestra vida en ese villancico vital que brota cuando Dios crece en nosotras. Pero es un “hoy” en el que también corremos el peligro de quedarnos fuera de lo que ocurre, que nos dejemos arrastrar por la corriente y estemos perdidas en una burbuja de noticias, entretenimientos, inseguridades… sin darnos cuenta que “algo nuevo está naciendo” y anticipa la fraternidad universal.

Por eso, queremos estar atentas, bien despiertas; no esperamos a Dios de cualquier manera, nos preparamos para acogerlo y lo hacemos mirando el pasado para que ilumine nuestro presente y caminemos hacia el futuro.

Miramos el pasado. Adviento fue el tiempo en que una chica de pueblo, probablemente con poca formación y mucha sensibilidad, intuyó que se le pedía algo muy exigente y, frente a recelos y seguridades, se atrevió a decir: “Hágase” (Lc 1,26-38). No era una decisión fácil. Le cambió la vida y la convirtió en servicio (Lc 1,39-45) y en canto sobre un Dios desconcertante que a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos (Lc 1,46-56). Fue el tiempo en que un hombre justo tuvo que elegir entre fiarse de un sueño o confiar solo en sí mismo. Se fio del sueño, de aquella mujer y de Dios. Su confianza se volvió esperanza, y su esperanza se volvió salvación (Mt 1,18-25). Fue el tiempo en que un hombre y una mujer, ya entrados en años, aprendieron a reconocer el poder de Dios, que puede hacer cosas admirables más allá de costumbres y normas (Lc 1,5-25). Fue el tiempo en que algunos, movidos por el deseo de búsqueda de más y mejor, se “liaron la manta a la cabeza”, se desinstalaron de sus comodidades y salieron a buscar a Dios (Mt 2,1-12). Fue el tiempo en que otro muchacho se echó al monte, o al desierto, para denunciar la hipocresía que le rodeaba y clamar por la llegada de alguien que traería una Buena Noticia (Mt 3,1-12). En Adviento, algunos, encerrados en sus palacios y sinagogas, no se enteraron de nada. Y, cuando se enteraron, no lo entendieron o lo percibieron como amenaza a eliminar (Mt 2, 3). Otros, a la puerta del templo, firmes en su fe, esperaban sin desfallecer a que se cumpliese lo que un día habían creído (Lc 2,25-38). Los pastores de entonces y los de ahora, cada noche, cuidan los rebaños, a la intemperie, excluidos de las ciudades. Todavía no saben que, una noche de estas, algo cambiará (Lc 2,8-20).

Este Aviento voy a tomar un tiempo más largo para la oración con estos personajes y voy a elegir uno para que me acompañe de manera especial.

Iluminar el presente. Ahora es nuestro Adviento. El tiempo en que nosotras buscamos y esperamos. Nuestro hoy no se da en los campos de Jerusalén ni en los caminos de Galilea, sino en Guatemala, Valencia, Madrid, Ruanda… en nuestras casas, calles, pueblos, trabajos, voluntariados… Es el tiempo de confrontarnos con el Magníficat revolucionario de esa mujer profética, María, en el que todo lo nuevo se anuncia acabando con algo, se exaltan los pobres tras caer tronos poderosos (Lc 1, 46-55). Es el tiempo de dejar la tierra de lo cómodo para seguir la estrella que convierte la propia vida en Buena Nueva para los pobres, inquietando al Herodes de dentro y fuera de nosotras (Mt 2,16), a ese “Herodes” interior que se lava las manos, que se desentiende y olvida a los demás, que no se compromete con nada (Mt 27,24). Es el tiempo de preguntarnos por qué no viene Dios a los palacios y cuidadas casas y sí a las cuevas de animales y pastores (Lc 2,1-7). Es el tiempo de visitar los verdaderos belenes, ese Belén que hoy se encuentra en las mujeres y hombres, sobre todo en los empobrecidos. Es el tiempo de aceptar la invitación a ser más humanas siendo “auténticas en el amor y creciendo en todos los aspectos hacia Aquel que es la cabeza, Cristo” (Ef 4,15). Adviento es tiempo del Espíritu Santo, la Ruah ha hablado por medio de los profetas, ha anticipado con sus primicias de alegría la venida de Cristo en sus protagonistas como Zacarías, Isabel, Juan, María… nosotras.

Es nuestro Adviento. Ahora que parece que tenemos menos fuerzas y más debilidades, ahora viene Jesús a decirnos que hay caminos nuevos, que podemos reorientarnos, que hay posibilidad de ahondar y de empujar el Reino, que la fraternidad es más posible que nunca. Ahora es cuando Jesús nos dice que siempre es buen tiempo para seguirle con más hondura, que siempre hay ocasión de disfrutar de su presencia, que siempre podemos crecer viviendo de su Vida. Nos dice que ahora el mundo necesita más de nosotras, para que seamos su Vida y su Paz… Y nos pide, una vez más “renacer de nuevo” (Jn 3). ¿Diremos, como Nicodemo, que es muy hermoso el reto pero imposible? No. No lo diremos. Sabemos de nuestra debilidad pero también de nuestro gran deseo; en la hondura de nuestras entrañas renace Dios.

Podríamos enfocar el Adviento de este año como una invitación  no a las esperas de siempre, sino como tiempo para desvelar lo nuevo que llama a nuestra puerta. ¿Cuál es la novedad de este Adviento?

Caminamos al futuro. Somos un pueblo, o sólo un resto, que camina y junto a él, camina Vita et Pax. No estamos paradas, tal vez, vamos más despacio pero seguimos adelante. Somos las que somos en el Instituto, en la Iglesia, en la sociedad… No podemos desalentarnos, ni lamentarnos, ni arrinconarnos porque somos pocas o mayores. El éxito de la vida y del seguimiento de Jesús no estriba, por suerte, en el número, sino en el amor.

El Adviento nos ofrece, entre otras cosas, una mística contra el desaliento, siendo realistas. Es una mística de resistencia firme, de coraje interno para poner la otra mejilla a la dura realidad y permanecer en la búsqueda. El Adviento quiere ayudarnos a estar ahí, en el mundo, con una propuesta de vida, con lucidez. Estar en lo cotidiano, donde las gentes ya no esperan o esperan sus propios intereses, sabiendo encajar lo mejor posible lo que nos viene encima, con esperanza y abiertas a las posibilidades, siempre creíbles, de un mundo mejor. Y participar en su construcción. Adviento no es sólo un tiempo concreto, es una manera de vivir.

La esperanza abre de par en par las puertas del futuro. La esperanza y la paciencia se complementan y enriquecen. La paciencia es la virtud que arraiga la esperanza en la dura realidad, dándole así esa firmeza que la distingue de las lejanas utopías. Por su parte, la esperanza pone alas a la paciencia y la diferencia de la resignación.

Esperar a Dios es mirar al mañana y confiar en su promesa. Dios nos ha prometido que nunca nos abandonará, que siempre estará con nosotras. Nos ha prometido que hemos nacido de su deseo y amor verdadero y que nos quiere incondicionalmente. Nos ha prometido que la vida tiene sentido, y ese sentido lo descubrimos en el camino, tras las huellas de Jesús. Nos ha prometido que la fraternidad universal es su sueño más querido y que dará su vida por hacerla realidad. Nos ha prometido que el mundo puede ser un lugar mejor si aprendemos a compartir con otros la mesa, la paz y la Palabra…

Es tiempo de ver si soy capaz de escuchar esas promesas y me las creo. Si, al final, espero o no espero. Si espero, me pondré en marcha en la construcción de un mundo mejor. Qué voy a compartir yo este Adviento para que, de verdad, nuestro mundo sea mejor.

La urgencia del Reino

Domingo 13º del T.O. Ciclo C

Por: Chus Laveda. Vita et Pax. Guatemala

A las personas que nos decimos ser seguidoras de Jesús nos tiene que apremiar la tarea del Reino, es su Proyecto y el nuestro. A él ha consagrado su vida. Y esa tarea no puede esperar.

Jesús, a pesar de  que va intuyendo que se aproxima su momento más difícil, decide ir a Jerusalén y se encuentra con que, al saber suImagen2 decisión, muchos no quieren recibirlo  en su casa.

El miedo a las consecuencias de acogerle les paraliza.Desde la propia libertad, Jesús no renuncia a su tarea y los demás prefieren no involucrarse.

Seguir a Jesús y acoger su proyecto implica libertad interior y certeza en la misión.

Ante la propuesta del seguimiento respondemos de muchas maneras:

_Te seguiré a donde vayas… tomamos la iniciativa, pero sin medir las consecuencias. Jesús nos hace tomar conciencia: “para esto hay que ser muy libres. No encontraremos seguridades, ni soluciones inmediatas, ni éxitos que arrastren a muchos a caminar con nosotras/os. “el hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza…”

_Déjame primero ir a enterrar a mi padre… Buscamos razones legítimas para demorar el compromiso de seguirle, justificaciones. Pero el Reino no puede esperar. “deja que los muertos entierren a sus muertos”. Cuántas personas viven una fe muerta, que solo responde a tradiciones y costumbres que hoy no dan vida ni respuesta a las inquietudes y necesidades de nuestro mundo. Una Iglesia que vive centrada en el pasado, manteniendo posturas que, más que vida, provocan tristeza e inmovilidad en nuestras comunidades, quedándose en lo de siempre, no permite novedad y respuesta de Reino.

_Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia… Ir a mi ritmo, hacer las cosas a mi modo. Y Jesús responde con premura. Llegan tiempos nuevos. El Reino no puede esperar. Implica otro modo de estar presente y ponerse en camino sin seguridades. “El que echa la mirada al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios”. Nuestro mundo está convulsionado, su carta de presentación es la muerte, la violencia, la pobreza, desigualdad, el sufrimiento injusto de tantas personas. Problemas candentes como la migración, la violación de derechos especialmente de mujeres y niños, la corrupción que traspasa instituciones, organismos, personas. El Reino no puede esperar. No podemos estar mirando para atrás, nuestros propios planteamientos y modos de entender, en nuestras seguridades, a merced de nuestros miedos. Hay que ponerse en camino.

Seguir a Jesús, es estar disponibles, libres con la libertad que nos Imagen1propone Jesús, libres para el servicio, la nación, el trabajo de cada día que permita construir y llevar adelante ese sueño de Dios de una familia de iguales. Desprovistos de seguridades, al aire del Espíritu.

Seguir a Jesús implica estar siempre en camino, abriendo oportunidades de una vida más humana y de una paz más entrañable.

Seguir a Jesús es mirar siempre hacia adelante. Con novedad constante, con esperanza renovada, con ilusión en la única certeza de que otro mundo es posible. Y no solo posible, sino necesario: De ahí la urgencia de nuestra tarea como  seguidoras/es de Él.

Pero cómo nos cuesta dejar lo de siempre, el  vivir en la comodidad de lo que siempre se ha hecho; cómo nos cuesta acoger la novedad que implica arriesgarse a romper esquemas. Para eso hay que aprender a vivir en la libertad de ser para los demás por encima de nosotras/os mismas/os.

Hoy Jesús nos invita a seguirle. Nuestro mundo necesita una respuesta positiva. ¿Cuál va a ser nuestra actitud?

Buscar justificaciones… o seguirle sin echar mano al arado mirando atrás. En ello nos jugamos la vida y el Reinado de D**s entre nosotras/os.

 

Imagen3

 

Agenda para el Segundo Trimestre 2015

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad. Vita et Pax.

  • El 11 y 12 de abril: “Retiro de Primavera” en Daimiel (Ciudad Real), organizado por Vita et Pax y abierto a todas las personas que les pueda interesar.

Retiro

Retiro

de

de

Primavera

Primavera

 

 

 

 

 

 

  • En Madrid, del 17 al 19 de abril Formación de Formadoras organizada por CEDIS.

Descargar (Convocatoria-Triptico-2015.pdf, PDF, Desconocido)

 

  • II Jornadas Europeas de Institutos Seculares, del 19 al 21 de Junio en Salamanca.

Salamanca

 

  • I Encuentro grupos Vida y Paz de España en Valencia el 17 de mayo.

Cara I

Cara II

 

 

  • Próximas reuniones del Equipo de Consejo de Vita et Pax del 25 al 30 de mayo en Pamplona.

“Mi buen Jesús: yo quiero hacer algo por Ti”

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real.

Grupo Vida y Paz de Alboraya

Grupo Vida y Paz de Alboraya

Los cuatro grupos Vida y Paz de: Alboraya, Barcelona, Ciudad Real y Alicante iniciaron el nuevo curso con un retiro titulado así: “Mi buen Jesús: yo quiero hacer algo por Ti”. Llevamos ya algunos años de andadura de estos grupos y, poco a poco, nuestra identidad y nuestro compromiso, como miembros de un grupo Vida y Paz, tiene que ir avanzando.

Los grupos Vida y Paz no son sólo para sentirnos bien, -que eso es bueno-, o sólo para rezar, -que también es bueno- o sólo para formarnos. Claro que son todo eso pero son más, quieren ser mucho más. Somos grupos con una espiritualidad y una misión concreta porque bebemos de un carisma regalado por Dios: Vivir de la Vida de Jesucristo para ser en el mundo su Vida y su Paz.

Grupo Vida y Paz de Alicante

Grupo Vida y Paz de Alicante

Este retiro, con el que queremos inaugurar el curso, se basa en el inicio de nuestra fórmula de Oblación. Es una propuesta, una invitación, a cada uno y a cada una para decirle a Jesús, desde su situación, sus circunstancias personales y familiares, su edad, su libertad… “Mi Buen Jesús: yo quiero hacer algo por ti”. Y asumir las consecuencias de este ofrecimiento.

Es muy característico de Vita et Pax llamar a Jesús con el adjetivo bueno. Parece algo obvio pero es muy sugerente. El padre Cornelio, el fundador, se preguntaba: ¿cómo llamarle con una palabra que lo diga todo, que lo abarque todo y que sea síntesis de toda nuestra gratitud, de todo nuestro amor? Quizá no quepa otro que el de llamarle con el apelativo que Él mismo se aplicó, al definirse: ¡yo soy el buen pastor!…

Y decimos firmemente yo quiero. En palabras del P. Cornelio: No es solamente un buen propósito que se formula, un buen pensamiento que nos ronda, una idea piadosa y noble que se acaricia, sino que se trata de una decisión concreta que nace de una convicción íntima. San Ignacio lo llama “es mi voluntad determinada…”.

El fundador comentando esta frase decía: Parecería que, después de una entrada tan solemne, la manifestación tuviera que ser más expresiva que ese sencillo: Yo quiero hacer ALGO… ¿Solamente algo? ¡Algo y todo: algo que sea todo!.

Grupo Vida y Paz de Barcelona

Grupo Vida y Paz de Barcelona

Normalmente Dios pide algo, que en la catalogación de la gente cuenta poco, pero que termina por ser la base de algo grande. Visto en perspectiva, no podemos menos de reconocer sencillamente la desproporción entre la causa y los efectos que provoca. Veamos algunos ejemplos:

  • Ruth se queda con su suegra, una vez que su marido murió. Rut 1,16-18. Esta actitud y esta actuación las llevará a las dos y a la historia hacia el Mesías, Jesús de Nazareth, el Cristo: Rut será la abuela de David y, por él, de Cristo.

  • Isabel acoge a su prima María. (Lc 1,39-45). Isabel era la prima a la que María acudió, prometida, sí, pero soltera, y embarazada “antes de estar juntos” José y ella. Estar embarazada sin casarse en la comunidad judía de la época no era simplemente arriesgarse al rechazo o a las habladurías, sino a la muerte. Había, con certeza, que mantenerse a distancia. Pero Isabel en contra de todo sentido común, admitió a María en su casa. El ALGO de Isabel fue acoger a María sin condiciones y ayudarla a dar al mundo el Salvador.

  • María de Nazareth acepta su misión: (Lc 1,30-38). Su ALGO fue decir: HÁGASE. María acepta la misión, asume las riendas de su vida. Su fe no es un acto aislado y ciego, sino una opción de su persona total por Dios y por su propuesta. Con su “algo” María nos dio al Salvador, Jesús de Nazareth.

Concluimos diciendo: Yo quiero hacer algo… por Ti. Con esas dos palabras se redondea la frase inicial con las que queremos expresar nuestro compromiso de este año, queremos manifestar nuestra voluntad de hacer ALGO por Jesucristo.

Y en Alboraya, Barcelona, Ciudad Real y Alicante se oía el eco de una misma voz surgido del deseo profundo de muchos corazones: ¡Mi Buen Jesús yo quiero hacer algo por ti!

Grupo Vida y Paz de Ciudad Real

Grupo Vida y Paz de Ciudad Real

La cruz es signo de victoria

24º Domingo del T.O. La exaltación de la Santa Cruz

Por: Pedro Fraile.Tarazona

La cruz es patíbulo

Sería un grave error dulcificar la cruz quitándole todo su aspecto trágico. La cruz no es un juego de personas enfermas, ni un signo blando, ni una joya decorativa. La cruz es cruel porque es muy violenta, porque es sanguinaria y porque es patíbulo de condena.

Por extensión, la cruz representa todas las situaciones invivibles e insoportables del ser humano: enfermedades crueles, violencias inimaginables, pobrezas deshumanizadoras. Con la cruz no se puede jugar.

La cruz es signo de victoria

Ahí reside la gran paradoja cristiana. ¿Cómo es posible que hayamos convertido el patíbulo de un condenado a ser signo de victoria? Por extraño que parezca, sin embargo, la fe cristiana no va desencaminada. La fe cristiana solo se puede comprender desde la paradoja, no desde la videncia y uniformidad de sentido. La cruz es signo de victoria, porque es una cruz habitada

por aquel que ha amado hasta el extremo, transformando la violencia de la cruz en un símbolo de amor universal y gratuito. Es signo de victoria porque la cruz no es el punto final a la iolencia

que sufre Jesús, sino una puerta que se abre a la vida plena en la resurrección.

No es la victoria que humilla, sino la victoria en la que beben su esperanza los que más lo necesitan: las víctimas de este mundo. La cruz no invita al victimismo, ni propaga una vida humillada, sometida, reducida. Solo los que entran por la vía del amor, comprenden que la vida entregada, incluso por aquellos que no te aprecian o que no te conocen, es el único camino que lleva a la victoria: la victoria que humaniza y que reconcilia. Con los hombres y con Dios.

La cruz es signo de salvación

¿Por qué celebrar una fiesta dedicada a la cruz? Porque no exaltamos a los verdugos, ni a los violentos, ni a los crueles. Porque nos ponemos al lado de las víctimas, como lo hizo Jesús. Es

más, Jesús no solo se puso «al lado de las víctimas», sino que Él mismo fue una víctima. Jesús de esta forma abre un camino nuevo para adentrarse en el misterio del corazón y del sentido humano: la vida entregada es la única que puede salvar. Jesús no tomó los caminos usuales (gestión de poder, control de masas, decisiones vinculantes…) sino que fue víctima que perdona a sus verdugos, víctima coherente hasta el final de su vida, víctima que rompe la espiral de la violencia

… como Abraham

 

Por: Pepa Galarza. Vita et Pax. Ciudad Real.

Pepa GalarzaBuenos días: Voy a contaros un poco de mi destino en Ciudad Real. Como Abraham salí de mi tierra cuando ya tenía setenta y cinco años, y también me fié de Dios. Cuando Victoria me dijo si podía ir a Ciudad Real, le contesté de inmediato: ¿cuándo me voy? La verdad es que el cambio no me costó nada. Donde estoy me encuentro.

Al llegar, todo era nuevo para mí, cambio total de vida. Fui a Manos Unidas para ver si podía colaborar en algo y me acogieron muy bien, tenían Asamblea y me invitaron a participar, me quedé en el grupo de la Delegación. Tenemos reunión los martes por la tarde y en época de campaña lo que haga falta. También se organizan mercadillos para recaudar fondos para los “Proyectos que asume la Diócesis”, exposiciones de cuadros que donan los alumnos de la Escuela del Museo… Para todo esto hay que hacer turnos. Lo que se recauda es para Manos Unidas.

También en la Parroquia de San José Obrero me propuso Secundino, el párroco, que fuese al grupo “Tercer Mundo” como enlace de Manos Unidas. Nos reunimos cada 15 días los miércoles después de la Misa de la tarde. Tenemos todos los años por Navidad mercadillo para ayuda de algún proyecto Africano. En esta Parroquia es la única que se hace la Cena del Hambre en la Ciudad.

Hice los Cursos de Voluntariado de Cáritas y Manos Unidas. El de Manos Unidas fue on-line. Ya veis que primero actué y luego me formé.

También participo en la acogida de Cáritas de la Parroquia de San Pablo dos lunes al mes.

En Siloé encontré trabajo en cuanto me presentaron. Hablar de Siloé aquí es muy conocida la labor, muchas ya lo conocéis por haber pasado por allí y otras de oídas. Es un Centro de ayuda a drogo-dependientes donde voy los martes y viernes por la tarde, oficialmente, aunque algún día me llaman para suplir alguna voluntaria que por alguna causa no puede, o para acompañar algún chico al Hospital,

También he ido a recoger a chicos los lunes por la mañana que salen con permiso de Herrera de la Mancha (la cárcel) o el viernes a llevarlos.

Por Navidad se celebra el 24 la comida con los chicos y voluntarios, el Obispo acude y algún representante de Cáritas, algún trabajador Social y Auxi la Directora, vamos Ascen y yo, a veces también por la noche repetimos.

El fin de año asistimos a la cena de uvas que va acompañada de cantos, baile y zumos, de voluntarias estamos Ascen y yo.

Sábados y domingos, de vez en cuando, vamos al reparto de medicación y Metadona, para esto también cuentan con nosotras.

Tenemos muy buena relación con el equipo de trabajadores. Como veréis cada uno de los trabajos tiene su afán pero siempre prevalece y tiene primacía Siloé. Para mí fue una experiencia gratificante ni yo me lo creía, cuando veía alguien un poco raro por mi acera me cruzaba al otro lado de la calle y ahora son “mis amigos”.

 

 

 

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