SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA A LOS CIELOS
Por: Sagrario Olza. IS Vita et Pax in Cj. Pamplona
“Coros celestes cantan y alaban
a Nuestra Señora que sube a los Cielos…”
Durante muchos años he participado en la celebración de esta Fiesta, gozosamente, con este canto a María, la Madre de Jesús y Madre nuestra. Me he unido a la Fiesta de los Ángeles que acogen a su Reina por ser: Hija del Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espíritu Santo.
María, criatura humana como nosotras/os, fue elegida y “llenada de Gracia” para ser la Madre de Jesús, “el Verbo Encarnado”: “Dios de Dios”, “Luz de Luz”, “Dios Verdadero del Dios Verdadero”…
María, una joven sencilla de Nazaret, forma parte del Pueblo Judío que espera la llegada del Mesías y un día escucha en su interior la invitación a colaborar en el cumplimiento de la Gran Promesa de Dios: “… el Señor está contigo… Bendita eres entre todas las mujeres… “ Y bendito será el fruto de tu vientre… ¡¡¡si aceptas la Propuesta!!! Y nos dicen que María se turbó… “¿Cómo va a ser eso, si no conozco varón?”
Pero María también escuchó en su interior: “No temas… para Dios no hay nada imposible…”. Y María quiso colaborar y confió en Dios:
¡¡¡Fiat, Hágase…Y EL VERBO SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS…!!!
María quiere compartir lo ocurrido con otra mujer, que también ha sabido que “para Dios nada hay imposible” y va ser madre aún siendo “bien entrada en años”… Y las dos intercambian su gozo y reconocen la acción de Dios en ellas:
- “¿Quién soy yo para que me visite la Madre de mi Señor? Bendita tú, porque has creído… ¡¡¡Bendito el Fruto de tu vientre…!!!”
- “!!! Proclama mi alma la grandeza del Señor… porque se ha fijado en su humilde esclava…Porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí !!!”
Aceptar la Propuesta de Dios a María no le ofreció una vida fácil, andar por unos caminos llenos de luz en los acontecimientos de cada día… Treinta años en Nazaret, con José y Jesús, entre su amplia familia y sus vecinos… Tres años acompañando a Jesús en su “Vida Pública”, una más entre sus seguidores… No todo lo comprendía… todo lo interiorizaba… “Todo lo iba guardando en su corazón”.
¡¡¡Qué grande su dolor en la Pasión y Muerte de su Hijo!!!
El joven discípulo de Jesús, Juan, la acogió como madre y no se separó de los seguidores más cercanos que comenzaron a proclamar el Mensaje-Buena Noticia de su hijo. Tampoco habrían sido días tranquilos. Pero Ella y todos, vivían ya con la Luz de una Promesa cumplida: ¡Jesús Resucitado, Primicia de la nuestra!
No sabemos cuánto tiempo, cuántos años, vivió María entre su “nueva familia”. Llegado el momento final de sus días en la Tierra alcanzó el fruto prometido y logrado por su hijo Jesús: Elevada al Cielo para vivir junto a Él, acogida y aclamada gozosamente por todo el Coro Celestial.
Y celebrando a María nos gozamos con lo que también creemos y esperamos que será nuestro propio y definitivo destino final… También los Ángeles cantarán mientras la Madre nos acompañará hasta la presencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… y, junto a ellos y con Ella, viviremos por toda la Eternidad.
Y nosotras podemos decir, desde ahora: “Proclama mi alma la Grandeza del Señor…”

