Jesús Nos Traza El Camino
Por: Odette Mukshimana. IS Vita et Pax. Ruanda
Textos Litúrgicos:
Ez 37:12-14
Sal 129
Rm 8:8-11
Jn 11:1-45
Nos acercamos a la Pascua, Pascua alegría de vivir, la victoria de la vida sobre la muerte. La Pascua, el día de la resurrección del Señor, cuando Jesús venció a la muerte. Se aparece vivo a quienes lo acompañaron, quienes luego anunciaron la buena noticia a todos.
En la primera lectura, vemos que el pueblo se sentía perdido, desesperado y había perdido toda esperanza en Dios y en sí mismo. Se veían arruinados. Es como en el mundo actual; en diferentes países, mucha gente atraviesa las mismas dificultades, viven sin esperanza, se sienten arruinadas. Se preguntan ¿Dónde está Dios? También en muchas personas, el corazón está cerrado; no sienten la necesidad de escuchar la voz del Señor.
La buena profecía se cumple hoy: el Señor dice “abriré vuestras tumbas, os sacaré de ellas” os resucitaré y os traeré de regreso a la tierra de Israel. La esperanza puede regresar, y podemos reconocer que el Señor es Dios. El Señor nos hace una promesa: “infundiré en vosotros mi espíritu y viviréis”. La gente necesita este aliento porque está agotada por la guerra, el conflicto y la violencia. ¿Nos ayuda este aliento a levantar la mirada?
El Salmo, nos confirma que cerca del Señor está la gracia, la liberación completa. Por eso el Papa León XIII insiste, exhortando a todos a orar por la paz, sabiendo que Dios nos escucha. Confiemos en Él, porque es misericordioso y amoroso, y dejémonos guiar por el Espíritu Santo.
La segunda lectura, nos expone que el Espíritu de Cristo habita en nosotros y que quien no tiene el Espíritu de Cristo no le pertenece. ¿Quieres pertenecerle? Aquí tienes el camino más corto: Practica el verdadero ayuno, como dijo el Papa León XIII, evita las palabras hirientes como los juicios apresurados, la calumnia y la difamación, y en su lugar pronuncia palabras de bondad, esperanza y paz.
Esto es lo que nos presenta el Evangelio, que Jesús fue a Betania para resucitar a su amigo Lázaro, hermano de María y Marta. El Evangelio nos remite a las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad.
Cuando le dijeron a Jesús: “El que amas está enfermo”, Jesús trazó este camino de fe diciendo que esta enfermedad no lleva a la muerte, sino que su finalidad es para manifestar la gloria de Dios y que el Hijo de Dios sea glorificado.
La fe: como virtud, es la fortaleza para creer en Dios y adherirse firmemente a las verdades reveladas. Así, animó a sus discípulos a regresar a Judea, pues tenían miedo de ir, diciéndole: «Rabí, hace poco los judíos quisieron apedrearte, ¿y vas a volver allí?». Mediante la fe, confirma que quien camina de día no tropieza porque ve la luz de este mundo. La fe es el fundamento de la vida espiritual, pues permite «ver» lo invisible. Marta, al igual que María, suplicó al Señor: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto, Marta añadió; sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá”. Entonces Jesús le reveló que es El la Resurrección y la Vida: todo aquel que cree en Él, aunque muera, vivirá.
La esperanza: como virtud, representa una profunda confianza en la fidelidad de Dios y la certeza de la vida eterna. Cuando Jesús dijo que Lázaro dormía, sus discípulos comprendieron que, de ser así, despertaría. Jesús comprendió que no entendieron y les dijo claramente que Lázaro había muerto. Es la esperanza la que transforma la existencia al invitar a la perseverancia, razón por la cual uno de los discípulos, Tomás, dijo a los demás: «¡Vayamos también nosotros, para morir con él!». ¿Somos capaces de seguir a Jesús? La solidaridad de los judíos al acompañar a la familia de María y Marta en su dolor llevó a Jesús a realizar un acto de compasión. ¿A quién puedo acompañar? El mundo sufre de enfermedades y guerras; muchas personas se encuentran en situaciones angustiosas y desesperanzadoras, afectadas por la indiferencia y el egoísmo. Que esta Cuaresma nos acerque, de manera especial, a los amados de Jesús.
La caridad: signo de la proclamación de la Buena Nueva, es la mayor virtud y la fuente de todas las demás. Conmovió profundamente a Jesús, impulsándolo a declarar su amor desinteresado por Dios y su prójimo. Ordenó que se quitara la piedra de la tumba de Lázaro. La caridad es la fuerza motriz que guía toda vida espiritual. Jesús alzó la vista al cielo y oró a su Padre para que le diera vida. Durante esta Cuaresma, la oración es fundamental para encontrarnos con Jesús. Oremos juntos por la paz y la justicia. El mundo necesita urgentemente nuestra conversión y nuestra oración constante.
Mientras nos acercamos a tocar el fin de la Cuaresma recordemos prestar especial atención a los mayores, los enfermos, quienes sufren atrocidades y, sin olvidar, a los instigadores de las guerras…
En estos tiempos difíciles que atraviesa el mundo, ¿podemos mantener la esperanza y celebrar la Pascua de la Resurrección?
