V DOMINGO DE PASCUA
Por: Luisa Azor. IS Hija del Corazón de María. Sevilla
Textos Litúrgicos:
Hch 6, 1-7
Sal 32
1Pe 2, 4-9
Jn 14, 1-12
“Tiempo De Gracia”
“Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí…”
Hay muchas situaciones en nuestra vida personal y en el mundo que posiblemente nos hacen temblar, como si nos quedáramos sin suelo donde pisar de manera firme… Y cuando razonamos y queremos vivir desde nuestra lógica humana, perdemos de vista a Jesús y nos sentimos perdidos. Como Tomás y Felipe, queremos a Jesús, queremos seguirle, pero a veces, sin darnos cuenta, queremos ‘encajar’ a Dios en nuestros esquemas, en nuestra lógica:
“Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”, le dice Tomás.
“Señor, muéstranos al Padre y nos basta”, le dice Felipe.
La invitación de este domingo es una invitación a la fe, a fiarnos del que ha enamorado nuestro corazón y cumple su Palabra. Tantas veces queremos saber la ruta, el camino, ‘controlar’ a Dios, su presencia, su acción amorosa, que perdemos de vista que Jesucristo Resucitado es la respuesta a nuestra existencia y a nuestras preguntas. ¿Qué más necesitamos? La resurrección del Señor es la respuesta definitiva y misteriosa a la muerte, al dolor, al sufrimiento, al sinsentido. La relación personal e íntima con Jesús nos hace arder el corazón-como a los discípulos de Emaús-, nos enciende el amor, que fortalece nuestra fe y nuestra esperanza.
Con el salmo de este domingo repetimos: “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de Ti” (Sal 32).
Yo me pregunto: ¿Qué espero de Él? ¿Él es mi esperanza? ¿en Él, que es fiel hasta la muerte y ha resucitado, confío mi vida? ¿vivo con la certeza de que mi vida y la historia está en sus manos? Porque si lo espero todo de Él, lo recibiré todo de Él y no necesitaré más certezas que la seguridad de que Dios es, Dios está. Él es el camino, la verdad y la vida.
Dejemos que este tiempo de Pascua que es tiempo de Gracia, nos siga transformando; ¡cuidemos nuestra relación personal con Jesús, dejemos que nos hable al corazón, que nos abrace, que nos hable, que fortalezca nuestra pobre fe! Que el encuentro con Jesús Vivo vaya transfigurando nuestro corazón, nuestra mente y vivamos como resucitados. Ese será el testimonio más creíble de la Buena Noticia del Evangelio que podemos entregar en este mundo herido e infinitamente amado por Dios.

