III Domingo de Pascua
Por: Maite Menor Esteve IS. Vita et Pax. Guatemala

 

Textos Litúrgicos:

Hch 2, 14. 22-23
Sal 15
1Pe 1, 17-21
Lc 24, 13-55

“Todo Tiene sus Consecuencias”

 

Las lecturas de este III domingo nos adentran en la experiencia Pascual, una experiencia que es tan profunda que necesitamos tiempo para procesarla. Lucas en la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, utiliza un lenguaje directo y sin contemplaciones para dirigirse a los vecinos y judíos de Jerusalén, recordándoles que Jesús fue entregado y que ellos lo mataron. Lucas no menciona y olvida que los discípulos también le abandonaron en los momentos más críticos y que, una vez más, fueron las discípulas las que le siguieron, aunque fuera de lejos. Claro que esto no interesaba a las autoridades de entonces ni tampoco a las de ahora, que siguen no teniendo en cuenta el papel fundamental que desempeñamos las mujeres en las comunidades eclesiales, excepto para lo que a ellos les interesa y les conviene.

La lectura nos puede invitar a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cual tenemos con nuestras acciones y omisiones. Todo tiene sus consecuencias y, a veces, nos cuesta asumir nuestra propia responsabilidad. Estamos acostumbradas, por los medios y redes sociales, a echar la responsabilidad a los y las otras, siempre son los demás los responsables de lo que no nos gusta y de lo que pasa a nuestro alrededor.

El evangelio nos presenta a los discípulos de Emaús, un texto rico en contenido y enseñanza para nuestra vida de hoy. Ellos caminaban tristes y deprimidos porque sus expectativas de liberación, se habían esfumado y eso mismo, es lo que les impedía reconocer a Jesús que les acompañaba en su camino. ¿Cómo caminamos nosotras en este momento histórico en el que estamos y en la etapa de la vida en la que vivimos? ¿También añoramos viejos tiempos cuando estábamos en nuestro mejor momento, o vivimos desde la experiencia profunda de que Jesús nos acompaña en todo momento, sea como sea lo que estamos viviendo?

Recordemos que la resurrección de Jesús es una experiencia interior profunda, que nos hace vivir la vida con otro estilo, con otra actitud. La realidad histórica que vivimos no ayuda precisamente, a estas experiencias profundas, más bien nos invitan a la superficialidad, a lo inmediato que impide profundizar y analizar lo que pasa a nuestro alrededor, algo parecido a lo que les pasó a los discípulos de Emaús que no reconocieron lo que pasaba delante de ellos.

Creo que, si los y las seguidoras de Jesús vivimos la experiencia de la resurrección en profundidad, podemos hacer la diferencia en un mundo plagado de muerte, egoísmos, rivalidades y violencia. En esta “oscuridad” tendría que destacar con fuerza la luz de los y las discípulas actuales de Jesús. La Vida tiene que destacar por encima de todo y nos podemos preguntar si apostamos por la vida para todos y todas las que en este mundo la tienen amenazada y violentada. Hay muchas maneras de apostar por la vida y ojalá, las prisas o la inmediatez en la que vivimos no nos distraigan en el camino, como a los de Emaús.

Jesús sigue acompañándonos, abramos los ojos para reconocerle hoy, en tantos gestos de humanidad que a lo largo y ancho del mundo, manifiestan su presencia. Que nosotras sigamos haciendo gestos de humanidad para animar, levantar y liberar a todos los deprimidos y desesperanzados que encontremos en el camino de la vida.

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