Nuestro motor
Jesús en el centro de nuestra vida
Vita et Pax se mira en Jesús, en su vida, en su modo de tratar a los demás y Él se nos ha ofrecido como nuestra Vida y nuestra Paz.
Por eso, estamos llamadas a transmitir Vida y sembrar su Paz con el objetivo de aliviar el sufrimiento y dolor ajenos y propios.
A conseguir el reconocimiento de los derechos de todas las personas en igualdad y equidad.
A intentar conseguir que nadie se quede atrás, que todos caminemos en primera fila.
a la mesa universal
La mesa compartida, la Eucaristía, nos lleva a la propia vida, en la que todo se comparte, se celebra y cobra sentido en el gesto de “partir el pan”.Jesús continúa poniendo su morada entre nosotras, sigue viviendo con nosotras, codo con codo, cara a cara, en todas las vicisitudes de nuestra vida cotidiana.
Pues, para Vita et Pax hablar con Jesucristo supone una experiencia igual, hablar con Él como un amigo al que puedes contarle todo lo que ocupa tu pensamiento y tu corazón, las alegrías y penas de nuestro caminar; y cuando esté todo dicho hay que hacer silencio interior y sentir lo que nos sugiere su Espíritu. El silencio es un gran orador cuando nos ponemos en actitud de una escucha real y atenta.
Esta Palabra leída con hondura termina por apuntar al fondo de la persona y, a partir de ahí, brotan las palabras de sinceridad vital.
Su Palabra nos orienta y ayuda a profundizar en el conocimiento de su Persona y así, responder mejor a su proyecto.
Somos mujeres oyentes de la Palabra y a ella configuramos nuestra existencia.
La Liturgia celebra la vida, renueva la esperanza y anticipa sueños. Es un tiempo especial donde lo imposible se hace posible. En la fiesta, como en la Liturgia, tocamos el cielo, tocamos nuestros deseos con la punta de los dedos y experimentamos por unos minutos la delicia de la vida vivida en la libertad y en el amor.
