VII Domingo de Pascua. La Ascensión del Señor
Por: Paky Lillo. IS. Vita et Pax in cj. Madrid

 

Textos Litúrgicos:

Hch 1, 1-11
Sal 46
Ef 1, 17-23
Mt 28, 16-20

“La Promesa de Una Presencia Permanente”

 

En las lecturas de este domingo de la Ascensión se nos presenta un claro mensaje:
– Mateo nos dice que Jesús nos hace una promesa: Su Presencia será Permanente.
– En Hechos nos anuncia que su Ascensión no significa su Ausencia
– Y el Salmo nos canta que desde hace siglos Dios acompaña a su pueblo, en medio de guerras, terremotos, vaivenes y caos. Dios no promete ausencia de desgracias, conflictos, …lo que promete es una presencia en medio de todas ellas.

“Ell*s no Eran Tan Distint*s de Nosotros”

 

El Resucitado se encuentra con sus discípulos, seguro que tambien estaban las discipulas aunque no se nombres, de nuevo y ell*s siguen con sus dudas, Jesús nos demuestra que no rechaza a los que dudan, a los que buscan un sentido para sus vidas lejos de Él, ni a los que viven temerosos de un futuro que solo les ofrece incertidumbre, ni a los que sufren una crisis de fe, ni a los desconfiados y ansiosos, … es al contrario, los atrae y les confía una misión, les pide un compromiso y una presencia en el mensaje del Reino de su Padre y para ello nos ofrece su compañía … “yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”

Según nos relata Mateo, Jesús nos ofrece una invitación: “Vayan”, es una invitación a “no quedarse mirando el cielo” (como nos dice en Hechos) y no claudicar ante el riesgo de vivir solo en lo virtual, a llegar a ser indiferente al sufrimiento ajeno, a encerrarse en uno mismo. Jesús invita a escuchar, a vivir la paz, a defender la dignidad humana, en una palabra, a acompañar, igual que hizo y hace Él. A no quedarse únicamente en la palabra si no a actuar con honestidad, a vivir la solidaridad, a cuidar a los más vulnerables, en conclusión, a trabajar por la justicia y la fraternidad.

Así la misión que nos relata Mateo junto con la narrativa de Hechos de la Ascensión ilumina el día de hoy. Jesús nos envía y aunque Asciende, Jesús Permanece. La esperanza no es retener a Jesús, no es optimismo ingenuo sino confianza en una presencia fiel y activa que atraviesa toda nuestra historia hasta el final de los tiempos y en particular de nuestro tiempo.

En una sociedad donde da la impresión de que cada vez hay más individualismo y relativismo, estas lecturas nos recuerdan el mensaje del Reino que inspiró Jesús con su vida y refresca dónde está lo importante, más que en imponer ideas, en salir al encuentro de los demás, no dejarse vencer por el miedo; vivir con esperanza, transmitir valores a través de nuestra vida, y confiar en que no estamos sol*s en medio de los desafíos del mundo de hoy.

“Que Poco Hemos Cambiado”

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