“Domingo de Ramos”

Mar 24, 2026

Por: Rosa Belda. Mujeres y Teología. Ciudad Real
Textos Litúrgicos:

Is 50, 4-7
Sal 21
Fil 2, 6-11
Mt 26, 14-27.66

Dice el profeta: “El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento”. Me quedo con esta frase, aunque la siguiente tampoco tiene desperdicio: “Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos”. La sugerencia de abrirnos a la escucha y de ser capaces de decir una palabra a quien sufre, son toda una aventura, para quien se atreve. Podrían estar escritas al revés, ya que parece necesario escuchar, hacer silencio interior, de manera que pueda brotar una palabra que no sea rutinaria, convencional o poco comprensiva a la hora de consolar, de solidarizarme con quien lo pasa mal.

En esta carta, Pablo expresa bellamente como Cristo se despoja de sí y se abaja, y llega a sufrir la muerte, y una muerte tormentosa. Desde ahí, es Dios mismo el que lo levanta por encima de todo. Es impactante, si nos paramos a pensar, la hermosa agarradera que nos propone Pablo: Él ha sufrido, ha estado ahí donde tú estás, y aún más abajo, y aún más injustamente. Y desde ahí, es Dios mismo el que rescata, redime, reconforta

La lectura de la Pasión es rica, y por más que la oigamos, siempre nos resuena como algo tremendamente conmovedor. A cada una hay una frase o expresión que, según el momento de la vida que estemos atravesando, nos dice algo, se nos queda dentro. Recorremos algunas de ellas:
– “¿Soy yo, acaso, Señor?”: Hoy me pregunto, Señor, cuánto contribuyo yo con mis modos, con mi actitud, con mis omisiones, a que la muerte siga triunfando en el mundo.
– “Bebed todos, porque esta es la sangre de la alianza”: La invitación que me sigues haciendo es motivo de alegría en medio del dolor. Sigues diciendo que brinde contigo, que comparta, me sigues invitando una y otra vez.
– “Esta noche os vais a escandalizar todos por mi causa”: Y es que a veces decirme cristiana, creyente, me da vergüenza, me cuesta defenderlo, me da miedo. Dame Tú la fuerza para decir o para callar, pero que sea en fidelidad a ti.
– “Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo”: Esa expresión de tu dolor ¡está en tantas personas a las que acompañamos, con las que convivimos! Quedarme, no huir, es difícil, porque me cuesta dar mi tiempo, darme a mí misma.
– “Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad”: Con esta expresión que tanto nos sirve para orar en los momentos de dolor, me ayudas a reconocer tu humanidad, y tu referencia incansable a Dios como Padre. Es tu consentir lo que me da fuerza.
– “Jesús callaba”: En estos momentos en que una va teniendo una edad, me doy cuenta de la importancia del silencio, de callar, de no imponerme, de ser humilde, de no lucirme.
– “Lloró amargamente”: Y es que fallamos, y así es. No son tres veces sino que son ciento. Todos los días. Ese llorar de Pedro me identifica. Se hace consciente, qué grande, de que su impulso y sus arrojos, se convierten en negar a Jesús en el momento cumbre.
– “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”: Conectando con el salmo, ¡cuánta oscuridad que hemos atravesado y hemos de atravesar! Jesús grita este lamento, y así me da permiso para que yo también me lamente y grite cuando no veo nada.
– “Había allí muchas mujeres”: Nosotras, porque la sociedad nos daba menos importancia, podíamos estar cerca, observando y padeciendo contigo. ¡Qué privilegio! Hoy también, aquí estamos, solidarias, al lado de tantas personas sufrientes, queremos seguir tu camino, pegadas a Ti, confiando íntimamente en que la Vida se abre paso.

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies
Translate »