DomingoIV de Pascua
Por: M. Jesús Laveda. IS. Vita et Pax. Guatemala
Textos Litúrgicos:
Hch 2, 14. 36-41
Sal 22
1Pe 2, 20-25
Jn 10, 1-10
“Yo he Venido para que Tengan Vida
y la Tengan en Abundancia”
Jesús en su experiencia vivida como uno más entre nosotros y nosotras, se empeñó en hacernos comprender, con su actuar, con sus palabras y gestos que estamos llamadas y llamados a la vida plena. Se sigue empeñando en ello a través del tiempo. Pasó haciendo el bien, pero no lo entendieron; lo mataron, porque ponía al ser humano por encima de leyes y preceptos. Sus grandes preocupaciones fueron que las gentes no pasaran hambre. “dadles vosotros de comer…” que tuvieran una vida sana: “Jesús les dijo*: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos”, que hubiese buenas relaciones entre todas y todos “amaos unos a otros como Yo…”
Pero no lo entendieron. Seguimos sin entenderlo. Nuestro primer objetivo somos nosotros mismos, los demás no interesan, molestan, estropean el paisaje, sobre todo los más pequeños, indefensos y vulnerables. Nos preocupa lo nuestro, que no nos falte de nada, cuidarnos por dentro y por fuera hasta la exageración. Y que cada quién resuelva sus problemas.
Hemos dañado la vida de nuestra casa común y de todos los seres vivientes, humanos y no humanos. Hemos hecho, y seguimos haciendo, la guerra y matado la vida de tantos cientos de miles de personas, frente a la indiferencia de quienes vemos y escuchamos estas informaciones. La vida no importa, importa lo mío, lo nuestro.
No nos arriesgamos en favor de la vida de los demás, por si acaso nos quitan la nuestra. Y así seguimos, sin escuchar su voz que nos dice ·Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia”.
Claro, lo que ocurre es que lo hemos entendido mal. Jesús no está hablando del más allá, de la otra vida. Jesús está hablando de esta, la que ahora llevamos entre manos, la única de la que podemos responder hoy.
Jesús nos habla de que Él es el pastor bueno que se preocupa de cada una y uno de nosotros. Está cercano y acompañando nuestros proyectos, sueños, esperanza, necesidades, sufrimientos, inseguridades. Nos llama a vivir la vida a su estilo, con sus prioridades por nuestro bien y el de los demás. Porque solo una vida regalada y acogedora de la vida de los demás es la que nos puede plenificar y hacer felices.
Tenemos tantas oportunidades de acoger las mismas preocupaciones que tuvo Jesús y a las que procuró dar respuesta: hambre, enfermedad, desnutrición, violencia, guerras entre pueblos, países. Tenemos tantas oportunidades de conversión y vuelta al redil del Pastor Bueno: de nuestra intolerancia, intolerancia, exclusión, pobreza, desigualdades. Pero no escuchamos la voz del Pastor.
Y Jesús hoy, en su estrenada vida Pascual, nos da la clave: Jesús nos habla de una vida resucitada ya aquí y ahora, en nuestra experiencia diaria, en nuestra relación con los demás, en nuestra posibilidad de ayuda al próximo, al cercano, al lejano, invitándonos a la fraternidad y sororidad entre los pueblos, las comunidades, las familias. Dar de comer, sanar, abrazar, perdonar, trabajar por mejorar nuestro mundo. En cada uno de estos gestos y acciones es donde vamos a descubrir esa vida plena y resucitada de la que Jesús nos regala e invita a compartir, la vida que Él mismo descubrió en el amor incondicional del Padre Bueno, el Trascendente, el Soplo de vida, la RUAH de Di*s. Jesús es la puerta que nos permite penetrar en este misterio de amor y donación. Entrar por otro lado nos lleva a la muerte, el olvido, la insolidaridad. Por eso su Palabra sigue resonando en nosotras y nosotros: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

