Somos CUerpo... Cuerpo de Cristo

Domingo del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
Por: M. Carmen Martín IS. Vita et Pax in Cj. Madrid

 

Textos Litúrgicos:

Dt 8, 2-3. 14-16
Sal 147
1Co 10, 16-17
Jn 6, 51

Somos cuerpo… cuerpo de Cristo

 

La fiesta que celebramos hoy bajo el nombre del “Cuerpo de Cristo”, afirma la realidad de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Esta verdad de fe se remonta al cuerpo de Jesús durante los años de su vida terrena y se prolonga a la comunidad cristiana de todos los tiempos a través de la celebración eucarística.

El cuerpo de Jesús es medio de acceso a Dios. Esta fue la experiencia que vivieron las mujeres y los hombres que se encontraron con Él y que nos transmitieron a través de los evangelios: lo que habían visto y oído, lo que habían tocado con sus manos, era a Jesús, el testigo de un Dios amor, el hombre que pasó por el mundo haciendo el bien.

Jesús proclama la bondad de su cuerpo y de todo cuerpo, por eso, seguimos denunciando la antropología dualista y patriarcal que nos ha contaminado y ha hecho mucho daño al identificar espiritual con inmaterial y bueno, y lo corporal con material y malo.

Si lo espiritual, durante siglos, fue ajeno a lo corporal no es de extrañar que durante tanto tiempo “la vida espiritual” haya estado alejada y aún hoy, a veces, lo está, de una realidad donde la inmensa mayoría de los habitantes de nuestro mundo sufren en sus cuerpos el hambre, la desnutrición, la violencia, la tortura, el tráfico de mujeres y niños…

Por otro lado, el dualismo patriarcal, al identificar lo masculino con lo superior y lo femenino con lo inferior, niega de hecho, la igualdad fundamental del ser humano al priorizar y visualizar los cuerpos de los varones blancos y situar debajo, detrás e invisibles los cuerpos de las mujeres y más abajo aún si éstas son de otras razas: negras, chinas, indígenas…

La fiesta de hoy nos invita a luchar contra el dualismo patriarcal y recuperar la centralidad del cuerpo en la espiritualidad cristiana, si es que de verdad creemos que nuestra espiritualidad es de encarnación.

Recuperar una mirada unificada sobre nuestra persona es afirmar que somos un cuerpo, no que tenemos cuerpo. Un cuerpo físico, psíquico, energético, relacional, espiritual… El cuerpo nos unifica. La mente puede estar en varios sitios a la vez, ir y venir, pero la verdad de dónde estamos y de lo que somos la dice nuestro cuerpo.

El cuerpo es nuestra presencia, epifanía de nuestra persona, revelación; es un lenguaje no verbal: es la palabra que pronunciamos con nuestra actitud, nuestra mirada, nuestra conducta… Nuestros deseos y proyectos llegan a ser verdad cuando pasan por el cuerpo, cuando se hacen cuerpo y se verifican.

Al igual que el cuerpo de Jesús, nuestro cuerpo es lugar de la manifestación de nuestra persona, valores, ideales, de nuestra fe. En este sentido puede mostrarse como revelación no sólo de nuestra persona, sino de Dios; se hace acogida para la presencia del Invisible.

Somos cuerpo… somos cuerpo de Cristo. Nuestro tiempo busca mujeres y hombres testigos que, a través de su cuerpo, griten cotidianamente que Jesús nos ha hecho libres, nos ama hasta el extremo y permanecerá con nosotras para siempre.

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies
Translate »