Quién podrá salvarse

Domingo 21 TO. Ciclo C

Por: Conchi Ruiz Rodríguez. Mujeres y Teología de Ciudad Real.

El concepto de salvación, en ocasiones, ha parecido más una amenaza que un aliciente para la vida de fe y compromiso cristiano.

Se puede parecer a la dura carrera que emprendemos en un momento de nuestras vidas. Carrera en la que debemos saltar numerosos obstáculos y que tendrá su premio en la meta final. Como los atletas para participar en esta dura carrera debemos estar bien preparadas, realizar todos los méritos posibles o, de lo contrario, no conseguiremos llegar a la meta.

Las lecturas de hoy nos urgen a participar en esta carrera y, sobre todo, a ir bien preparadas.

Dice S. Pablo en la carta a los Hebreos: “… Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes y caminad por una senda llana…” y en el evangelio de S. Lucas dice Jesús: “Esforzaos por entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán…hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos”.

Mirando la vida de Jesús de Nazaret “la salvación” tiene otro sentido.

Se nos ha educado en la fe insistiendo demasiado en la perfección, en una agotadora carrera de esfuerzo personal dirigida a salvar dificultades y obtener méritos propios, para alcanzar en el último día el premio prometido: la salvación eterna.

La propuesta que hoy nos sugieren las lecturas es exigente. Jesús no se anda con rodeos, nos da un toque de atención ante la mediocridad y el ir tirando de nuestras vidas. Pasamos el tiempo dentro de los templos, de las comunidades, de los grupos, sin darnos cuenta de la propuesta nueva, comprometida y salvadora del evangelio. Se nos va la existencia sin experimentar el encuentro personal con Jesucristo.

El testimonio de vida que Jesús nos da es así de exigente. Su vida es entrega, pasión, especialmente por los últimos. Su vida es perderse, perder la vida que es lo más valioso que tiene, perderla por sus amigos, por todos y todas.

Hoy se nos pide iniciar este camino de perder la vida por los demás. Camino de gastarse, cansarse por los otros. Camino de buscar en nuestro interior para descubrir qué es aquello que nos hace más personas, qué es lo que nos impulsa a salir de nosotras mismas.

Os invito a buscar, a vivir esta Salvación que Jesús propone. Desde lo cotidiano y pequeño. Cada cual con nuestras circunstancias, nuestras cargas. Soltando lo que nos retiene, nos pesa, nos paraliza. Poniendo especial atención en los últimos, que también sean nuestros preferidos. Con decisión firme, desde el abandono y la confianza, porque nuestras fuerzas son limitadas, solas no podemos. Desde el encuentro personal con Aquel que nos conoce, sostiene y tanto nos quiere. Desde el convencimiento y la fortaleza de sentirnos alentadas y acompañadas por Jesús, Señor de los sencillos, para así ir dando respuesta a ese proyecto de vida que Él quiere para nosotras, para así ir construyendo un pedacito de Reino.

Desde ahí nos salvamos y salvamos todo lo que tocamos, porque no nos salvamos solas, sino en comunidad. Desde ahí vamos generando VIDA, vamos generando un mundo más humano, solidario y fraterno.

Nuevas miradas, nuevas respuestas, hoy

Jornada de Formación y Convivencia Cedis

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Despegamos

Por: Secretariados de Formación y Espiritualidad de Vita et Pax.

En julio tendrá lugar nuestra IX Asamblea General y estamos emocionadas y a la expectativa con todos los preparativos para este acontecimiento del Espíritu; el lema que nos orienta es “Vita et Pax, un camino de fraternidad en el mundo”. Las asambleístas que van a representar a todo el Instituto ya han sido elegidas y del 22 al 24 de marzo tuvimos reunión de asambleístas en Madrid, no pudieron asistir todas pero sí que las tuvimos presentes en todo momento.

Nuestra Directora General nos dio la bienvenida y a la luz del profeta Isaías (2,3) nos decía: “Se nos ha invitado a venir, a subir al monte, para constatar una vez más nuestro caminar a lo largo de estos seis años, experimentar la fidelidad del Señor junto al que caminamos, para que nos siga enseñando sus caminos, lo bueno que quiere para nosotras hoy desde nuestra realidad y que sigamos andando por sus sendas, siendo signos de la Vida y de la Paz”.

A continuación rezamos comunitariamente y tomamos conciencia de nuestro ser asambleístas por ‘vocación’. Las compañeras nos han elegido y, a través de ellas, Dios nos envía a participar en la IX Asamblea General de Vita et Pax. Él nos llama para una misión muy concreta y puntual y todas hemos respondido afirmativamente. Diferentes relatos vocacionales iluminaron nuestro proceso y nos fortalecimos porque, a pesar de la preocupación y la responsabilidad, sentimos cerca la presencia de Dios que nos sostiene.

El sábado estuvimos acompañadas por Víctor Pidal, presbítero, que nos ayudó en la metodología a utilizar y su mística. Fue un día rico y profundo que nos  introdujo, especialmente, en la espesura de la realidad y en la mirada de Dios sobre ella. Nos invitó a partir de la vida para volver a ella con las entrañas misericordiosas de Dios.

El domingo concretamos lo del día anterior, evaluamos, celebramos gozosas la Eucaristía y con el corazón y el ánimo bien dispuesto y con energía regresamos a nuestros lugares de origen. Nos acompañan las palabras del P. Cornelio, nuestro fundador, dirigidas a la IV Asamblea y ahora a nosotras: “… hemos calentado motores, escogido la pista, control, instrumentos, despegamos… El Espíritu Santo, el primer piloto del vuelo. Buscamos lo que es bueno, lo que es recto, lo que es mejor para Vita et Pax, y sabemos que todo eso y más nos da el Espíritu Santo, dador de la Verdad completa. La Verdad del Espíritu Santo: da Vida, da Paz…”.

Dios nos quiere a todos con Él

7º Domingo TO. Ciclo C

Dionilo Sánchez Lucas. Laico de Ciudad Real.

Cada  mañana cuando me levanto debo bendecir al Señor, cada día que sale el sol debo dar gracias a  Dios, por esas cosas cotidianas que acontecen, que pasan desapercibidas, que parecen no tener importancia, pero que nos dan la vida; por esa persona que está a nuestro lado y nos pregunta: ¿qué tal has dormido?, por el agua caliente que nos limpia y nos refresca; por el desayuno que nos alimenta y da energía para luego afrontar nuestro trabajo; por poder sentir la brisa de la mañana, desplazarnos a pie o en transporte; saludar a las personas que vamos encontrando y sobre todo a las que estaremos juntos gran parte del día.

Reconozcamos cuánto me ha dado Dios a mí en tan poco tiempo, para también nosotros hacer el bien, nos pongamos a disposición de los demás. Seamos el profesor o maestro que procura que sus alumnos aprendan conocimientos, respeten a sus compañeros, cuiden su entorno, despierten su fraternidad. Seamos el médico, el enfermero, el cuidador que escucha, observa y anima al enfermo, acompaña a la persona en su dificultad. Seamos la persona que está en la oficina que atiende al que llega, que resuelve sus problemas. Seamos la persona que está en la fábrica o el taller para hacer un buen producto que sirva a quien lo vaya a utilizar. Seamos quien está en la tienda o en el restaurante procurando agradar a los demás. Seamos el agricultor, pescador o minero, que ofrezca su sudor para obtener alimentos y bienes básicos, cuidando la naturaleza.

Llegarán otros momentos del día por los que ser agradecidos, en los que seguimos recibiendo el bien por el espíritu de amor del Señor. El encuentro y el compartir con nuestros padres, con nuestros hijos; el disfrutar un tiempo de lectura o escuchar música; el practicar algún deporte, pasear; asistir a reuniones, conferencias, encuentros en asociaciones; el poder tener tiempo para la oración o reflexión, dedicar tiempo a un voluntariado o entrega a otras personas.

Por todo lo que nos ofrece la vida debemos de reconocer a Dios tanto que hace por nosotros, en lo cotidiano de la vida y también por lo extraordinario: la enfermedad que se cura, la adicción superada, el trabajo deseado y encontrado, la amistad y el amor reencontrado, el hijo que nace.

Pero esa relación con las personas y con el mundo no siempre la vivimos bien: La falta de amor, respeto y comprensión en la familia; los desprecios, rencores y envidias en el entorno social; la falta de honradez y responsabilidad en el trabajo y otros ámbitos de la vida; la falta de solidaridad y cuidado con el pobre y el débil; la no acogida al inmigrante. Pero ahí está el Padre que nos trata siempre mejor de lo que merecemos, que es paciente y nos espera, que es compasivo y misericordioso.

En la Palabra de este domingo Jesús nos enseña el centro de su Evangelio, el amor por encima de todo. “Amad a vuestros enemigos, orad por los que os injurian; al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también el manto. Al que se lleve lo tuyo no se lo reclames”. Así escuchadas o leídas podemos pensar que es una llamada a la necedad, que es darle la razón al mal, aceptar y hasta arrodillarnos ante la injusticia. Pero todo lo contrario, es interiorizar que el odio no se combate con rencor, que la injuria se cambia con la verdad, que la guerra termina cuando surge la paz, que nuestros bienes son para compartirlos con los demás. Estas actitudes positivas más allá de pretender hacer méritos para que nos sean reconocidos, han de servir para cuestionar a aquellos que viven con el odio, la mentira, la injusticia, la violencia, la lujuria, atesorando riquezas. El juicio y la condena castigan a la persona, la ternura y el perdón son su libertad.

Que nuestra vida sirva para cambiar el corazón de las personas que no han conocido a Jesucristo, que el amor sea el principio y el fin de la humanidad, que el Reino de Dios esté presente en el universo, porque Dios nos quiere a todos con Él. 

La familia aumenta

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Madrid

La familia aumenta. La semana pasada tuve la suerte de participar en el encuentro del nuevo grupo de Vida y Paz que se ha formado en Alicante. Se reúnen los segundos martes de cada mes y, por el momento, el grupo lo componen cinco mujeres más otras dos que acompañan de Vita et Pax. Había muy buen ambiente, confianza y naturalidad. Parecía que se conocían de toda la vida, compartieron su historia personal y su experiencia de Dios, desde lo hondo.

Desde el Instituto Vita et Pax, una vez más, volvimos a presentar nuestra oferta, ofrecimos lo mejor que somos y tenemos: nuestro Carisma y Misión para que lo vivan desde su propia condición laical. Este fue un sueño que surgió casi al mismo tiempo de fraguarse Vita et Pax como Institución, la inquietud de que este regalo, que teníamos y disfrutábamos, no era sólo para nosotras. Y,  en la actualidad, son ya casi doce años los que han transcurrido desde que los primeros grupos Vida y Paz se iniciaron.

Cualquier Carisma es, en realidad, un camino concreto para vivir el Evangelio. Este camino será el elemento unificador, el puente que nos permitirá el encuentro con todas las personas que se sientan llamadas a vivir esta misma aventura.

El espíritu que nos anima en este proyecto es el que nos dejó el Concilio. El Concilio Vaticano II nos ofreció la eclesiología de comunión donde todos los miembros de la Iglesia se reúnen y sobre la que se establecen sus relaciones y su estrategia para servir a la misión común. Es decir, no buscamos establecer relaciones de dependencia sino de comunión.

Es una suerte el que tengamos ya mucho camino andando en común porque nos movemos en el ámbito de la secularidad. Somos un Instituto Secular, es decir, somos laicas que queremos compartir Carisma y Misión con otras laicas y laicos; de ahí, que la Teología del laicado sea la base de la cual partimos.

No tenemos prisa, las cosas de Dios van despacio. Somos conscientes de que los tiempos que corren nos llevan a ponernos ante el misterio del grano de mostaza del Evangelio y obrar desde su maestría (Lc 13,18-19). No pensamos en grandes grupos ni grandes proyectos. El grano de mostaza enseña a crecer con lentitud, a esperar y a depender de la bondad del terreno, de que no haya zarzas ni piedras en exceso…

Avanzamos sin prisa, sí, pero con esperanza. Estamos convencidas de que el Espíritu nos convoca e impulsa, barruntando que algo nuevo está naciendo… y ya lo notamos… (Is 43,18). Ese algo nuevo que nace hoy, es este segundo grupo de Vida y Paz en Alicante. ¡Bienvenidas a vuestra casa!

… Ven y sígueme

Por: Ascensión de Vicente. Vita et Pax. Madrid

No me resulta fácil expresar en unas líneas el proceso seguido en relación al descubrimiento de Jesucristo como centro de mi vida desde muy niña, y que por las circunstancias familiares de ser hija única, perder a mi madre en la adolescencia y vivir con mi padre de cierta edad, lo viví interiormente y, a veces, expresándolo de manera clara.  Fue un camino largo, pero que me ayudó a ir forjando mi ser, con esas ansias de entrega generosa a Él y al Reino por un lado,  y por otro no exento de momentos de oscuridad y de limitaciones en el camino.

La muerte de mi madre  fue un duro golpe, pues ella era una mujer sencilla, valiente y con una religiosidad ya un poco avanzada para la época y, por supuesto, yo estaba muy unida a ella. Fue quien me enseñó el camino espiritual y los valores del Evangelio. Este acontecimiento marcó mi vida y  me ayudó a madurar como persona, debiendo tomar responsabilidades avanzadas para la edad;  aunque supuso también el que hubiera en mí algunas  lagunas que,  aunque eran suplidas por otras realidades como puede ser el aspecto religioso y mi inclinación por vivir de la vida de Jesucristo, esas lagunas crearon en mí fallos y momentos de dificultad interior que con la gracia del Señor fui superando

No podría distinguir un tiempo exacto para situar la llamada entre esos años, la juventud y el momento de concretarla en el Instituto Vita et Pax. En todos esos años jóvenes viví dentro del ámbito de la Parroquia, con el acompañamiento de sacerdotes entregados que se desvivían para que nosotras, las jóvenes, viviéramos una espiritualidad centrada en la persona de Jesucristo y que nos culturizáramos con los medios de que disponíamos: biblioteca, cine, coro parroquial, preparación litúrgica y otros medios que yo procuraba aprovechar al máximo. Con todo ello la idea de una entrega total al Señor y la Misión, no se desvanecía de mi cabeza y de mi corazón.

Quiero destacar que en esa etapa viví con profundidad el Concilio Vaticano II que supuso grandes cambios en la Iglesia, manifestados en el cómo vivir la liturgia, la espiritualidad, entender la Iglesia como Pueblo de Dios etc., etc., y que marcó también mi vida.

Con todo este bagaje llegó el momento en que, tras la muerte de mi padre, me siento en la disyuntiva de dar un paso adelante en la concreción del cómo y cuál iba a ser el cauce de mi entrega. Durante un año intenté conocer y ver cómo podría encauzar mi vida: vivir una Consagración individual o entrar en una Comunidad de Consagradas. La vida religiosa en sí no me atraía. Entonces conocí esas comunidades de consagradas en el mundo y para el mundo, que vivían con bastante normalidad en la vida. Descubrí Vita et Pax, muy conocida por sus orígenes en Pamplona, las contacté y el año 1967 entré a formar parte de este Instituto.

Después de dos años de formación fui invitada a marchar a Japón,  donde un grupo de Vita et Pax colaboraba con la Misión Jesuítica en el país del Sol Naciente. Pasé cuatro años allí  en los que fui cultivando mi Oblación al Señor, acompañada por cinco compañeras de Vita et Pax y por la comunidad de Jesuitas con los que trabajábamos.

A la vuelta de Japón concreté  mi vocación profesional en el terreno social. Realizados los estudios sociales, fui invitada de nuevo por el Instituto para trabajar en la Emigración Española en Suiza. Allí fue concretándose mi Consagración desde el servicio a los emigrantes, en aquellos años el movimiento era muy importante en Europa. Procedían de los países del sur, necesitados de trabajo y los del norte de mano de obra. Viví unos años muy felices compartiendo, desde el espacio de la Misión Católica Española en Suiza, las necesidades que el colectivo español y una parte del  latino-americano tenían y necesitaban,  tanto en el terreno social, como en el pastoral. Tengo que decir que mi vocación se reafirmó, me sentí dando una respuesta concorde con los tiempos que se vivían y con una apertura grande a todas las dimensiones que la persona humana debe vivir: la religiosa, la social, la política… en fin, allí viví los años de la madurez humana y vocacional.

La llamada del Instituto a realizar un servicio en el interior de la propia Institución, cambió mi manera de realizar la Misión. Fue un servicio hacia adentro, compartiendo con mis hermanas la Misión que cada una desarrollaba, fuera en el terreno individual como en proyectos comunitarios o en la Misión “Ad gentes”. Fue otro periodo importante en mi proceso de seguimiento de Jesucristo.

Al final de esta etapa, ya en la madurez de vida, tuve el regalo de compartir mi vida en el proyecto de Vita et Pax en Rwanda. Misión difícil por la edad que tenía y por lo que supone enfrentarte a esa realidad mundial de las diferencias sociales, económicas, culturales y en todos los campos de la vida. Contemplar y vivir de cerca la pobreza, la exclusión, las injusticias… hacen que sientas una convulsión interior que no acabas de comprender ni de asimilar. Aquí sí que me tuve que agarrar fuerte al Señor, confiar en Él.

Hoy, desde mi situación de  jubilada, sigo disponible para el servicio allí donde se me necesite. Y puedo dar gracias al Señor y decir con el salmista: “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”.

“Las cuatro de la tarde”

Por: Secretariados de Espiritualidad y Formación de Vita et Pax

Encontrar a Jesús es antes que nada ser encontrada por Él: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros…” (Jn 15,16). En este encuentro descubrimos dónde vive el Señor y cuál es la misión que nos confía. Los evangelios presentan varios relatos de encuentros con Jesús. Entre ellos hay uno de Juan que resulta particularmente rico: Jn 1,35-39. Se nos narra cómo Juan Bautista muestra a Jesús como “el cordero de Dios” a dos discípulos suyos y estos dos se fueron detrás de Él. Jesús les pregunta qué buscan y ellos le responden con otra pregunta: dónde vives…

Juan Bautista cede el paso e invita a sus discípulos a seguir a quien él había preparado el camino, y lo presenta como el “cordero de Dios”. No es casualidad. Esta expresión nos traslada al Éxodo. El cordero de Dios es la víctima de la Nueva Alianza; Juan advierte, desde el inicio, que su sangre será derramada como la del cordero de la Antigua Alianza. No obstante, los dos discípulos siguen a Jesús. Antes de hacerlo han quedado advertidos de las dificultades y los conflictos que enfrentarán al tomar el camino del cordero de Dios. No es una ruta fácil.

El verbo “seguir” indica el movimiento de los discípulos tras los pasos del maestro; indica tanto la aceptación obediente a la llamada de Jesús como la creatividad exigida por el nuevo camino emprendido. Los discípulos lo hacen en silencio, un silencio cargado de sentido porque su seguimiento es ya una adhesión a su persona y una aceptación de las consecuencias. Han dado el primer paso.

Jesús rompe el silencio y les pregunta: “qué buscáis”. Interpelación directa, insoslayable, ella se encamina a discernir la calidad de esa adhesión. Jesús los sitúa delante de su verdad. No basa seguirlo, hay adhesiones que no son confiables y otras que se quiebran ante las primeras exigencias. La cuestión de Jesús se dirige a todas las personas que pretendemos seguirlo, cualquiera que sea la época a la que pertenezcamos.

Los discípulos responden con otra pregunta “dónde vives”. Con ella se autoinvitan a la intimidad de Jesús. Jesús invita a los discípulos a entrar en su terreno, a venir y ver dónde mora, a aceptar sus consecuencias. El texto, sin embargo, no da ninguna referencia sobre la vivienda de Jesús. Nada impide pensar que este galileo, predicador itinerante, no la tenía (Mt 8,20). Su misión le ha hecho ensanchar las fronteras de su morada y de su familia (Mt 12,50).

Juan mismo nos da, no obstante, una pista sobre la residencia de Jesús. En el prólogo a su evangelio nos dice: “La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros” (Jn 1,14). Ese es el lugar de la vivienda de Jesús: la tienda que puso en medio de nosotros, en el centro de la historia. Jesús vive en su tarea de anunciar el evangelio.

Eso fue lo que vieron los discípulos; y porque decidieron enrolarse en esa tarea, permanecieron con Él desde aquel día. Jesús y los dos discípulos –pronto seguirán otros- comparten la vida. El seguimiento de Jesús implica para todos el compromiso en una misión, para lo cual, como Jesús, es necesario acampar en la historia humana y desde allí dar testimonio del amor del Padre.

Juan no olvidó la hora en que encontró a Jesús: “Serían como las cuatro de la tarde”. Igual que todo hecho que marca nuestra vida, el recuerdo de ese encuentro permanece con detalle y deja huellas imborrables. La hora precisa no parece tener, en tanto que tal, significación para nosotros; efectivamente, nos sería igual que el acontecimiento hubiese tenido lugar a las diez de la mañana o a las dos de la tarde. En su pequeñez, la mención precisa de la hora se halla cargada de un profundo mensaje. Todas y todos tenemos de esos “cuatro de la tarde” en nuestras vidas, momentos fuertes de encuentros con el Señor en los que se alimenta nuestro ser y nuestro pozo espiritual. Son el manantial al que una y otra vez vamos a beber.

Dichoso quien camina en la voluntad del Señor

Domingo VI del TO, Ciclo A

Por: Cecilia Pérez. Vita et Pax. Valencia

Siempre me han interpelado estos libros que nos hablan de una sabiduría que sobrepasa nuestros límites y se cuela en nuestro interior como soplo de Dios, soplo del Espíritu que nos ilumina.

En la lectura de hoy del libro del Eclesiástico estamos frente a un maravilloso ejercicio de libertad cuando comienza diciendo “si quieres”. Es la introducción a la Palabra de Dios de este domingo que plantea un tema que va desarrollándose y ampliándose en profundidad.

Justo es preguntarse ¿Qué quiero? ¿dónde están puestos mis deseos, mis intenciones, mis riesgos, mis compromisos…?

Porque puedo elegir. Porque soy libre. Es más de lo que cualquier otra oferta se atrevería a proponer: “delante del hombre están muerte y vida” y esto no es cosa baladí.

El producto de mis actos, el ejercicio de mi voluntad, mis prioridades, mi escala de valores en la vida, son fruto de esa libertad que me constituye persona y que es don de una sabiduría eterna e inconmensurable, y solo responsabilidad en este caso, mía; en cualquier otro, de cada cual.

No puedo engañarme y pensar que otras circunstancias, otros momentos, otras personas cambiarían el resultado de mi actuar, la honradez de mis intenciones, la verdad de mi vida.

También en la 1 Carta a los Corintios la liturgia de hoy vuelve a insistir en el tema de la sabiduría y nos recuerda que la de Dios no se parece en nada a la del mundo, calificándola de misteriosa, escondida… , revelada por el Espíritu para nosotros, los que amamos a Dios, y predestinada para nuestra gloria.

¿Por qué las personas seguiremos guiando, conduciendo la historia de nuestro mundo por nuestra sabiduría que en definitiva es pobre e inconsistente?

El Sermón del Monte se hace poema, se hace oración en este Salmo 118; el salmista proclama que sabe dónde encontrar la felicidad: caminando en la voluntad del Señor y buscándole de todo corazón. Maravillosa oración de petición: ábreme los ojos, muéstrame tus leyes, enséñame a cumplir tu voluntad.

Aquí el secreto, en definitiva, enséñame a usar mi libertad.

¡Si está tan claro!

Y al final, en el Evangelio, Jesús replantea a sus oyentes y nos replantea los Mandamientos de la Ley, la puesta en práctica, de nuevo, de esa voluntad de Dios que orienta y enriquece nuestra vida, la resitúa frente a la hipocresía, la ofensa, el escándalo y junto al respeto a la vida, la dignidad del ser humano, el perdón, la reconciliación, la integridad, la verdad.

¡Vaya repaso a los Mandamientos, a la Ley de Dios que es la Ley del amor. Vaya manera de ejercer la libertad, de elegir la vida y no la muerte!

Y“si cuando vas a ofrecer tu ofrenda…” y si cuando vas a la Eucaristía… y si quieres de verdad vivir la Eucaristía y ser de los míos…, “te acuerdas de que alguien tiene algo contra ti…”

¿Alguien, muchos…?

¡Enséñame a cumplir tu voluntad, a usar bien mi libertad. A elegir VIDA, Señor!

Bienaventurados los pobres, los olvidados de la tierra

Domingo IV T.O. Ciclo A

Por: Ascensión de Vicente. Vita et Pax. Madrid

Seguimos con el Tiempo Ordinario, tiempo importante, pues nuestra vida transcurre en la realidad de cada día la que nos toca vivir a cada uno/a. La Iglesia nos propone este año el  Evangelio de Mateo, que nos ayuda a seguir profundizando en  el Mensaje de Jesús a través de su vida pública.

Poco sabemos de los años que Jesús vivió en  Nazaret, pero sí, podemos vislumbrar  cómo a través de una vida ordinaria fue forjando la llamada de Dios para anunciar la llegada del Reino.

Hoy la liturgia nos ofrece la puesta en marcha de esa Misión, y nos lo presenta de una manera solemne, sube a la Montaña, se sienta y comienza a proclamar LAS BIENAVENTURANZAS. Sabemos que con ello los  seguidores de Jesús tendríamos suficiente, es un programa completo para vivir y construir su Reino. Llegan a lo más profundo de nuestro ser de creyentes.

Sofonías en la 1ª lectura también nos invita a vivir en la humildad y la sencillez, practicando la justicia y la moderación, es como una preparación a lo que Jesús va a ofrecernos en el Sermón de la Montaña.

Qué significa hoy ser pobres. Pobres son los que carecen de todo y ponen su confianza en Dios. Contemplando la realidad podemos afirmar que pobres son aquellos que viven al margen de la realidad, los desposeídos de la tierra, los hambrientos, los emigrantes y exilados, los que no tienen trabajo, ni techo, excluidos de nuestra sociedad.

Jesús sigue diciéndonos quiénes son dichosos, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón los que trabajan por la paz, los perseguidos…….

Cómo  podemos traducir al lenguaje de hoy las Bienaventuranzas. Cómo interpretar y vivir la mansedumbre, la compasión, la búsqueda de la justicia, de la igualdad. Cómo ser misericordiosos. El Papa Francisco en su deseo profundo de hacer una Iglesia misericordiosa, nos hizo la propuesta de celebrar el año de la Misericordia que acabamos de clausurar y en ella no ha ahorrado ocasión de invitarnos a vivir la misericordia, a ser misericordiosos como centro de nuestra vida cristiana. ¿Hemos comprendido el mensaje del Papa? ¿Nos hemos hecho planteamientos concretos en nuestro ser de cristianos? ¿Hemos aprovechado ese momento de gracia?

Ser constructores de PAZ, esa paz de la que tanto hablamos y tan pocos resultados constatamos. Cada día parece que estamos más lejos de lograrlo, vivimos en una guerra permanente según frase del propio Papa Francisco. No puede haber Paz si no hay justicia, y estamos también muy lejos de esta realidad.

“Estad alegres y contentos… -termina Jesús en el monte- porque vuestros nombres están escritos en el Cielo”.

Qué hermoso el Sermón de la Montaña… ¿qué sería del mundo, si cada creyente intentara  vivirlo? Necesitamos ser conscientes de que Dios no ha elegido a los sabios del mundo, sino a la gente sencilla, “en Cristo Jesús hemos sido hechos sabiduría, justicia y salvación”. De esta manera podemos creer que sí, podemos entrar o continuar en el camino que nos propone Jesús. Podemos ir dando pasos colaborando con ello a la llegada del Reino, Reino de justicia, amor y paz.

Terminamos haciendo nuestra la oración del Salmo 145: “El Señor hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos.  El Señor libera a los cautivos”.

Grupo Vida y Paz de Barcelona

Sagrada FamiliaPor: Flor Pedrero. Vita et Pax. Barcelona.

Nuestro encuentro fue el 16 de enero. Comenzamos con la plegaria al Espíritu Santo. Nos detenemos subrayando lo que cada uno quiere compartir. A continuación retomamos el tema Ad Gentes: Actividad misionera de la Iglesia. Fue muy rico e interesante, compartimos algunos puntos:

  1. Haciendo un poco de historia

Constatamos que a pesar de haber celebrado los 50 años del Concilio Vaticano II, ha sido poco leído y difundido, dejando pasar la ocasión para haber motivado a los cristianos a leerlo y, saborear todo lo bueno que supuso este acontecimiento para la Iglesia. “Abramos las ventanas a la Iglesia y, al mundo”. Iglesia en salida nos dirá hoy el P Francisco.

  1. Volver a la riqueza espiritual y humana del Vaticano II

Es iniciar un camino que nos adentra en su gran riqueza espiritual, eclesial, social, de relaciones con el mundo, con otras religiones cristianas y no cristianas. Uno de los Decretos salidos de la reflexión de los Padres sinodales, está el llamado “Actividad Misionera de la Iglesia” conocido como Ad Gentes. El núcleo central de la acción pastoral es la evangelización.  Nos animamos a leer el Documento y, a ir escudriñando en el Concilio Vaticano II.

  1. Objetivo del Decreto Ad Gentes

Como su mismo nombre indica, tiene como objetivo: la evangelización en los pueblos donde no ha sido anunciado el Evangelio. Vemos hoy en nuestro ambiente cómo los niños y las familias vienen a solicitar los sacramentos, por lo general sin haber oido hablar del Evangelio. Por otra parte constatamos que la mayoria de las personas  que cumplen con el precepto dominical se implican poco en las celebraciones y, no se integran activamente en la Comunidad. Todo buen evangelizador, crea interrogantes en sus oyentes con su propia vida. Los que aceptan el mensaje y, lo viven, se convierten en discípulos y, amigos de Jesús.

  1. El Vaticano II

El Vaticano II presenta a la Iglesia como: “sacramento universal de salvación”. “La Iglesia no está verdaderamente formada, no vive plenamente, no es señal perfecta de Cristo entre los hombres, en tanto no exista y trabaje con la jerarquia un laicado propiamente dicho”. “Los fieles seglares pertenecen plenamente al mismo tiempo al Pueblo de Dios y a la sociedad civil”. “La obligación principal de los seglares, hombres y mujeres, es el testimonio de Cristo, que deben dar con la vida y con la palabra.

  1. Papa Francisco

 La evangelización obedece al mandato de Jesús: “Id y haced de todos los pueblos mis discípulos …”. “En la Palabra de Dios aparece permanentemente este dinamismo de salida que Dios quiere provocar en los creyentes. Todos somos llamados a esta nueva “salida” misionera. Cada cristiano/a y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar esta llamada. Sí, todos, todas podemos encontrar esas ¡periferias existenciales” en el entorno en que vivimos.“ lo que hicisteis con un hermano mío de esos más humildes, lo hicisteis conmigo” (Mt. 25,40).

La participación y aportaciones de todos los participantes en la reunión fueron muy buenas, siempre nos ayudan a fortalecer nuestra fe y a afianzar la fraternidad. Faltaron fisicamente María S y Elena que, por supuesto, estuvieron bien presentes entre nosotros, al igual que Loren que desde el País Vasco nos acompaña en cada encuentro y llama por telefono para hacerse presente; nos ha pedido que le enviemos los temas y, así lo haremos, así queda efectivamente y afectivamente unida a la familia.

Ya está en Barcelona Lola (mamá de Paqui) que participa con mucha ilusión y, feliz de compartir con nosotros. Concluimos haciendo el intercambio de regalos del amigo invisible, participaron también Emili y Patrick y continuamos compartiendo cena y fraternidad.

 

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