Relaciones de fraternidad

Relaciones de fraternidad

Fiesta del Bautismo del Señor

Por: M. Ángeles Gallego Bellón. Mujeres y Teología de Ciudad Real

En la Navidad y la Epifanía hemos celebrado los que pueden ser los momentos más determinantes de la historia de nuestra religión.

Dios ofrece una nueva alianza a su pueblo y para ello envía a su hijo, un Hombre. Esta es la fuerza del misterio de la encarnación.

Dios opta por la humanidad, opta por cada uno de nosotros en Jesús, su hijo amado.

Hoy rezaremos al Espíritu Santo, al que el Papa Francisco llama “el gran olvidado”. Necesitamos pedir ayuda al Espíritu Santo que todos hemos recibido en el bautismo, y encontrar la valentía necesaria para que nuestros actos estén en consonancia con la Fe que profesamos y con lo que Jesús, con su vida, nos mostró.

En la primera lectura, Jesús es el escogido que revela su mansedumbre y sensibilidad, pero, al mismo tiempo su espíritu de justicia y verdad. La humanidad actual está necesitada de cualidades amorosas, sanadoras, pero también de fortaleza.

Hasta cuatro veces aparece la palabra Justicia. Justicia no sólo con su pueblo y sus amigos, Justicia para todos los pueblos.

Esta maravillosa palabra, un poco pisoteada en todos los tiempos y bastante ausente en nuestros días, que rompe pueblos y personas, en muchas ocasiones queda oculta bajo intereses y dominación.

Jesús empeñó su vida en ella, ahora está en nuestras manos seguir sus pasos.

El salmo es un canto de alabanza a Dios creador, a su potestad sobre todo lo creado “Gloria al hacedor de todo bien.”

Igual que David, damos gracias al Altísimo porque nos protege y da seguridad. Su poderosa sombra nos arropa.

Así van transcurriendo las lecturas de este domingo con un claro matiz de positividad y buen talante.

En las palabras de Pedro, Dios envía a su pueblo al que va a enseñar la justicia verdadera, Jesús, el ungido que andará haciendo el bien y sanando a todas las naciones.

Esta es la fe de Pedro y así la expresa. Un solo Dios para todos, sin restricciones ni favoritismos, un Dios en el que cabe el mundo entero.

Es la escena del Bautismo de Jesús la que viene a romper el silencio de años en Nazaret.

En el bautismo cristiano, el agua es el principio de la vida, este sacramento se hace generalmente cuando somos aun pequeños y los que nos cuidan y nos quieren piensan que nuestra alma también va a necesitar cuidado.

Pero analicemos un poco la escena que Mateo nos propone, ubicada en el río Jordán.

“Este es mi hijo amado en quien me complazco”. Dos hombres: Juan y Jesús, el primero que reconoce con humildad la superioridad del segundo, se da cuenta y quiere ponerse en segundo plano. Jesús por su parte quiere seguir el plan del Padre. También hay humildad y abajamiento en su proceder.

Recibir el Espíritu Santo en forma de paloma y ese abrirse los cielos, es como si Dios   pusiera su sello personal sobre lo que está pasando.

En una vida tan marcada por las luchas de poder, encontrar ejemplos de relaciones de fraternidad que construyan comunidad…eso siempre suma. Aunque haya que quedarse en un segundo lugar.

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