“Y en la tierra Paz a las gentes de buena voluntad”

“Y en la tierra Paz a las gentes de buena voluntad”

Por: D. Cornelio Urtasun

“Ya todo se ha cumplido”.

“Se han cumplido los días para que María dé a luz a su Hijo Primogénito”.

“Ha enviado el Señor la Redención a su pueblo”.

“El Salvador del mundo ha aparecido como el sol y ha bajado al Seno de la Virgen como el rocío sobre la pradera, Aleluya”.

“¡¡JESUCRISTO HA NACIDO. VENID Y VAMOS TODOS A ADORARLE!!”

¡Jesucristo ha nacido! ¡¡Alegrémonos!!

“Acaba de nacer hoy Jesucristo; hoy mismo se ha manifestado el Salvador; en este día cantan los Ángeles en la tierra, en medio del regocijo de los Arcángeles, y los justos de la tierra gritamos a voz en cuello con el corazón transido de gozo:

 Gloria a Dios en las alturas. Aleluya”.

¡Cómo no nos vamos a alegrar, cómo no vamos a cantar, si vemos renacido entre nosotros, dentro de nosotros, al Unigénito del Padre, al lleno de Gracia y de Verdad, a Aquel por cuyos ojos suspira toda la tierra!

En este día santo de verdad, necesariamente tenemos que repetir la consigna de San León, en la cuarta lección de los Maitines de esta noche: “Ha nacido hoy, hijos míos, nuestro Salvador: ¡Alegrémonos!”.

Buscábamos y hemos encontrado. Llamábamos a la puerta y nos la han abierto. “¡Oh misterio soberano y admirable sacramento: los animales vieron al Señor nacido y reclinado en un establo”, hace veinte siglos. Y hoy nuestros ojos lo contemplan renacido y habitando en nuestras almas. Misterio de los misterios aquel nacer de Cristo entre bestias: prodigio sin nombre este nacer y vivir de Cristo en nuestras almas. ¡Cómo no vamos a cantar y bendecir al Señor?

El que tiene una belleza sin igual entre los hijos de los hombres; el que tiene una sonrisa fascinadora, el nacido de Santa María Virgen, la azucena florecida sobre el retoño de la vara de Jesé, es ya posesión nuestra, VIDA nuestra; vive, habita YA DENTRO DE NOSOTROS. ¡Oh misterio de misterios y prodigio de amor!

Extasiados contemplamos el cuadro de nuestra Navidad. Los cielos que chorrean miel por todas partes: los ángeles que cantan el “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz para las gentes de buena voluntad”, la Virgen María que viene a asistirnos en este nuevo nacer de Cristo en nuestras almas, a fin de que cuidemos bien al que Ella nos ha dado. ¡Oh misterio de Amor!

Ha nacido Jesucristo. Me ha traído su Paz, Su Vida.

Yo ¿Qué le doy? ¿Qué le guardaba para estos momentos?

Estas horas dela Navidadson el idilio más sublime que los hijos de los hombres pueden forjar. Alrededor de los “Belenes”, grandes y pequeños festejan el nacimiento del Dios Niño. En muchísimos ambientes se habrán ido recogiendo durante todos estos días del Adviento las “pajicas” de sacrificios sin cuento. Más de uno, más de dos, dicen… ¿Qué no daría, si tuviera, al Dios que acaba de nacer? Resuena en nuestros oídos la ingenua copla gallega:

Todus le regalan algo

Eu que Le regalairé…

Un pucherud de manteca

E un terriñu de miel.

El ha nacido, ha venido a vivir en mí. Me ha traído  ¡¡SU PAZ!! SE ME HA DADO SIN RESERVAS. “Eu… ¿Qué le regalairé?!

Hijo mío: ¿quieres que te lo diga?:

Espera tu BUENA VOLUNTAD.

Si me preguntas que te explique qué es eso de la BUENA VOLUNTAD, te diré que ni yo mismo te la sabría definir en términos demasiado precisos. Pero a falta de una definición completa e impecable, sí te podré dar unos cuantos puntos de referencia exactos. Te pondré delante el espejo de un “Hombre de Buena Voluntad”, así podrás ofrecer al Señor ese presente, que El te pide y me pide y que está al alcance de todas las fortunas, hasta de la mía y de la tuya.

Cuando tú y yo nos encontramos con un determinado y bastante poco frecuente tipo de hombres, comentamos que tiene un corazón de oro, que tienen más buena voluntad… Son los hombres desinteresados, sacrificados, amigos de hacer favores. Cuando se nos echa a la cara uno de ellos ¡Qué pronto lo reconocemos y qué gusto nos da tratar con él! Quizá no hace nada del otro mundo, ni nos da algo que cueste mucho; pero lo hace todo tan de buena gana, con cara tan de Pascua, que solamente por el gusto de verle hacer las cosas da ganas de pedírselas. Esos hombres, en el terreno humano, son los de “buena voluntad, los de corazón de oro.

Y para el Señor ¿Quiénes son los “hombres de buena voluntad”?

Son hombres de buena voluntad, los puros, los limpios de corazón, las gentes sencillas que no saben más que de caminar en sinceridad y rectitud de intención; los que no tienen otra preocupación que la de hacer en todo y por todo la santa voluntad de Dios, aquí en la tierra como la hacen las almas bienaventuradas en el cielo; los que en todo no ven otra cosa que el cumplimiento entero del querer del Padre que está en los cielos; los que procuran pasar sus días en un confiado amén y un sereno aleluya; los que todo lo ven de un santo color de rosa, porque nunca atisban, ni anhelan, la mala intención que pudo haber en lo que les hicieron o prepararon y porque tienen muy presente que nada pasa que el Señor no lo haya dispuesto expresamente, o permitido, para su bien; los que tienen el “sí” pendiente de sus labios, lo mismo cuando les piden preparar un cáliz que coger al hombro un saco de carbón.

Hacen las delicias del Señor por su “Buena Voluntad”, los que viven siempre contentos con su suerte, procurando sacar el mayor partido posible al momento y circunstancia presentes que la ven dispuesta por el Señor para su santificación y nada más que para ella; los que nunca piensan en sí y no sueñan más que en darse, en darse por completo; los que se olvidan de sí tan por completo que les cuesta trabajo el “encontrarse”; los que tienen el hombro siempre dispuesto para todo, sobre todo cuando la gente fácilmente busca la manera de hurtarlo.

En una palabra, son gentes de “buena voluntad”, todas aquellas que no viven más que para el Señor y todo lo que con El se roza, ni tienen otra preocupación que la de ser la alabanza de su gloria.

¿Ha sido detallada la descripción? Si me urges diciendo que te gustaría ver todo eso plasmado en un tipo que te sea conocido, te diría que te fijes en la que ha sido la puerta por donde ha entrado el Señor a tu alma en esta su nueva Navidad: ¡¡La Virgen María!! Fíjate bien en ella y observarás que la “Buena Voluntad” le chorreaba por todas partes. Así la bendijo el Señor. Por eso, siglo, tras siglo, enronquece la Humanidad llamándole a boca llena ¡¡Bienaventurada!!

¡Ha nacido Jesucristo! Tú estás loco de alegría. Es muy justo.

¿No te gustaría que Jesucristo se sintiera también plenamente feliz en tu alma, de manera que se sintiera dichoso de VIVIR permanente y perennemente en ti?

Tienes una manera muy sencilla de conseguirlo: ¡Dale tu “Buena Voluntad”!

Ha venido para inundarte de Su Paz. ¿Sabes sobre qué la quiere asentar?

¡¡Sobre tu “Buena Voluntad”!!

Si tú, como yo, te encuentras un poco escaso de esa “Buena Voluntad” corre; no te descuides, busca a Aquella que tan llena de Ella vivió y que no ha querido dejar de asistir a este nuevo Nacimiento de su Hijo en tu alma. Dile que te ayude a ser hombre de buena voluntad, para que el que ha nacido en TI, VIVA Y CREZCA vigorosamente hasta absorberte por completo.

¡Oh Jesús que has nacido!

¡Oh Jesús que vives en mí! ¡Que mi “Buena Voluntad” te entusiasme y tu  P A Z  me inunde!

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