Allanar caminos

Allanar caminos

2º Domingo de Adviento. Ciclo C

Por: Mª Carmen Nieto León. Mujeres y Teología. Ciudad Real

El Proyecto de Dios es un Proyecto de felicidad. Un Proyecto de Amor para las personas. Ahí es donde está su fuerza y su grandeza. Pero el problema viene cuando ese Amor y esa Felicidad no la tienen todas las personas. Dios quiere justicia, quiere misericordia, pero la quiere para todos y todas. Vivimos en un mundo donde lo importante no son las personas, ni su felicidad. Vivimos en un mundo donde la mayoría quiere acumular, quiere tener y ser más que los demás. Y entonces se rompe el Proyecto de Dios. Porque si unos acumulan y acumulan otros se ven desposeídos y privados del acceso a las cosas que le han de dar felicidad, y cuando hablamos de cosas hablamos de cosas materiales, sí, pero también de cosas espirituales, de derechos, de respeto, de compresión, de relaciones….

Ahí es donde hemos de estar los cristianos y las cristianas, ahí es donde se nos tiene que notar que creemos en el Proyecto de Dios. Y muchas ya lo hacemos, intentamos colaborar con el evangelio desde la alegría de sentirnos mediaciones entre él y el mundo, y eso nos lo agradece hoy San Pablo. Lo intentamos, nos empeñamos en ello, hacemos de ello el principio de nuestra vida y hasta nuestra profesión. Ese empeño tiene que ser constante, a pesar de que llueva dolor a diario, a pesar de que a veces no encontremos sentido a lo que hacemos, porque son pequeñas acciones, pequeños gestos si se comparan con el dolor que son capaces de generar los grandes poderosos, los que tienen dinero, recursos, los que dirigen el mundo según un valor absoluto: el dinero y el poder.

Estamos en tiempo de adviento, en tiempo de esperanza, de allanar caminos, de creer que nuestro Señor es grande, que su proyecto merece la pena, que sólo, si lo hacemos posible, el mundo se salvará de tanto dolor, de tanta desigualdad, de tanta ignominia.

El Señor ha estado grande con nosotros y se nos tiene que notar la alegría que nos viene del evangelio. A veces lloramos cuando escuchamos el sufrimiento de tantas personas que se dejan la vida por huir de la barbarie, lloramos con los que lo han perdido todo y se sienten sin norte viviendo en nuestras calles. Lloramos con los que malgastan su vida buscando placer hedonista con el que pretenden dar sentido a su vida y no son capaces de ver el dolor en las vidas ajenas. Pero Dios es amor, mientras estamos con estas personas, mientras nos duelen las entrañas por estas realidades no hemos de olvidar que estamos sembrando, que estamos intentando cambiar la realidad y que, estoy segura, también recogeremos gavilla, lo que pasa que hemos de tener los ojos y el alma abiertos para verlo.

Estamos en tiempo de adviento, no dejemos de hacer vida la esperanza en medio del dolor y la sin razón que nos rodea a diario. No dejemos de ser lámpara para los que no ven porque no tienen luz. Entre todos y todas conseguiremos que la Esperanza sea un valor hoy en día, a pesar de apenas atisbemos pequeñas realidades de mejora. El Reino de Dios es posible, hagámoslo realidad.

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