Caminar por la vida de otra manera

lunes, agosto 26th, 2019

Domingo 22 TO. Ciclo C

Por: Dionilo Sánchez Lucas. Laico de Ciudad Real

En cualquier acontecimiento público que nos hacemos presentes, queremos estar en los primeros puestos, unas veces por disfrutar más del momento, otras para que nos reconozcan, para hacer notar nuestra presencia, también para sentirnos importantes, sea reconocido nuestro valor, nuestro saber, nuestra autoridad, nuestro poder, para que nos alaguen, nos consideren y nos aplaudan.

Parece una tendencia natural que deseemos lo mejor para nosotros, caemos fácilmente en la tentación de buscar nuestro bien y ello conlleva casi siempre que otra persona pueda ser perjudicada.

En cada momento de nuestra vida, a veces de manera inconsciente y otras con suficiente voluntad, optamos por nuestro bienestar personal. Quienes trabajan en oficinas buscan el espacio con más luz, alejados del compañero que nos pueda causar problemas, cerca del que más nos pueda ayudar o reconocer nuestro trabajo. Los que se dedican a la enseñanza prefieren los cursos con menos exigencias, con menos y mejores alumnos, con menos necesidad de preparación, para obtener mejores resultados y nuestro esfuerzo sea compensado y agradecido. Los que desarrollan su vida laboral en la industria, disponer de los medios y equipos de última generación incorporados a la empresa, en el transporte el vehículo más nuevo y seguro, así podríamos continuar con todas las actividades profesionales, en las que buscamos nuestra satisfacción personal, alimentar nuestro ego y sentirnos los mejores.

En nuestro entorno de familia y amistad, también sucumbimos fácilmente a nuestra soberbia. Lo que yo pienso es la mejor idea, lo que propongo es la mejor decisión, lo que hago es lo verdaderamente importante, la familia o el grupo de amigos se mantiene unido gracias a mí.

Nuestra Iglesia y comunidad también puede verse afectada por nuestro excesivo protagonismo, por nuestra imposición de ideas y acciones, por no escuchar y considerar las aportaciones del otro, por no abrirnos a los cambios.

Dios, por el contrario, viene a decirnos que nos quiere humildes y sencillos, que procedamos en los asuntos de nuestra vida con humildad, ésta nos acerca más al Padre que la generosidad. Realmente es así, abajarnos y postrarnos, relegarnos al último puesto es algo a lo que no estamos muy dispuestos.

Cuando los apóstoles preguntan a Jesús quién entrará en el Reino de los Cielos, Él responde: “El que se haga pequeño como este niño”, nos indica el camino de la pequeñez, de la inocencia, de los menos considerados.

Jesús nos manifiesta que en nuestra vida no pretendamos ocupar los primeros puestos, que no nos consideremos superiores a los demás en cualquier ámbito, sino que caminemos por la vida con humildad, sin ánimo de estar en la cima para ser vistos; estar entre la gente, con los compañeros, en la familia, con los amigos, como uno más. Procuremos pasar por la vida haciendo el bien, cercanos a los últimos, dando voz a los más callados, luchando por la justicia de los que soportan la injusticia, poniéndonos al lado de los que menos tienen y pueden, siempre desde la sencillez y la entrega.

Cuanto más pequeños seamos en nuestra vida, mayor será la misericordia y el amor de Dios para colocarnos en el lugar que nos corresponda en el banquete del Reino de los Cielos.

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