Consumir sin consumirse

Consumir sin consumirse

Domingo 18 del T.O. Ciclo C

Por: Juan Velázquez. Laico (Eq.Eucaristía) Zaragoza

El Evangelio relata la parábola de aquel hombre avaricioso que no podía comprarse la vida con su fortuna. La historia se repite hoy a pequeña o a gran escala de forma que, si somos sinceros, no nos costaría mucho identificarnos con este hombre: ciudadanos de un país rico, ambiciosos por tener siempre un poco más (desde un puesto de trabajo mejor remunerado hasta el deseado golpe de suerte en la lotería) y, sobre todo, siendo consumidores empedernidos: nuevo jersey, nuevo móvil, nuevo coche, nuevo piso…

Consumir novedades

Con razón algunos dicen que vivimos en la época del hiperconsumo: la adquisición de algo nuevo no responde a una necesidad básica y tampoco al deseo de disfrutar de lo que se compra, sino a una necesidad más bien compulsiva de poseerlo por la sencilla razón de que es nuevo. Las marcas se sirven de esta patología colectiva del «consumo de novedades», y la propician para ganar dinero. Las personas se someten a ella y a sus síntomas: esperar vivir mejor, diferenciarse de los demás, ser valorado por lo que uno tiene.

La novedad evangélica

Lo nuevo del mensaje evangélico es la novedad más radical, que sin embargo no se somete a la lógica hiperconsumista. No lo hace porque la invierte. Si aquella se nutre del egoísmo y la acumulación de bienes, la lógica cristiana parte de la convicción de que todos somos iguales en el amor, y del deseo de asemejarnos al Dios que da todo lo que posee. El mensaje del Evangelio no es por tanto un anuncio publicitario que promete, sino una llamada que compromete a la renovación, como invitaba Pablo a los colosenses.

La renovación personal

Aunque las estructuras sociales, económicas y políticas tengan que ser transformadas, estas solo lo serán a golpe de acciones concretas de personas comprometidas: unas veces a título personal, otras en colectivo.Por eso Jesús se dirige a las personas en concreto, mostrándoles cómo la propia vida se plenifica cuando uno ama y se entrega; pero se agota y consume cuando uno se encierra sobre sí mismo. El creyente descubre entonces que al margen de la novedad del Reino de Dios la vida es vana y vieja.

Opciones evangélicas

 Las diferentes opciones que tomamos en nuestra vida, incluyendo las decisiones de consumo, tienen que ver con el proyecto del Reino y con la renovación al que este nos invita. Al consumir hacemos también opciones evangélicas: no se trata de comprar más, gastar menos o poder ahorrar mejor sino, como decía Jesús, de elegir: o atesorar para sí o de hacerse rico ante Dios.

 

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