Corazones que tiritan de frío

Corazones que tiritan de frío

Corazones que tiritan de frío

Por: Tere Echarri VP – Alicante

Cuando paso la puerta que les separa de la libertad, intento descalzarme y pisar el suelo de su prisión.

La sensación al entrar es de frialdad y avanzo casi mirando sus suelos, esos suelos que para ellos son su vida. Todo me recuerda la tristeza y el abandono hasta que llegan ellos. Cuando mi mirada se cruza con ellos comienzo a notar la calidez. Y los veo tristes e intento llegar a ellos con el poder de la sonrisa, ese es mi primer encuentro. Ellos me miran y noto cómo su mirada me envía mensajes de acogida.

Aquel día me encontré con un periodista y me preguntó “¿Tere a ti qué te aporta la cárcel?, ¿qué aportas tú como persona?” Esta pregunta así de golpe y delante de ellos me dejó algo confusa. Los miré a todos y les dije:” siempre he querido estar cerca de gente como vosotros con la pena de no poder disfrutar de la libertad, ya desde niña y también cuando estuve en Chile, acudí al campo de concentración “Chacabuko” y esa experiencia me dejó marcada para siempre. Cuando llegué a Alicante desde el principio quise acercarme a ellos, a vosotros y vosotras para compartir “un poco” la vida, vuestra vida. Tuve la suerte de que mi ilusión de estar entre vosotros se cumplió, sobre todo, al jubilarme porque ya pude disponer de mi tiempo para vosotros/as”.

En este tiempo he recibido mucho de ellos, mucho más que lo que les pueda aportar. Cuando comparten conmigo su vida, sus cariños, sus amores, sus frustraciones son como escuchar y entrar en lo más sagrado de la vida. Son para mí como entrar en un templo, todo alrededor se convierte en silencio, en respeto… te abren la puerta de su corazón y destapan todo lo que son. ¿Hay mayor entrega que esa? ¿Acaso existe un regalo mayor que la intimidad de una persona? Los veo desde lejos con sus miradas perdidas y conforme me acerco a ellos les veo cómo se les dibuja una sonrisa, sus ojos cobran vida ¿hay mejor regalo que el cariño?

Corazones que tiritan de frío

Voy notando cuando estoy entre ellos cómo, mediante su encuentro, el rostro de Jesús cobra vida, El está allí con ellos. Yo los toco y noto cómo circula entre nosotros una energía que transforma un encuentro en oración, una oración que nos acerca a la compasión que Jesús nos transmitió, esa compasión podemos recordarla en el encuentro con la Samaritana.

Y entonces, reconociendo a Jesús en ellos, me acerco ofreciéndoles cercanía, intentando acogerlos con la mayor sencillez y naturalidad e intentando llevar el mensaje de Jesús con los gestos de mi propia vida.

En estos años de voluntaria junto a los que no tienen libertad me han hecho entender que no todas las personas sin libertad están en prisión, eso lo he descubierto junto a ellos, allí en la cárcel. Y me he sentido privilegiada por ser depositaria de sus vivencias, de sus cariños gratuitos…. Y he aprendido de su entrega incondicional… “Tere yo te lo cuento porque sé que me escuchas”,… y mi respuesta llega a ser para él lo más importante de su vida, y yo sé que Jesús está allí entre nosotros porque al marchar mi corazón lo noto lleno de vida, de vida y paz serena. 

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