Creo en la resurrección

Creo en la resurrección

Domingo 32º del T.O. Ciclo C

Por: Cecilia Pérez. Vita et Pax. Valencia.

Casi a punto de cerrar un año litúrgico,  tiempo de balances, la Palabra de Dios nos posiciona primeramente junto al coraje de una madre y siete jóvenes judíos que no ceden ante quien intenta quebrantar una fe que alienta y fortalece su esperanza en la resurrección y vida eterna.

Esto me lleva a una primera reflexión: En la calidad de nuestra fe nos jugamos La Vida. ¿Es don y/o conquista? Es confianza.

Y, como siempre, Pablo, me conforta con su seguridad. Nos dice El Señor que es fiel os dará fuerzas… que él dirija vuestro corazón para que améis a Dios y esperéis en Cristo.

Y la segunda reflexión gira alrededor de la fidelidad de Dios: Él es el fiel y nuestra fidelidad es dependiente de la suya.

El plato fuerte de esta Palabra de hoy es Jesús frente a los saduceos, aristócratas de la sociedad civil y religiosa y colaboracionistas del poder opresor extranjero que les permitía ocupar los cargos públicos más importantes, aunque en esta época se habían  mermado mucho sus privilegios.

A la hora de querer enfrentar su falta de fe en la resurrección, es decir en la inmortalidad del alma y todo tipo de vida después de la muerte, a quienes opinan lo contrario, y con el valor añadido de debatirlo con Jesús metiéndole un dedo en el ojo, ¡menuda historieta fabulan!

La verdad es que ella me desconcierta. Pero bueno, esto no es el meollo sino la anécdota pues lo sustancial es lo que Jesús plantea, saliéndose por la tangente ante tanta ida y venida, y es que habrá otra realidad muy distinta a la que vivimos y compartimos en esta vida donde nos regimos por normas y leyes finitas y humanas, aunque para  nosotros, creyentes, trascendidas por la presencia e intervención de Dios.

Y siguiendo con el meollo de lo que esta escena y conversación me sugiere veo importante trasladar este saduceísmo judío al que pudiéramos llamar saduceísmo cristiano que opera en nuestros días donde muchos cristianos, por bautismo y conveniencia o costumbre, no creen en la vida eterna. Donde el nombre de cristiano se intenta compatibilizar con el de poderoso, injusto o corrupto, donde esa vida en Dios preocupa tan poco y sí el disfrute inmediato aunque efímero y carente de toda garantía de felicidad.

Jesús les y nos dice que la resurrección es otra vida, no es prolongación o continuación de ésta, es vida plena en Dios porque Dios es Vida. “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

Testimonio bravo el de Jesús en su época donde las propias castas religiosas tenían en este tema una piedra de tropezar para enzarzarse unos con otros.

Testimonio bravo, también, el que hoy se nos pide a los cristianos, como a los que nos han precedido se les pidió y del que la Iglesia seguirá dando testimonio.

Testimonio que nos hace plantearnos lo nuclear de nuestra fe en el Dios de la Vida.

He aquí mi tercera reflexión: Debemos ponernos en guardia no sólo ante nuestra posible incoherencia farisaica sino ante este materialismo furioso y destructivo que pone el dinero por encima de Dios, relativizando esa realidad futura que se nos ofrece, de la que Jesús es primicia.

Me gusta repetirme esto que el Salmo nos dice “yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío, inclina el oído y escucha mis palabras”

Para entonces proclamar: creo en la resurrección, pero aumenta mi fe.

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