El amor salva una y otra vez

17 Domingo TO. Ciclo C

Por: Mª Ángeles Gallego Bellón. Mujeres y teología de Ciudad Real.

Hoy es un día para gustar y saborear la palabra de Dios, no hay duda, no hay ambages, no hay que interpretar, su mensaje es claro. La positividad, la compasión, la bondad, el amor… están claramente expresados y son el hilo conductor.

En la primera lectura, en esa conversación íntima entre Dios y Abrahán, el Juez de todo el mundo muestra su “debilidad” por el hombre. Nunca el justicialismo podrá superar las entrañas de Misericordia que Dios Padre tiene para con nosotros.

Perdonar hasta Setenta veces siete. Buscar lo pequeño si  es  necesario, para agrandarlo y que sea    motivo de salvación, de Esperanza  y apostar por ello.

Es la primera oferta de Dios para hoy, el perdón sin límite, la oportunidad para que quede claro que, pese a todo, ÉL está  siempre de nuestro lado, con un sentido de la justicia de un padre que tiende la mano siempre para salvar, para “tirar” de nosotros por difíciles que sean las circunstancias y por alejados que nos sintamos a veces.

El salmo continúa diciendo que el Amor salva, que la misericordia es la mejor carta de presentación. Todos estamos llamados a llevar esta máxima a nuestra vida y creérnosla y practicarla y agradecer tener un gran maestro que acoge siempre.

En la segunda lectura, Dios “borra” el protocolo que nos condena. Borremos cada uno de nosotros esos prejuicios que frecuentemente son una losa que me sepulta y sepulta a los demás. Estamos resucitados, perdonados en Cristo. Siempre contamos con la oportunidad de saborear que el amor salva una y otra vez.

Cuenta Jesús a sus discípulos en el evangelio, de forma clara y humilde, cómo ÉL se relaciona con el PADRE con palabras sencillas y sin protocolo, pero llenas de significado. Es el Padre Nuestro, la oración que aglutina todos los matices: respeto, justicia agradecimiento, perdón, amor… cargada de espontaneidad y verdad.

Y una vez más, Jesús nos anima a no tener miedo a pedir. A buscar en la oración de petición un camino que abra nuestro corazón a Dios desde nuestra pequeñez y las limitaciones propias de nuestra humanidad. Confiar en que quien pide recibe, y que siempre escucha nuestras dificultades y necesidades.

Empapémonos de estas palabras y seamos instrumento de perdón y compasión en nuestras vidas. Sólo el amor alumbra lo que perdura, sólo el amor convierte en milagro el barro.

 

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