El bien silencioso

El bien silencioso

2º Domingo de Cuaresma. Ciclo B

Por: Teresa Miñana. Vita et Pax. Valencia.

Para un cristiano el espíritu de conversión y de oración son las actitudes propias del tiempo de Cuaresma. También en Cuaresma debemos preguntarnos qué acciones debemos realizar para responder a las preguntas que nos sugiere la oscuridad que se desprende del hecho de vivir en medio de este mundo lleno de noticias tan inhumanas como las guerras, el hambre, los engaños, el cinismo, la avaricia…

Que oportuna la liturgia de este domingo que nos aporta tanta fe y tanta luz en medio de tanta indiferencia y tanta oscuridad. Abrahám en el monte Moira, Pedro, Santiago y Juan en el Tabor, son modelos, prototipos para nosotros.

Parece ser que para estar cerca de Dios, para vivir más intimamente con él, tenemos que subir a un monte, es decir desprendernos un poquito de nosotros mismos, de lo cotidiano, tan oscuro, para acogerle a El en lo más profundo de nuestro ser. Y es en ese hondón, donde, se producen los cambios que promueven la fe y el amor. Porque allí nos encontramos con El, fuente de luz y verdad.

Abrahám escuchando a Dios y por la fe, es capaz de entregar a su propio hijo, igual que Dios Padre nos entrega a Jesús.

En el Tabor, dice Pedro: Maestro, qué bien se está aquí! … Este deseo se desvanece rápidamente cuando la voz del Padre se deja oír: ESCUCHADLE.

Esta es la segunda vez que el Padre confirma, avala, acredita que Jesús es su Hijo muy amado y además a todos sus otros hijos, por adopción, nos da un mandamiento: que le ESCUCHEMOS.

Anteriormente en el Jordán ya había señalado a Jesús como su único Hijo…

En nuestra vida cotidiana, si miramos a nuestro alrededor con los ojos de la fe, encontramos padres y madres que entregan su propia vida, hasta el extremo para dar vida a sus hijos. Si nos fijamos encontramos mucha bondad silenciosa que ni la avaricia, ni la corrupción, ni el egoísmo reinante es capaz de hacerla sucumbir. Y cuando nos encontramos en estos círculos, entonces vivimos nuevos tabores que nos permiten acrecentar la fe y nos dan valor para anunciar el evangelio, porque en estos círculos escuchamos al Hijo querido del Padre que nos alienta, y nos anima a hacer el bien desinteresadamente. Y creo que estas transfiguraciones cercanas son las que tienen resonar como contrapartida a tanta oscuridad.

Y tenemos que comprometernos a hacer el bien y además a anunciar que el bien existe y que hay personas que creen en el evangelio y están dispuestas a hacer el bien y a proclamar el bien que se desprende del amor.

Como cristianos que hemos conocido el amor, el gozo, y la esperanza, nosotros que sabemos que Dios está con nosotros y que por la fe vamos creciendo en el conocimiento de Jesús, debemos proclamar más que nunca la alegría del evangelio.

Indudablemente que tenemos que denunciar las injusticias, la corrupción y todos los engaños que nos envuelven… Indudablemente que tenemos que seguir creciendo en gratuidad. Pero también tenemos la exigencia dar a conocer todo el bien silencioso que mantiene la vida y la esperanza de tantos hermanos nuestros.

Vivamos esta Cuaresma puestos los ojos en la Resurrección, fuente de esperanza, de alegría y de agradecimiento a Jesús que ha entregado su vida por todos y ha sido resucitado para darnos vida.

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