El esfuerzo que brota de la Ruah

El esfuerzo que brota de la Ruah

Domingo 21º del T.O., Ciclo C

Por: Conchi Ruíz Rodríguez. Mujeres y Teología de Ciudad Real.

Muchas personas son las que se esfuerzan y afanan a lo largo de sus vidas por diversas razones: por ganar dinero, por conseguir fama, éxito, por tener una figura perfecta… Venimos de una generación a la que se nos ha educado desde los distintos ámbitos (familia, parroquia, escuela, sociedad…) en el esfuerzo: si te esfuerzas conseguirás, llegarás a, serás…

Todo esto está bien, pues educar para el trabajo y la responsabilidad hacen a la persona más digna. Pero si nos quedamos sólo en esto, corremos el riesgo de vivir sólo para nosotros mismos sin tener en cuenta a los demás.

¿Acaso cuando nos van bien las cosas no caemos en la tentación de convertirnos en personas engreídas, autosuficientes, poco comprensivas con aquellas que tienen peor suerte que nosotras, nos subimos a un pedestal y nos creemos con más privilegios que las demás?

¿Acaso cuando nos van las cosas muy bien como consecuencia de nuestro esfuerzo, no perdemos nuestra humildad, nuestra condición de seres que proceden del humus, de la tierra, y que están en interconexión con Dios y con todos los hermanos y hermanas?

Y así, podemos pasar toda nuestra vida sin haber descubierto el verdadero sentido del esfuerzo.

Esfuerzo: ¿para qué?

Los textos hoy nos exhortan y animan a vivir desde el esfuerzo y la coherencia.

El esfuerzo desde el AMOR.

El esfuerzo que supone ser testigo del amor de nuestro Padre/Madre en la sociedad, trabajando por hacer posible un mundo mejor desde las cosas más pequeñas e insignificantes de nuestra vida cotidiana, hasta aquellas de más envergadura, que nos exigen un mayor compromiso. Los textos hoy son una llamada a unificar nuestras vidas: lo que pensamos, decimos, sentimos y hacemos, una llamada a la coherencia.

Esfuerzo teniendo en cuenta a los demás, los de cerca y los de lejos,  a los que sufren injusticias, a los que tienen al descubierto sus necesidades básicas; esfuerzo desde el servicio; esfuerzo por construir comunidades cristianas vivas que se interpelen, que dialoguen, que se corrijan, que se acompañen y acompañen a otros y a otras a descubrir y vivir la fe; esfuerzo por compartir lo que somos y tenemos; esforzarnos por buscar, vivir  y proponer estilos de vida más sencillos, austeros y humanos.

Es verdad que en ocasiones sentimos cansancio, agobio, desánimo, sobre todo porque no obtenemos los resultados que desearíamos…, entonces es momento de recargar las pilas, de pararnos, de revisar nuestra vida y ver desde dónde estamos trabajando, si desde nosotras mismas o respondiendo a la llamada que el Señor nos hace para trabajar en su viña.

Este esfuerzo no es prepotente, nos sabemos enviadas, confiamos en Jesús de Nazaret que con su vida nos dio el mejor ejemplo de esfuerzo.

Un esfuerzo que no depende de nosotras, es una fuerza que mana de nuestro interior, de lo más profundo de nuestro ser, es el Espíritu del Señor, la RUAH que nos habita y nos empuja a ser colaboradoras suyas en la construcción del Reino.

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